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Benedicto XVI: «¿Cómo haré para dirigirme a los jóvenes en la JMJ de Brasil?»

«Recemos hoy juntos por Su Santidad Benedicto XVI, un hombre valiente y humilde». Un año después de que Joseph Ratzinger sorprendiera al mundo con su anuncio de que dejaba el pontificado porque le faltaba el vigor en el cuerpo y en el ánimo, su sucesor, el Papa Francisco, le dedicó ayer un mensaje en la red social Twitter

El Papa alemán dijo que se iba el 11 de febrero de 2013, fiesta de la Virgen de Lourdes, pero llevaba meses reflexionando sobre este paso inédito en la historia reciente de la Iglesia católica.

El primero que lo confirmó fue su biógrafo, el periodista y escritor alemán Peter Seewald, quien contó que el propio Ratzinger le dijo en diciembre de 2012 que iba a renunciar a su puesto. Ayer se supo que la decisión se fraguó desde meses antes. El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado durante la mayor parte del pontificado de Benedicto XVI, estuvo al corriente desde mediados de 2012. Lo confesó en una entrevista con la agencia de televisión Rome Reports.

Cuando el Papa alemán se lo dijo a su mano derecha, éste le expuso «los problemas que habrían surgido» al dar este paso. «Pero el Papa se sentía cansado, se sentía anciano, pensaba sobre todo a la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro. Decía, ''¿cómo haré para dirigirme, para hablar a millones de jóvenes, con la edad que tengo?''», recuerda Bertone. Éste fue uno de los motivos que llevaron a Benedicto XVI a no esperar a la muerte para poner fin a su pontificado, un gesto que «tiene un gran valor histórico y da muestra de la fe de la Iglesia en su fundador. Como decía Benedicto XVI, es el Señor el que guía a la Iglesia».

La decisión médica

Como explicaron fuentes vaticanas a LA RAZÓN, en aquellos agitados días que siguieron al anuncio de la renuncia, el médico personal del entonces Papa, Patrizio Polisca, le dijo tras la visita a México y Cuba de marzo de 2012 que no debía tomar más vuelos intercontinentales a causa de su salud. Benedicto XVI no quería dejar a la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro sin Papa y por eso optó por propiciar la llegada de un nuevo obispo de Roma.

El otro motivo que le llevó a tomar esta decisión fue ver cómo se había ido deteriorando en los últimos tiempos la salud de su hermano Georg, tres años mayor que él, cuya vista ha empeorado mucho y que necesita asistencia para caminar. Benedicto XVI, que había vivido de cerca la agonía final de Juan Pablo II, no quería ofrecer la imagen de un Pontífice casi ciego y en silla de ruedas.

Cuando le comunicó su idea a Bertone, éste trató de que la postergara recordándole algunos de sus compromisos: «Yo le decía... Pero mire, que aún debe completar el tríptico sobre Jesús de Nazaret, y regalarnos el tercer volumen sobre la infancia de Jesús: para Navidad será el regalo del Papa a todo el Pueblo de Dios; luego llegará la encíclica sobre la Fe, que está todavía preparando. Y además, acaba de empezar «el Año de la Fe». Pero el Papa decidió que la fecha de la renuncia fuera irrevocablemente el 11 de febrero de 2013, la fiesta de la Virgen de Lourdes».

Al comunicar su decisión después de la Navidad, a Benedicto XVI le dio así tiempo a publicar la última parta de su trilogía sobre la vida de Jesús y a empezar la encíclica sobre la fe que luego retomaría y acabaría su sucesor, Francisco, publicándola el pasado julio con el título «Lumen fidei».