El Papa: «Nos vemos en Cracovia»

La Jornada Mundial de la Juventud arranca con el recuerdo al sacerdote víctima del atentado terrorista de Francia

La Jornada Mundial de la Juventud arranca con el recuerdo al sacerdote víctima del atentado terrorista de Francia

La ciudad polaca no se mantuvo ajena al ataque terrorista en la iglesia de Normandía, que acabó ayer con la vida de un sacerdote de 86 años e hirió gravemente a dos rehenes. De hecho, la misa de apertura con la que dio comienzo de forma oficial ayer por la tarde la JMJ se celebró en su memoria con la participación unos 500.000 jóvenes. Este nuevo ataque terrorista, esta vez contra los propios católicos, no hizo sino reafirmarlos en la convicción de mostrar al mundo que otro camino es posible.

El macroencuentro de jóvenes dio comienzo de forma oficial con la misa que el cardenal arzobispo de Cracovia presidió en el parque Blonia, una gran explanada en el centro de la ciudad a la que Juan Pablo II asistió en casi todos los viajes apostólicos a su patria. Éste será también el lugar en el que hoy se dará la bienvenida al Pontífice y el que albergue el tradicional Vía Crucis el próximo viernes.

Y aunque los peregrinos deben estar preparados para todo, a muchos les sorprendió la lluvia, que hizo acto de presencia poco antes de las 15:00 horas –apenas dos horas y media antes de iniciarse la ceremonia–. Sin embargo, este hecho tampoco amedrentó a los jóvenes, que se pusieron el chubasquero y, paraguas en mano, acudieron en masa a la cita con el que fuera secretario personal del Papa polaco.

Ayer se pudo ver de nuevo una Cracovia blindada, y a medida que se fue acercando la hora de la misa, helicópteros de la Policía y militares comenzaron a sobrevolar el cielo. Las zonas de acceso al recinto estuvieron plagadas de agentes, que hicieron exhaustivos controles a los peregrinos.

La misa fue una pequeña muestra del entusiasmo que se verá en los próximos días en los jóvenes. Muchos llevaban banderas de sus respectivos países y llegaron al lugar entre cánticos y oraciones.

Fue, como anunció el Cardenal, una misa en memoria del padreJacques Hamel, el sacerdote asesinado en su iglesia de Francia a manos de dos yihadistas del autodenominado Estado Islámico. Además, un sacerdote de la misma diócesis de Rouen, el padre Sebe, concelebró la eucaristía. «Hemos estado esperando este momento durante tres años», comenzó diciendo el Arzobispo de Cracovia, palabras que fueron respondidas por los jóvenes con un aplauso entusiasta. El purpurado explicó que los jóvenes «han venido desde todos los continentes y naciones, desde el este al oeste, del norte al sur del globo». «Han traído su experiencia, han cargado sus deseos. Se comunican en muchísimas lenguas, pero desde hoy se van a comunicar en el lenguaje del Evangelio, que es también el del amor, la hermandad, la solidaridad y la paz».

También tuvo palabras hacia san Juan Pablo II, de quien fue secretario personal durante los 25 años de su Pontificado. El arzobispo destacó que Cracovia es la ciudad de este Papa porque «es aquí donde creció en su servicio a la Iglesia, y es aquí desde donde salió a los caminos del mundo a predicar el Evangelio de Jesucristo». Es, por tanto, «una ciudad donde se vive de una forma especial el misterio y el don de la Divina Misericordia», destacó.

La música fue otra de las protagonistas de la eucaristía, que estuvo interpretada por una orquesta y un coro formados para la ocasión por más de cien personas. En la homilía, el cardenal comentó el Evangelio que narra cómo Jesús le preguntó tres veces a Pedro si le amaba y lo puso de modelo para todos ellos. «Sabemos que un día él dejó todo: su familia, su barco, sus redes... y siguió al maestro de Nazaret, un maestro con un estilo bastante diferente. Se volvió su discípulo. Aprendió su forma de ver las cosas de Dios y de la gente, a través su pasión y su muerte, atravesó un momento de infidelidad y de debilidad personal». Pero «más tarde, tuvo la oportunidad de vivir un momento de estupor y alegría al saber a Jesús Resucitado y al presenciar su aparición a los discípulos más cercanos antes de ascender al Cielo».

Monseñor Dziwisz explicó también cómo «en Roma, en la capital del Imperio Romano, Pedro pagó un alto precio por eso: fue crucificado como su maestro». De esta manera, «la sangre de Pedro, derramada en nombre de Jesús, fue el comienzo de la fe y del crecimiento de la Iglesia». A continuación, propuso tres preguntas a los jóvenes: ¿de dónde venimos?, ¿dónde estamos ahora, en este momento de nuestras vidas?, ¿dónde vamos a ir y qué vamos a llevar con nosotros? «Venimos de todas las naciones del mundo como aquellos que llegaron en gran número a Jerusalén el día de Pentecostés, pero aquí somos incomparablemente muchos más que hace dos mil años, porque llevamos siglos de prédica del Evangelio», subrayó.

El purpurado tuvo un recuerdo para los que sufren las guerras y los conflictos, «donde los niños mueren de hambre y donde los cristianos son brutalmente perseguidos». «Entre nosotros hay peregrinos de lugares del mundo regidos por la violencia o el terrorismo, donde los gobiernos, regidos por ideologías insanas, usurpan el control de los hombres y de las naciones», añadió. A su parecer, «la experiencia de experimentar la Iglesia del mundo es el gran fruto de la JMJ», pero es algo que «depende de nosotros, de nuestra fe y de nuestra santidad». «Es nuestra tarea asegurarnos de que el Evangelio llegue a aquellos que no han escuchado hablar de Jesús todavía o que no sepan mucho sobre Él».

Francisco, que llega esta tarde a Cracovia, lanzó ayer un mensaje a través de su cuenta en Twitter en el que, dirigiéndose a los jóvenes, les invitó a permanecer «unidos en la oración para que esta JMJ sea rica en frutos espirituales. ¡Nos vemos mañana!», dijo.