El mundo espera a Trump con aprensión

El empresario multimillonario Donald Trump se convertirá hoy en el 45º presidente de Estados Unidos. El mundo entero contiene el aliento ante el comienzo de la legislatura que más influirá en el resto del planeta de las últimas décadas. A diferencia del panorama que se encontró Barack Obama hace ocho años, marcado por la peor crisis económica de nuestra era, Trump no tiene sobre la mesa ningún desafío urgente. No debería tener prisa para hacer ninguna de las cosas anunciadas y que tanta polvareda han levantado. Desmontar el sistema sanitario de Obama, construir un muro con México o deshacer todos los tratados de libre comercio en los que participa EE UU no son prioridades. Nada de esto va a hacer a América grande otra vez de un día para otro y, en cambio, sí puede arrastrar a muchos millones de ciudadanos a una vida peor que la que le tocó en suerte a la generación precedente. El mundo no es el que era hace ocho años. Esta nueva realidad es producto de los errores cometidos por todos ante el fenómeno de la globalización, y exige soluciones aún más complejas. Ya deberíamos saber que no existen recetas sencillas. La demagogia sólo lleva al populismo al que nos enfrentamos en Europa y que corre el peligro de instalarse en EE UU muchos años. No se puede aspirar a que Trump deje de ser Trump, pero no es ninguna quimera desear que se tome el tiempo suficiente para medir las consecuencias.