
Tribuna
Suerte que el faraón era de izquierdas
Mucha bandera roja o morada, pero luego resulta que ese servicio de limpieza tan caro está todo subcontratado

El sábado 28 de junio, Montse Aguilar, 51 años, trabajadora del servicio de limpieza municipal de Barcelona, falleció en circunstancias todavía pendientes de aclarar. Pero muchos creen que Montse seguiría viva si no se hubiera pasado largas horas limpiando calles bajo un sol de justicia, con temperaturas de 35 grados, obligada a llevar un uniforme sofocante, que no transpira, sin agua para refrescarse o para beber, y sin poder parar a descansar por miedo a una penalización. Montse no estaba fija. Iba empalmando contratos temporales. Muy malos contratos. Desde que saltó la noticia, dos trabajadores más del servicio han tenido que ser derivados a centros de salud por golpes de calor.
¿Se imaginan que esto pasa con un alcalde de Barcelona que no sea o pretenda ser de izquierdas? Ya tendríamos manifestaciones al grito de «la derecha mata». O al menos movilizaciones como las que hubo hace dos años por otra tragedia evitable y absurda.
En plena sequía, el estrés hídrico (cuando no se riegan las plantas por falta de agua, pero tampoco nadie se ocupa de prever las consecuencias…) rompió una palmera en la calle Joaquín Costa de Barcelona. Cayó encima de una chica y la mató. Esta chica tenía veinte años, se llamaba Shamira, era una sin techo y era muy apreciada por su activismo trans entre ciertos colectivos que enérgicamente se movilizaron. Le hicieron homenajes con velas en el Raval. No como a la pobre Montse Aguilar, que ni a antisistema llegaba.
Lo de Shamira fue falta de previsión y de no hacer caso a las denuncias de los vecinos. Lo de Montse es mucho más oscuro. El servicio municipal de limpieza de Barcelona cuesta, según las distintas estimaciones, entre 287 millones y 307 millones de euros al año. Eso se acerca al diez por ciento del presupuesto del Ayuntamiento, que sepan que no es nada tímido recaudando. Para venir a por más (impuestos), siempre se llenan la boca con los servicios sociales que sólo la celestial izquierda te da porque la infernal derecha, si puede, te los quita. A las barricadas, a las barricadas… el que pueda permitirse el lujo. Que no era el caso de la pobre Montse. Mucha bandera roja o morada, pero luego resulta que ese servicio de limpieza tan caro está todo subcontratado. Licitado a cuatro empresas privadas. Así el consistorio no se «carga» de funcionarios ni de esas cargas sociales de las que tanto le gusta presumir.
El resto ya se lo pueden figurar. Sale la licitación. Suponiendo que no haya trampa, cartón ni mordida (que en estos tiempos ya es mucho suponer), se hacen con el contrato las empresas que ofrecen un servicio más barato. Ya se ve que por algún lado tendrán que recortar costes, ¿no? Si el servicio fuera de verdad municipal, de verdad público, como presume de preferir siempre la izquierda, el Ayuntamiento tendría mucha más potestad de vigilancia. Tal y como están las cosas, la autoridad se escaquea, la empresa racanea, y los trabajadores como Montse caen en una precariedad que no tiene nada que envidiar a la que en su día llevó a amotinarse masivamente a los riders de Glovo.
Cierta presión sindical y social ha acabado forzando al Consistorio a reconsiderar su inicial decisión de dar por buenas las excusas de la empresa sin ni siquiera comprobar o revisar ningún protocolo. Cuatro grupos de la oposición (PP, Junts, ERC y los comunes colauístas) han exigido la comparecencia de la teniente de alcalde responsable del área para que dé explicaciones. Me consta que por lo menos uno de esos grupos (¿adivinan cuál?) peleaba para que las explicaciones las diera el alcalde Collboni. Para no quedarse solos y sin ningún tipo de explicación, han tenido que conformarse con una rebaja del nivel político de quién las va a dar.
Todos sabemos que las desgracias ocurren y todos debemos aprender de ellas. Por ejemplo, a cambiar muchos hábitos de toda la vida para hacer frente a unas olas de calor que evidentemente han venido para quedarse. Cosas tan tristes como la muerte de Montse Aguilar seguro que nadie quería que sucedieran. Pero eso no es lo mismo que no ser culpa de nadie. De verdad me pregunto cómo se puede tener la cara de salir día sí, día también, a justificarlo absolutamente todo porque «peor sería que gobernara la ultraderecha», para que luego la presunta izquierda gobierne así. Mandando gente a limpiar las calles de Barcelona como los faraones mandaban levantar sus pirámides a los esclavos. Qué vergüenza.
Anna Graues periodista, escritora y exdiputada en el Parlamento catalán.
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