El oro perfecto

La selección española ha logrado su segundo título mundial de balonmano al arrollar a Dinamarca por 35-18 con una exhibición en la final del Campeonato del Mundo del que ha sido anfitriona y que ha acabado hoy en Barcelona.

Si el partido perfecto no existía, ya existe. En el día más importante, en la final de un Mundial y con el apoyo de los tuyos en la grada, a la Selección española de balonmano le salió EL PARTIDO, con unas mayúsculas gigantes, para colgarse en el pecho la segunda estrella de campeones y de paso para gritar que el balonmano late en España, que existe y que es el mejor del planeta en estos momentos. Un día de gloria para un deporte en horas bajas que a partir de ahora tiene que aprovechar el tirón para renacer. «Gracias a Madrid, Zaragoza, a Barcelona [las ciudades en las que han jugado]... Todos juntos podemos», reflexionaba Valero Rivera antes de empezar. El Sant Jordi sí apretó fuerte esta vez, pero fundamentalmente disfrutó porque los 16 jugadores vestidos de rojo que había en la pista se exhibieron. Enfrente estaba Dinamarca, con su ogro Mikkel Hansen a la cabeza, verdugo de la Selección tantas otras veces, un monstruo convertido ayer en un manso cachorrillo, que no sabía qué hacer. Algo parecido a lo sucedido hace ocho años, cuando «La Roja» ganó su primer oro ante Croacia, que era la campeonísima de todo y que se vio desbordada de principio a fin (40-34). El «roto», si cabe, fue todavía mayor ayer (35-19) después de 60 minutos inolvidables en los que todo salió bien. «Es demasiado bonito...», decía emocionado Valero después del final del encuentro. Justo antes se había fundido en un abrazo con cada uno de sus jugadores para felicitarles por el trabajo de ayer y de los 17 días anteriores. También hubo un recordatorio para los tres hombres que se perdieron el torneo por lesión y que fueron invitados a subir al podio: Hombrados, Ugalde y Raúl Entrerríos, que lloraba al abrazarse a su hermano Alberto.

La fiesta había empezado mucho antes del final. A falta de cinco minutos los jugadores ya lo celebraban. La diferencia era insalvable. Lo llevaba siendo desde mucho tiempo atrás. Pero los choques de manos en el banquillo contrastaban con la concentración en el campo. Ni con 18 goles de ventaja, la máxima (33-15, min 54) se relajó el equipo, voraz en defensa, su seña de identidad, pero esta vez eficaz también en el ataque posicional o en los lanzamientos, el talón de Aquiles que ayer no lo fue. Landin, el portero danés, nombrado el mejor del campeonato, paró dos de las tres primeras, pero a partir de ahí todos los balones que veía ya estaban dentro de la portería. Cañellas lideraba el ataque español. Ha sido un pilar atrás muchos partidos, pero en las semifinales y la final se convirtió en un martillo en el ataque, como Maqueda, que tuvo su día más acertado en el lanzamiento en el partido decisivo. España supo atacar la defensa danesa y Dinamarca se atascó ante la española, de nuevo un pulpo de doce tentáculos, los más largos de Viran Morros, que taponaba un balón tras otro para hacer buena su idea de que para ganar es tan importante marcar goles como evitarlos. Esa defensa 6-0 de España llevaba a poder salir al contragolpe y a marcar goles fáciles que, unidos a los elaborados, llevaron el partido a un increíble 18-10 al descanso.

Lo que sí parecía increíble era mejorar eso, pero España lo logró. El oro no se podía escapar y por si había algún temor apareció Sterbik. El portero pesa 120 kilos, pero puede poner sus pies en cualquier lugar. Dio un recital que los nórdicos no olvidarán. No es sólo lo que paró, es lo que intimida, que obliga a los rivales a tiran el balón fuera. Valero se reía e incluso el «vikingo» Markussen le dio un beso en pleno partido para felicitarlo tras una parada. Con una valla en la portería y percutiendo ahora con un contraataque de Valero Rivera, ahora con un gol de Entrerríos, con otro Maqueda o de Aginagalde, España convirtió la final en histórica mientras los aficionados ya cantaban el «campeones, campeones». Sí, campeones del mundo.

Ficha técnica:

35 - España (18+17): Sterbik (p); Rocas (-), Maqueda (5), Aguinagalde (5), Cañellas (7, 1p), García (2), Rivera (6) -equipo inicial-, Entrerríos (3), Tomás (1), Sarmiento (1), Montoro (2), Morros (1), Ruesga (-), Ariño (-), Guardiola (2) y Sierra (ps).

19 - Dinamarca (10+9): Landin (p); Eggert (3, 2p), Lindberg (1), René Toft (-), Mollgaard (4), Hansen (2), Nielsen (-) -equipo inicial-, Sondergaard (4), Mortersen (-), Markussen (2), Lauge (1), Noddesbo (1), Svan (-), Henrik Totf (1) y Green (ps)

Parciales cada cinco minutos: 3-1, 6-4, 8-5, 9-8, 14-9, 18-10 (descanso), 22-11, 26-12, 29-12, 30-15, 34-16, 35-19 (final).

Árbitros: Nenad Krstic y Peter Ljubic (Eslovenia). Excluyeron a Maqueda, García y Ariño por España y a Mollgaard y Sondergaard por Dinamarca.

Incidencias: Final del Campeonato del Mundo de España 2013, disputado en el Palau Sant Jordi de Barcelona ante unos 14.000 espectadores, con la presencia del Príncipe Felipe de Borbón y la Princesa María de Dinamarca.