El párroco de Arroyo de la Luz (Cáceres) que bendice al pueblo desde el tejado de la Iglesia

Juan Manuel no entiende el revuelo que se ha montado porque no es la primera vez que sube, pero vestido de calle

Arroyo de la Luz es un pueblo de Cáceres de 500 habitantes y que se ha convertido en un foco importante del coronavirus en la provincia. De momento hay nueve fallecidos y decenas de infectados. Pero una figura se ha erigido entre todo ese caos para poner algo de esperanza entre sus vecinos. LA RAZÓN ha hablado con Juan Manuel, el párroco de Nuestra Señora de la Asunción de la localidad, que no ha dudado en subirse al tejado de la parroquia para dar la bendición a sus feligreses.

“El pueblo está confinado hace 15 días”, nos relata el sacerdote, que sigue con sus labores pastorales celebrando la misa desde la radio y la página de Facebook de la parroquia. “La gente me sigue muchísimo y me pide que no les abandone, que no les deje”, cuenta Juan Manuel con la voz emocionada de un hombre que hace lo que puede por mantener el contacto con sus fieles. Todos los días saca tiempo para rezar la novena y por las mañanas graba pequeños vídeos de media hora para que todo el pueblo encuentre en ellos consuelo y “estén contentos y se animen”.

CUando habla con este diario se siente un poco decepcionado y quizá “enfadado”. No entiende el revuelo que se ha montado alrededor de su gesta en la que, ataviado con las ropas litúrgicas ha subido al tejado de la parroquia para bendecir los cuatro puntos cardinales como ya avisó el día anterior. “He subido otras veces para dar la bendición, con ropa de calle y solo con el alzacuellos, y no he tenido problemas”. Según él “los italianos salen por las calles con el santísimo sacramento”, y el de su parroquia es “un tejado fácil de subir”. Su molestia viene porque a “la mayoría de la gente le ha parecido bien: “Avisé en la misa que estuvieran en los balcones y las ventanas”, pero a algunos no les ha gustado, así qu eno volveré a ahacerlo”. explica tajante.

Juan Manuel, que se ríe cuando revela que tiene “muchos años”, confiesa que en 20 años que lleva al frente de la parroquia de Arroyo de la Luz “he subido a las dos torres; una vez para colocar la antena de la radio y otra a quitar los nidos, porque nadie se atrevía a hacerlo”. Y en este caso no lo considera tan peligroso: “He sido albañil antes que cura y es posible caerse, pero hay un pasillo para subir, es muy fácil”. En sus propias palabras sólo pretendía ser lazo de unión con todo el pueblo que lo está pasando muy mal. No puede dar misa presencial porque “estamos confinados” y cuando tiene que salir se pone la mascarilla para pasar por el pueblo en el que “hay mucho sufrimiento, muchos fallecidos y gente en el hospital y en la UCI”. Su teléfono no para de sonar con llamadas de feligreses que quieren “que les escuches. Tengo que cargar el teléfono tres o cuatro veces al día”. Su letanía sigue repitiéndose que si hubiera sabido el revuelo que se ha montado “a posteriori no lo habría hecho; pensé que la gente se iba animar bendiciéndoles”.