Opinión

El comercio exterior crece

La Razón
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La lectura atenta de las cifras que arroja el balance del comercio exterior de España en el primer semestre de este año ofrece una impresión muy positiva de la evolución económica de nuestro país, en línea, por otra parte, con el resto de los indicadores que se van haciendo públicos. Es cierto que se ha duplicado el déficit comercial con respecto al mismo periodo del año anterior, pero también, que las causas hay que buscarlas preferentemente en la recuperación de la economía española, que vuelve a demandar bienes de equipo y otros componentes industriales para incrementar la fabricacion propia. En este sentido, la industria del automóvil, que lidera un semestre más las exportaciones junto con la producción agroalimentaria, es paradigmática, pero no explica por sí sola el repunte importador –un 5,3 por ciento– que también se debe a la reactivación del consumo interno de las familias. Por otra parte, estamos ante un proceso que podríamos llamar de «normalización», en el que las exportaciones, que han sido el principal balón de oxígeno para España durante los peores momentos de la crisis, vuelven a ocupar su peso relativo en el modelo económico español. Con la matización, también positiva, de que nuestras ventas al exterior han seguido creciendo y registran el mejor dato desde 1971: nada menos que 119.265 millones de euros en el semestre de referencia, lo que supone, además, un buen augurio para el final del ejercicio de 2014, cuando se evaluarán los resultados veraniegos del sector turístico, que se presenta excelente. Pero sin dejar de reconocer que España, tras las reformas del Gobierno, ha ganado en competitividad, existen condicionantes imposibles de soslayar para nuestra balanza comercial. El déficit energético es el más evidente y significativo, pues sin contar las importaciones de gas y petróleo, España presenta un saldo positivo de 8.416 millones de euros, pero no es el único. La economía española está estrechamente imbricada con la del resto de los países de la Unión Europea, que representan el 63,6 por ciento de nuestros mercados, y opera con una moneda fuerte como es el euro, dos factores que afectan directamente a la balanza exterior. Así, el mal comportamiento de Francia e Italia, a punto de entrar en recesión, y la ralentización general del crecimiento de la Eurozona han contraído nuestros principales mercados, como lo ha hecho con los destinos americanos el encarecimiento del euro. La prueba es que el volumen exportador con Francia se ha retraído un 0,4 por ciento, mientras que con Alemania crecía hasta el 0,6 por ciento. Sin embargo, otras servidumbres sí pueden ser corregidas por la vía del desarrollo tecnológico y la mejora de la competitividad. Ahí, el Gobierno puede colaborar, pero la responsabilidad principal recae sobre las empresas.