José María del Corral: «Los jóvenes de hoy reconocen a Francisco como su líder»

Dirige Scholas Ocurrentes, la entidad impulsada por Francisco que revoluciona la educación.

Dirige Scholas Ocurrentes, la entidad impulsada por Francisco que revoluciona la educación.

El 19 de marzo de 2013, pocos días depués de ser elegido Papa, Francisco presidió en la Plaza de San Pedro la Misa de inauguración del Pontificado y allí, entre autoridades religiosas y civiles, había tres invitados personales de Bergoglio, lo que la prensa llamó «los invitados pobres del Papa»: un cartonero, una religiosa y un maestro. Pues bien, el maestro –teólogo y pedagogo– es hoy el director de Scholas Ocurrentes, una entidad impulsada por el Papa para promover la integración y la paz a través de la educación, que celebró en Madrid su primera actividad en España y en Europa. Un encuentro que reunió a unos 300 alumnos de entre 15 y 17 años de colegios públicos, privados, concertados, confesionales y laicos y del que surgieron conclusiones que llevarán al Papa el 3 de febrero.

–¿Por qué Scholas Ocurrentes?

–Si no cambiamos la educación, nada va a cambiar. Por tanto, cambiemos la educación y la realidad lo irá haciendo. Hoy la educación se decide desde los ministerios y sistemas educativos; lo que proponemos es dar voz a los chicos para que, a partir de sus problemas, surjan temas y aprendan. Estamos forzando a los jóvenes a permanecer encerrados en la escuela cuando deberíamos adaptar la escuela a la realidad de los chicos.

–¿Es lo que quiere Francisco?

–Sí. Y así se lo transmití, por ejemplo, a Ban Ki Moon. Se están gastando millones de euros en reformas que los chicos no necesitan. Hay una gran mentira montada y el Papa se animó a desnudarla. Se podía haber quedado hablando en general, pero se animó a una acción concreta.

–¿De dónde surge?

–El precedente de Scholas surgió cuando Bergoglio llegó a Buenos Aires como arzobispo. Todo el país vivía una crisis social y cultural muy dura, con mucha corrupción. En este contexto, me pidió si podía juntar a chicos de diferentes escuelas para pensar una solución a la crisis. Fue tan grande el compromiso de esos jóvenes, que se presentaron en el Congreso de la nación y de su propuesta nació una ley educativa. Los chicos nos decían que no querían seguir estudiando de memoria, sino aprender a vivir, mientras se les ignoraba. Esto es lo que el Papa quería impulsar en Buenos Aires y ahora intenta esparcir por todo el mundo.

–¿Cuál es su principal objetivo?

–Cambiar el mundo a través de la eduación. Una educación que abandone un sistema que nada tiene que ver con los chicos, deshumanizado y pasivo, y apostar por la esperanza de cambiar las cosas.

–¿Lo consiguieron en Madrid?

–Hemos conseguido juntar a alumnos de todo tipo de escuelas durante dos semanas. Cambiaron su aula por una de 300 alumnos, todos distintos. Descubrieron gente que les sorprendió: chicas con pelos de distintos colores, jóvenes con uniformes y sin ellos, chicos con historias de fracaso, unos más ricos y otros más pobres. Y en medio de ese ambiente surgieron experiencias extraordinarias.

–¿Algún ejemplo?

–El de un joven que, al intervenir en el grupo que abordaba la cuestión del bullying, se remanga la camiseta y dice: «Todo esto soy. Yo fui el que intentó siete veces suicidarse, el que se quiso cortar las venas. Me golpeaba la cabeza, me arrancaba los pelos». Sus compañeros se enteraban por primera vez de lo que ese chico había vivido, del infierno en el que estaba. Cuando terminó de hablar, los profesores lloraban y, mientras, jóvenes de distintas escuelas se acercaron a abrazarlo.

–Una historia que conmueve...

–Llegó a decir que en su teléfono no tenía más contactos que los de su familia. Ese día, vimos que muchas chicas se acercaron a él para darle su número de teléfono y para decirle que querían ser sus amigas. Esto, para nosotros, no es perder el tiempo, es educar. Se fue a casa con más de 100 contactos. La educación le salvó la vida. Vale la pena luchar.

–Y el próximo 3 de febrero, seis chicos irán a ver al Papa.

–Cuando lo comunicamos, todos se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. Muchos me dijeron, incluso no católicos, que veían en el Papa un referente. Por fin alguien les escucha. Hay que ser muy humilde para escuchar a un joven y sentirse muy seguro para no temblar. Por eso, Francisco está tan lleno y tan cerca de los jóvenes y por eso ellos, sin importar su religión, lo reconocen como su líder en el mundo y le piden: «Papa, no te olvides de nosotros. Sigue representándonos».

–¿Cómo ve a Francisco?

–Más cansado y joven que nunca. Hay un cansancio físico evidente, pero también tiene una esperanza enorme, porque lo que él empezó ya no lo va a poder parar nadie.