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El PP vuelve a la batalla ideológica

Tiempo de lectura 4 min.

14 de enero de 2019. 10:10h

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14/1/2019

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La recuperación de un discurso liberal, desacomplejado y combativo por parte de los candidatos populares para las próximas elecciones autonómicas y locales no responde tanto a un corrimiento hacia posiciones de derecha dura, que vendría impuesto por el surgimiento de VOX, como se afirma desde la izquierda, como a la lógica de los acontecimientos políticos que condicionan la vida española. O dicho de otra forma, el Partido Popular no sólo está donde siempre, en la defensa de la unidad nacional, la Constitución y el sistema de libertades surgido de la Transición, sino que puede incorporar a su estrategia electoral esos principios sin que supongan impedimientos programáticos en las predicibles coaliciones de gobierno. No es, precisamente, el caso del PSOE, cuya política de alianzas con partidos separatistas y de la extrema izquierda, adversarios declarados del despreciativamente llamado «régimen del 78», le obliga a arrinconar su discurso tradicional socialdemócrata y de reminiscencias jacobinas, con el que podía ser identificado por los electores en cualquier circunscripción del territorio nacional. Hoy ya no es así, y, de hecho, los militantes y simpatizantes socialistas asisten asombrados a las consecuencias de los pactos con los partidos antisistema, ya sea en peregrinas campañas de inmersión lingüística, como en Baleares, ya sea en las absurdas políticas municipales de Madrid, Barcelona, Valencia y Zaragoza, o en el despropósito gaditano. Es decir, es el PSOE el que tiene un problema de expresión de identidad, de discurso homologable para toda España. Y es importante destacarlo porque el espejismo de un presidente socialista en La Moncloa no debe hacernos olvidar que sus resultados electorales, los peores desde la recuperación de la democracia, no parecen haber hallado aún su suelo, como se demuestra en Andalucía, donde el PSOE ha pasado del 35,43 por ciento de los votos obtenido en los comicios de 2015 al 27 por ciento del pasado mes de diciembre. Condicionada por las políticas de la dirección de Pedro Sánchez desde Madrid, la candidata socialista, Susana Díaz, tuvo que poner sordina a una cuestión como la crisis independentista catalana que era, así lo advertían todas las encuestas, una de las mayores preocupaciones de su electorado. No hay, por lo tanto, parangón posible con la actual situación de un Partido Popular que parece tener muy clara su estrategia y cuáles son las cuestiones sobre las que les interpelan los ciudadanos. Con un factor añadido: que la nueva presidencia, que encarna Pablo Casado, ya no parece impresionarse por las «aduanas morales» que levanta la izquierda a modo de nueva religión y está dispuesta a dar la batalla desde sus propiosplanteamientos ideológicos que son, por otro lado, los mismos que sostienen las principales formaciones conservadoras y liberales europeas. Abunda en esta opinión la misma elección de los candidatos populares para el tiquet electoral de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida, cuyos discursos de presentación, en la línea de lo que decimos, nos remitieron a la esencia de un partido que pone por encima de todo los derechos individuales, la libre iniciativa y la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. Es pronto para hacer pronósticos, puesto que quedan 132 días antes de la próxima cita con las urnas, pero si las encuestas se mantienen y es obligado llegar a grandes alianzas, no cabe duda de que el discurso popular y su posición centrada le hace merecedor de vertebrar cualquier pacto en el ámbito del centro derecha español.

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