«Es una liberación pero no tiene sentido sin arrepentimiento»

Testigo directo. El padre José Aumente, Misionero de la Divina Misericordia, ha absuelto varias veces en confesión del pecado del aborto

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Entre el pasado 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes, y el 20 de noviembre, los Misioneros de la Divina Misericordia han estado autorizados, con motivo del Jubileo, a conceder la absolución por el pecado del aborto, que figuraba entre los pecados cuyo perdón queda reservado a la Santa Sede y a obispos autorizados. Decimos «figuraba» porque, según anunció ayer el Papa, el aborto ha pasado a formar parte de los pecados de confesión ordinaria, de manera que cualquier sacerdote tiene ahora la facultad de levantar la excomunión que supone.

El padre José Aumente ha tenido la oportunidad de conceder el perdón divino durante este último año a quienes, tras un aborto, acudían a confesarse. «Es una liberación», señala al referirse a quienes han recibido la absolución de su parte, «pero, sin arrepentimiento, no tiene sentido», añade. En cuanto a esto, aunque la mujer que hubiera abortado y buscase perdón podría haberlo encontrado de todas maneras, el cambio, opina, es muy grande: «Tanto a nivel de conciencia, porque impresiona mucho tener que acudir al obispo, como a nivel del lío que suponía».

Por otro lado, el padre José quiere recordar –así como tranquilizar a quienes se han inquietado ante la decisión papal– que esto en ningún caso quiere decir que el pecado sea menos grave, «sólo se le ha dado la facultad al penitente de encontrar a quien lo libere de esta carga más fácilmente». Se trata, a ojos del sacerdote, de una demostración de misericordia «más que lógica» después de haberle dedicado un tiempo litúrgico: «Hemos usado todo un año para hablar de que la Misericordia es infinita y no termina nunca y esto ratifica que no acaba con el cierre de la Puerta Santa».

Por su parte, el padre José ha vivido esta ampliación de sus facultades como confesor y que se generalizan ahora al resto de sacerdotes como «una gracia que el Señor me ha concedido como Misionero de la Misericordia, pero no para mí, sino en beneficio de los demás». «Yo gozo de que los demás gocen de la Misericordia, el perdón de Dios y, sobre todo, de la Reconciliación, pero yo soy un instrumento de Dios, ni más ni menos, y mi labor ha sido hacer cercana, con más razón en este año de la Misericordia, su bondad».

Así, esta extensión de la potestad de absolver el pecado del aborto no responde en absoluto a una rebaja de su grado de gravedad, sino que constituye uno de los frutos de un año dedicado a la Misericordia. «El Papa elimina todo este trámite y digamos que lo hace más humano, más cercano, sin hacer pasar a la persona por la vergüenza de tener que acudir a alguien especial».