Opinión

Un patriotismo sereno y cívico

La Razón
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El patriotismo es un sentimiento que sometido a determinadas temperaturas insoportables para la razón muta en un agente irracional y nocivo para aquellos pueblos que lo profesan con fe ciega: el chauvinismo o también conocido como patrioterismo. Aquellos líderes que más demostraciones públicas hacen de su amor al país, a sus esencias y tradiciones inmutables son los que, como en la vida misma, carecen de un proyecto político racional, realizable y creíble. Ayer, Mariano Rajoy definió con claridad una forma de hacer política y de entender un país moderno al referirse a un «patriotismo sereno, cívico y orgulloso de lo que somos». Un patriotismo no basado en doctrinas y leyendas históricos sino en la fuerza de la sociedad para trabajar y hacer un país próspero donde la democracia y el Estado de Derecho igualen a todos sus ciudadanos. En este sentido, se refirió a España como «un país vario y diverso». «Somos una gran nación y no podemos permitirnos fatalismos o la duda que difunden algunos», añadió en su intervención en la clausura del Campus FAES 2014, donde compartió tribuna con José María Aznar. Sin duda, entre los temas estaba presente el reto soberanista en Cataluña, al que sólo se refirió recordando la posición del Gobierno expresada en otros momentos: «El referéndum no se puede celebrar y no se va a celebrar porque es ilegal y porque lo que compete a España ha de ser decidido por todos los españoles». El nacionalismo catalán ha querido imponer una agenda que debilita las energías que el país necesita en estos momentos y ha empobrecido el debate público hasta situarlo en un relato de agravios y derechos históricos. Rajoy evitó ese terreno propicio para la demagogia y el patrioterismo vacío y se centró en la defensa de la acción de Gobierno, tal vez aplicando lo que el filósofo definió como «pasión fría», que es más perdurable y eficaz que el ardor estéril. Hay un aspecto clave y estratégico en su gestión que quiso dejar muy claro: el Gobierno del PP no ha liquidado el modelo de Estado del Bienestar. Tal y como señaló, los datos y la realidad avalan que «es una enorme falsedad y no es aceptable». Abogó por dar esa batalla «porque consiste sólo en decir la verdad»: los servicios públicos esenciales funcionan y saldrán saneados y fortalecidos de esta crisis. No hay mayor ejercicio de patriotismo moderno, «sereno y cívico» que haber asumido con todas sus consecuencias la gestión de la crisis económica, «con los pies en el suelo». Ha tenido costos, pero se ha invertido una tendencia que abre las puertas hacia el crecimiento, aunque siendo conscientes, tal y como señaló Rajoy, de que hay muchos ciudadanos «que siguen teniendo problemas graves». A punto de concluir el curso político, el presidente del Gobierno defendió lo que llamó «segunda generación» de reformas, entre las que incluyó el plan de garantía juvenil.