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La fe mueve montañas

Hoy, Domingo de Ramos, arrancan siete días de multitudinarias manifestaciones de fe. Millones de españoles participarán en las miles de procesiones que acreditan a una sociedad que tiene claras sus convicciones

La pasión, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Es lo que recuerdan las diversas confesiones cristianas en estas fechas. Es la Semana Santa convertida con el correr de los siglos en un acontecimiento litúrgico absolutamente excepcional en el que de una forma u otra se reafirman nuestras convicciones y principios de orden moral y religioso. Días también de memoria, de tradición, de cultura, incluso de nostalgia, de echar la vista atrás para reconocernos en esos pasos que han recorrido también las vidas de los nuestros. Hay, sí, en la presencia en los desfiles procesionales un cierto grado de reconocimiento hacia aquellas estampas devocionales compartidas en las aldeas, pueblos, ciudades y capitales. También en los barrios. Todos con aroma a cera, incienso y, sobre todo, recogimiento. Pero por encima de cualquier saludable percepción de añoranza interior está la consagración de valores, sentimientos y creencias en una extraordinaria manifestación de fe en siete días trascendentes para los cristianos. La Semana Santa es nuestra. Lo es en ese espíritu colectivo labrado en la historia por cofradías, por ejemplo, que datan del siglo XI cuando el Cid recorría las tierras de Castilla. La sentimos además como comunidad que se reconoce católica en al menos siete de cada diez de sus miembros. Es una marca indeleble que define, conmina y determina al creyente hacia una específica forma de ser y actuar. Detrás de las imágenes talladas y modeladas por las manos de los maestros del Barroco, pero también de los herederos contemporáneos de aquellos, de los monumentales tronos, pero también de las más humildes andas, de todas y cada una de las advocaciones marianas y de Jesús del Gran Poder, el Nazareno, el Cautivo, se arremolinan sentimientos y fervor bajo los acordes de una música procesional inigualable, pero también bajo el estruendoso silencio del respeto y la emoción. En su naturaleza religiosa se explica todo lo que vamos a vivir en la próxima semana, lo que no obsta para reseñar, claro, la dimensión social de una conmemoración que concentra a más de 10.000 cofradías hasta convertirse en el mayor movimiento asociativo del país con más de tres millones de personas comprometidas. Es una España que cree con respeto y devoción, que se reconoce y respira en la fe. Habrá quien lo relativice u obstaculice. Para ellos será una cruz, que no la cruz. Tiempo de procesionar.