Granada

Liderazgo interino

El PSOE culminó ayer en Granada un fin de semana de sensaciones encontradas, que pudo parecer más de lo que supuso en realidad para desentrañar y desenredar el futuro de un partido clave para la gobernabilidad. Lógicamente, para una formación afectada por una caída constante del apoyo popular y sumida en una crisis de proyecto y de discurso, el resultado de la entronización de Susana Díaz como líder de los socialistas andaluces lanzó, al menos, destellos esperanzadores. Pero confiar en esos reflejos como un punto de inflexión en la deriva negativa del PSOE o como un bálsamo para sus acuciantes problemas internos, sería una equivocación. Las lecturas del cónclave fueron, sobre todo, nacionales, pues la organización andaluza es una balsa de aceite controlada por el aparato del partido, a la que, de momento, no hace mella ni el escándalo mayúsculo de los ERE. Las apelaciones a la renovación y al relevo generacional resultaron constantes y personalizadas en la nueva secretaria general de los socialistas andaluces. La interpretación fue que sin esas premisas, sin esas transformaciones internas, el partido no podrá recuperar la mayoría social. Alfredo Pérez Rubalcaba y Ferraz fueron los destinatarios de lo que, al menos en Granada, se pudo interpretar como un clamor entre los dirigentes y los compromisarios. Pues bien, el secretario general del partido no se dio por aludido. Ni una mención a las primarias ni a los cambios generacionales en su discurso de ayer. En su lugar, críticas y acusaciones contra el PP, más allá de los lógicos elogios a Susana Díaz. Si alguien esperaba un gesto un guiño a ese proceso de renovación, Rubalcaba decidió ponerse de perfil, cuando no de frente. El entusiasmo por el relevo no caló en el secretario general, que está a otra cosas. Pero lo que resultó también evidente fue que la federación más importante del partido, su principal granero de votos, se puso al frente de aquellos que reclaman el cambio. La consecuencia práctica de esa desavenencia es la interinidad de facto en el liderazgo del principal partido de la oposición. Esa provisionalidad será negativa para el PSOE, pero también para el país, que necesita una interlocución sólida y estable en una coyuntura política tan compleja como decisiva. Los socialistas están aún muy lejos de enderazar el rumbo y no deberían dejarse cegar por espejismos ni equivocarse en los diagnósticos. El PSOE debe buscar un líder, definir un proyecto y un discurso nacionales y cerrar filas en torno a ellos. No puede saltarse todos estos pasos y confiar en que un fin de semana en Granada tenga efectos milagrosos. Si se empeña en buscar atajos y en convencerse de que el fin de ganar el poder justifica los medios, cometerá un error histórico que pagará caro.