Los obispos condenan la corrupción como un «mal moral y un grave pecado»

Afirman que no erradicarla abre la puerta a «indeseadas perturbaciones políticas»

Los representantes de los obispos tras la Asamblea Plenaria
Los representantes de los obispos tras la Asamblea Plenaria

Los obispos quisieron dejar claro su frontal rechazo a la corrupción política, y ayer condenaron públicamente esta práctica «éticamente reprobable» que calificaron de «grave pecado» y de «mal moral». «La codicia financiera y la avaricia personal» están detrás de estas situaciones de corrupción que provocan alarma social, alteran el funcionamiento de la economía, impiden la competencia leal y encarecen los servicios». Y es que, según el documento «Iglesia, servidora de los pobres», aprobado en la última Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y hecho público ayer, «la corrupción es una grave afrenta a nuestra sociedad, es una conducta éticamente reprobable y es un grave pecado».

Por ello, la Instrucción pastoral solicitó que estos comportamientos sean atajados «lo antes posible». «Resulta urgente tomar las medidas adecuadas para poner fin a esas prácticas lesivas de la armonía social», porque de otro modo, «la falta de energía en su erradicación puede abrir las puertas a indeseadas perturbaciones políticas y sociales», recordaron los obispos.

Tanto la corrupción como las nuevas pobrezas «están facilitadas por el empobrecimiento espiritual» actual, «el talante y el comportamiento moral de las personas están dañados por la indiferencia religiosa, el olvido de Dios o la despreocupación por la cuestión sobre el destino trascendente del ser humano».

Y éste es sólo uno de los puntos que se abordan en el documento. En él, los obispos proponen una regeneración moral y piden «perdón por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los clamores de los más frágiles y necesitados». A continuación, otras preocupaciones de la CEE:

Feminización de la pobreza

Los obispos mostraron su preocupación por los «nuevos pobres y las nuevas pobrezas», y de manera especial por la pobreza que sufren las familias golpeadas por la crisis. En el documento también recordaron a los jóvenes sin trabajo, ya que existe un grave riesgo de que caigan en situaciones desesperadas. Los obispos también mostraron su preocupación por la pobreza infantil, por los ancianos olvidados o por las mujeres afectadas por la penuria económica. Tras recordar la pobreza en el mundo rural, denunciaron el modo en que se está tratando a los inmigrantes. Ellos «sufren más que nadie la crisis que ellos no han provocado» y, sin embargo, «los países que los reciben recortan sus derechos y limitan sus servicios sociales básicos». Una realidad que no puede continuar y por ello pidieron a los políticos «actitudes de generosa acogida».

El mediterráneo, un cementerio

El secretario general de la CEE, José María Gil Tamayo, defendió la postura de la Iglesia española sobre la inmigración y reclamó «mayor implicación de la UE» ante realidades como la de Líbano, que acoge a un millón de refugiados. «No se puede actuar a golpe de tragedia», ante una situación como la que se vive en el Mediterráneo, que se está convirtiendo en un «cementerio» de inmigrantes que no sólo huyen del hambre, «sino también de situaciones políticas», agregó. Desde su perspectiva, la UE tiene que ser «más generosa» y ayudar a España e Italia –que no pueden hacer frente a este problema–, no sólo con medidas de contención, sino también «de acogida». Por ello, la Iglesia pide «políticas de ayuda al desarrollo» y que se ayude a estabilizar la situación de los países de origen de los inmigrantes.

La vida, un derecho innegociable

Los obispos también tuvieron palabras sobre el aborto. Afirmaron que es «escandaloso» el número de abortos que se producen, pero también recordaron la «carencia de una política de decidido apoyo a las familias». Al ser preguntado al respecto, el secretario de la Conferencia Episcopal Española aseguró que el derecho a la vida «es un derecho innegociable, un principio inamovible». «La misión de la Iglesia es la defensa del ser humano. El ser humano tiene que cumplir con uno de los mandamientos que es el de no matarás». En este sentido, Gil Tamayo hizo hincapié en que el aborto «es una pérdida de humanidad y su aceptación es un drama social. Nuestra postura siempre ha sido clara en este concepto y lo va a continuar siendo».

Trabas a las clases de religión

Tras la reunión de la Asamblea Plenaria de los obispos, el portavoz de la CEE denunció la existencia de «trabas» en algunas comunidades autónomas a la Religión católica, ya que no realizan la oferta «necesaria» de clases y reducen esta enseñanza hasta convertirla en «algo heroico». Gil Tamayo hizo estas declaraciones al ser preguntado por el hecho de que haya seis comunidades en las que hay centros públicos donde no se imparte la asignatura de Religión. Y reconoció que ésta es una cuestión que les preocupa, porque se pierde «sensibilidad» en los padres que, en algunos casos, no toman conciencia de la importancia de la enseñanza religiosa en sus hijos. Y recordó que se trata de un derecho de los padres que ha de ser respetado, tal y como lo establece la Constitución. española.