Sin casualidades

La Razón
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Quién hubiera imaginado que el Año de la Fe, que comenzó aquel 11 de octubre de 2012 por iniciativa de Benedicto XVI, albergaría varios de los acontecimientos más importantes de la Iglesia en los últimos tiempos. El judaísmo tradicional tiene muy arraigada la idea de que la casualidad es uno de los conceptos más paganos que existen, dado que Dios es causa primera de todo. Es decir, que para todo existe un designio divino. Por eso, creer que todo lo que ha tenido lugar estos meses de atrás ha sido fruto del azar es negar la voluntad de Dios, desde la renuncia de Benedicto XVI hasta la elección del primer Papa americano de la historia. Es de cajón pensar que tampoco forman parte de estas casualidades el que haya elegido como nombre Francisco o que tenga esos gestos y actitudes ya tan característicos suyos y de los que se hacen eco a diario los periódicos y los telediarios de todo el mundo. Y así, el Año de la Fe ha llegado a su fin cumpliendo precisamente eso mismo: llevar a la fe a miles de alejados y mostrar la verdadera cara de la Iglesia, quizás distorsionada en los últimos tiempos por diversos motivos. Entre los grandes acontecimientos vividos se encuentran la publicación de la carta apostólica «Porta Fidei» de Benedicto XVI, el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, el encuentro con movimientos y nuevas comunidades en la Plaza de San Pedro durante la vigilia de Pentecostés o el encuentro con familias de todo el mundo celebrado hace pocas semanas. Aunque si algo ha quedado grabado en la memoria de todos es sin duda la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro a finales del pasado julio. Allí explicó de forma concisa y asequible cuales iban a ser las líneas clave de su pontificado, resumidas sobre todo en dos ideas: misión y caridad. El Año de la Fe ha puesto el acento en el anuncio del evangelio hasta las periferias existenciales del hombre, en la necesidad de vivir y actuar como verdaderos cristianos, en la importancia de los laicos y en redescubrir qué significa pertenecer a la Iglesia, algo que también quedó de manifiesto ayer con el encuentro del Papa y los catecúmenos.