Unidad frente al desafío

La Razón
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Hay que suponer que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, habrá sabido captar la trascendencia de lo ocurrido ayer en el Congreso de los Diputados. Porque más allá de que tanto el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, como el secretario general del primer partido de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, hayan reiterado su posición, coincidente, de rechazo al proceso independentista catalán, lo que debería hacer reflexionar a los promotores del desafío anticonstitucional es la escenificación del acuerdo. Así, Alfredo Pérez Rubalcaba había planteado para la última sesión de control parlamentario una pregunta resumen sobre la situación política, social y de derechos de España tras dos años de Gobierno popular. Se trata de un recurso dialéctico habitual, que permite la exposición de una crítica global a la acción del Ejecutivo. No había, pues, novedad, ya que se esperaba una intervención muy negativa por parte del representante socialista y Rubalcaba no defraudó a los suyos. Pero sus primeras palabras, reafirmando la «posición inequívoca de su partido contra el derecho de autodeterminación», querían servir de aviso a navegantes: el PSOE puede estar en desacuerdo con todo lo que hace el Gobierno, y lo está, menos en lo que se refiere a la unidad de la Nación. La respuesta de Mariano Rajoy, afirmando que nunca había puesto en tela de juicio que el PSOE estaba en contra de la secesión de Cataluña, servía para culminar el gesto buscado. Así, cuando Artur Mas, en la reciente entrevista concedida a la televisión oficial autonómica, mantenía que aún era posible que los socialistas catalanes se incorporaran al «proceso» de la consulta, enviaba, una vez más, un mensaje equívoco a los ciudadanos de Cataluña, a quienes se ha venido hurtando deliberadamente por parte de los nacionalistas los datos fundamentales del problema. No hay fisuras en lo que se refiere al cumplimiento de la Constitución entre los dos grandes partidos españoles, que suman más del 80% de la representación popular, realidad que acabará por abrirse paso entre quienes confunden –o buscan la confusión– las propuestas socialistas de una reforma de la Carta Magna, imposible sin el consenso general de las Cámaras, con la renuncia a cumplir y hacer cumplir las leyes. No habrá caso. Por lo menos, algunos hechos empiezan a ser aceptados como tales por parte de los promotores del absurdo separatista. También ayer en el Parlamento, el representante de ERC reconoció públicamente por primera vez que la secesión de una región europea conllevaba su expulsión automática de la UE. Ya es hora de que los nacionalistas abandonen su táctica de medias verdades y reconozcan que su estrategia sólo conduce a un callejón sin salida. Los ciudadanos de Cataluña merecen saber la verdad.