Sijena: triunfan la ley y el sentido común

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Si todo sale como está previsto, a partir de hoy comenzará el traslado a su lugar originario, el monasterio aragonés de Santa María de Sijena, de las 44 piezas que conservaba el museo provincial de Lérida y que llegaron hasta el centro catalán sin cumplir los procedimientos legales. Al menos, así lo ha establecido la Justicia, respondiendo a una reclamaciones que comenzaron en el lejano 1960, pero que no acabaron de sustanciarse judicialmente hasta el mes de abril de 2015. No es momento de extendernos en la desgraciada historia de los bienes de Sijena, monasterio que como otros muchos templos católicos fue incendiado durante la Guerra Civil y muchas de sus obras de arte destruidas, pero sí de recalcar que estamos ante una cuestión que debía haberse resuelto desde el sentido común, sin necesidad de llegar al agrio enfrentamiento entre dos comunidades españolas que hemos tenido que contemplar. El monasterio restaurado es el lugar idóneo para exhibir las obras de arte que allí surgieron, más aún cuando la mayor parte de ellas ni siquiera estaban expuestas al público en el Museo de Lérida. Por el contrario, se ha asistido a una largo proceso judicial, que los antiguos responsables de la Generalitat no han tenido el menor empacho en entorpecer, muestra de las lacras que ha traído a España el nacionalismo xenófobo e identitario, incapaz de abordar las diferencias desde el interés común.