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El Papa exhorta a eliminar los recelos con la inmigración

Acoger, proteger, promover e integrar, la receta de la Iglesia para atender la migración

El pontífice se encuentra en  Panamá para  participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) / Foto. Efe
El pontífice se encuentra en Panamá para participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) / Foto. Efe

Acoger, proteger, promover e integrar, la receta de la Iglesia para atender la migración.

Francisco llamó ayer a la Iglesia a trabajar para eliminar los recelos sobre la inmigración y no quedarse solo en la denuncia, al reunirse con los obispos de Centroamérica durante uno de sus actos en su visita a Panamá para participar en la Jornada Mundial de la Juventud católica (JMJ). El Papa, informa Efe, recalcó que la Iglesia, gracias a su universalidad, puede ofrecer esa hospitalidad fraterna para que las comunidades de origen y las de destino dialoguen y contribuyan a superar miedos y recelos, consolidando los lazos que las migraciones, en el imaginario colectivo, «amenazan con romper». De este modo, el Papa hizo hincapié en la receta para atender los flujos migratorios: «Acoger, proteger, promover e integrar» son los cuatro verbos con los que la Iglesia actúa en este ámbito.

El Pontífice aprovechó para recordar a los 80 obispos centroamericanos presentes que la JMJ es una «oportunidad única para salir al encuentro y acercarse aún más a la realidad de los jóvenes» y les pidió que promuevan programas y centros educativos para ellos, informa Ep. «Róbenselos a la calle antes de que sea la cultura de muerte la que, vendiéndoles humo y mágicas soluciones, se apodere y aproveche de su imaginación», hizo hincapié en su discursso ante 80 obispos centroamericanos reunidos en la céntrica iglesia de San Francisco de Asís, en Panamá. Improvisando, reconoció que puede que a veces, los jóvenes «molesten» o «cansen». «Como dijo un filósofo griego, son como un tábano sobre el lomo de un caballo», pero portan consigo una inquietud que se debe valorar, respetar, acompañar y que desinstala y «recuerda que el pastor nunca deja de ser discípulo».