Opinión

El PSOE que España precisa

La Razón
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No tiene razón el nuevo secretario general de los socialistas españoles, Pedro Sánchez, cuando acusa «a la derecha», así en genérico, de pretender un PSOE débil y fracturado, sin discurso y sujeto a los vaivenes de las encuestas de opinión. No sólo no es cierto, sino que viene siendo un lugar común desde las instancias gubernamentales el reclamo de todo lo contrario. Es decir, que España, en la situación actual, precisa la recuperación de un Partido Socialista sólido, con sentido de Estado, vocación de Gobierno y en la centralidad. Una oposición con la que se pueda llegar a establecer los consensos imprescindibles para hacer frente a los dos grandes desafíos a los que se enfrenta la nación: las tensiones territoriales provocadas por los separatistas catalanes y la reestructuración de las bases de la economía española, para afianzar definitivamente la recuperación. Hasta ahora, y pese a la labor llevada a cabo por el anterior secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, el Gobierno de Mariano Rajoy ha tenido que hacer frente a ambos problemas sin ayuda alguna de quienes, además de tener una clara responsabilidad en la generación de la crisis, se mostraban incapaces de mantener una posición clara y unificada ante la cuestión territorial, con espectáculos tan poco edificantes como los ofrecidos por los dirigentes socialistas catalanes, muchos de ellos caídos en la trampa dialéctica del «derecho a decidir», burdamente tendida por la actual Generalitat. Hoy, sin embargo, Pedro Sánchez, que se reunirá con Mariano Rajoy en La Moncloa, precisamente en vísperas del crucial encuentro entre el presidente del Gobierno y Artur Mas, tiene la oportunidad de demostrar que esa regeneración del partido que representa a la izquierda española es un hecho y que, pese a las dudas generadas sobre la solidez de su integración, es capaz de liderar un proyecto sin fisuras, al menos en lo que a nuestro juicio más importa: la defensa de la unidad de la Nación y de la soberanía del conjunto de los españoles, ambas consagradas en la Constitución. No se trata, por supuesto, de pedirle al nuevo secretario general del PSOE que renuncie a sus planteamientos federalistas, por más que aún carezcan de articulación en el método y la forma de llevarlos a cabo, sino de que haga realidad sus palabras de ayer cuando se refirió al independentismo como una de las lacras que se debían erradicar de un país –y citamos textualmente– «que todos hacemos grande, España». No se oculta, pues, la trascendencia que tiene para el futuro de nuestro país que de la reunión entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez llegue un mensaje diáfano al conjunto de la sociedad. Será, por supuesto, la piedra de toque del regreso a la política grande del Partido Socialista Obrero Español, sin subterfugios ni trucos dialécticos.