WhatsApp y la publicidad

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La reciente venta de WhatsApp a Facebook por unos 13.900 millones de euros ha abierto la polémica sobre si los nuevos dueños introducirán publicidad en el servicio de mensajería móvil, cuyos únicos ingresos hasta ahora son el pago de unos céntimos de euros anuales por la suscripción de cada uno de sus millones de usuarios. WhatsApp se ha mostrado categórica en que no tendrá publicidad, como ha reiterado su fundador Jan Koum tras la venta: «No habría habido ningún acuerdo si tuviéramos que renunciar a los principios básicos que siempre van a definir nuestra empresa, nuestra visión y nuestro producto». Vamos, el famoso «¡sin publicidad, sin juegos, sin trucos!». Pero es evidente que el negocio debe lograr ingresos por algún medio, y los suscriptores resultan insuficientes.

Mark Zuckerberg, «ceo» de Facebook, puede buscar dinero con los datos de los millones de usuarios de WhatsApp, utilizándolos para dirigir mejor los anuncios de Facebook o Instragram. Pero Koum, que nació en Ucrania y ha recordado cómo temía el espionaje del comunismo soviético hasta el punto de que fue su inspiración para poner en marcha la empresa, hasta ahora se ha negado a que WhatsApp almacene la información de sus usuarios.

En cualquier caso, como recuerda Garett Sloane en la revista norteamericana «Advertising Age», no sería la primera empresa tecnológica que comenzó «odiando» la publicidad y cambia radicalmente su postura para convertirla en su principal fuente de ingresos. Empezando por la misma Facebook, y siguiendo por Google, Twitter, Snapchat, Tumblr, Yahoo o Mozilla. Zuckerberg se oponía a poner anuncios en la red social, y ahora ocupan cada vez más espacio; los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, señalaban que los anuncios podrían desvirtuar las búsquedas, algo que hoy suena a chiste en la empresa que más factura por publicidad en internet; y los fundadores de Twitter, Snapchat o Tumblr también mostraron grandes reparos a poner publicidad en sus redes sociales. Por no hablar, en una escala mucho más pequeña, de los muchos blogueros de éxito que ponen anuncios directamente o los introducen como recomendaciones en sus comentarios.

Es evidente que cualquier empresa tiene el lógico objetivo de ganar dinero, y si no cobra por sus servicios a los usuarios, debe buscar otra manera, y la publicidad es el camino más obvio. Y, desde luego, ver anuncios da bastante menos miedo que la otra posible opción, la utilización de los datos de los usuarios, sobre los que se suele dar una autorización genérica que les permite hacer casi cualquier cosa a las empresas de estos servicios de internet.