¿Por qué los mayores tienen más problemas para dormir?

Es sabido por todos que conforme vamos ganando años nos es más difícil dormir, dormimos menos horas, y ya llegados a las edades más avanzadas incluso conocemos casos donde apenas pegan ojo por la noche, ¿hasta qué punto esto es normal?

De hecho, es tan frecuente que las personas de edades más avanzadas duerman poco que, según explica la doctora Nieves Fernández Letamendi, geriatra del Hospital Quirónsalud Zaragoza, los trastornos del sueño son un motivo “muy frecuente” de consulta. Según puntualiza, hasta la mitad de personas de más de 65 presentan algún trastorno del sueño, siendo los más comunes la dificultad para iniciar y mantener el sueño, así como la somnolencia diurna.

Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) precisan en este sentido que más de la mitad de las personas mayores que viven en su domicilio, y hasta dos tercios de las que padecen enfermedades crónicas, están afectadas por trastornos del sueño, siendo más frecuentes en el sexo femenino, salvo el síndrome de apnea del sueño que es más común en el masculino.

“Se considera que el 35-45% de las prescripciones de hipnóticos corresponden a mayores, constituyendo ésta una de las causas más comunes de reacciones adversas a los medicamentos que aparecen en este grupo de edad”, añade la sociedad científica.

Entre sus causas, la SEGG recuerda que el envejecimiento provoca cambios en el patrón y en la estructura del sueño, y por eso llegada cierta edad nos es todavía más difícil dormir, y tener un sueño de calidad.

Con ello, la doctora Fernández Letamendi apunta que son 3 las causas más frecuentes de alteraciones del sueño en adultos de edad avanzada: Los malos hábitos para dormir que conllevan una higiene del sueño inadecuada; las dificultades en la adaptación a situaciones vitales perturbadoras (tales como la jubilación o la viudedad) ; y la presencia frecuente de patologías asociadas, entre las que destacan la insuficiencia cardiaca, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), los ictus, el síndrome de apnea obstructiva del sueño, el síndrome de piernas inquietas, la demencia, el dolor no controlado, el cáncer, la depresión, e incluso efecto secundarios o reacciones adversas de algunos medicamentos (incluidos los de naturopatía).

“El manejo correcto de los trastornos del sueño en el anciano requiere de una evaluación especializada por un Geriatra. Debemos tener en cuenta las posibles causas, el estado general (ya que con frecuencia son pacientes con comorbilidad y pluripatologías), la polimedicación y los cambios farmacocinéticos y farmacodinámicos que acompañan a la edad, y que pueden favorecer las posibles interacciones y las reacciones adversas a los fármacos”, remarca la especialista.

A su juicio, es muy importante diferenciar los distintos trastornos que engloban esta entidad, ya que no se enfocan, ni se tratan de la misma manera. Además, advierte de que estos tienden a cronificarse, lo que dificulta la respuesta a tratamiento. “Por eso, si a pesar de la aplicación de medidas de higiene del sueño, este trastorno dura más de 2 semanas, es muy importante consultar con un profesional”, resalta la experta del Hospital Quirónsalud Zaragoza.

Qué consecuencias tiene no dormir bien

“A pesar de su aparente benignidad, deben diagnosticarse y tratarse los trastornos del sueño en el anciano ya que provocan alteraciones tanto en la calidad de vida del paciente, como en la de sus familiares y cuidadores”, advierten desde la SEGG.

A este respecto, la doctora Fernández advierte de que las consecuencias de los trastornos del sueño van desde la fatiga diurna, hasta un estado de ánimo bajo o irritabilidad, un aumento importante del riesgo de caídas e, incluso, en algunos estudios se ha relacionado con un aumento de mortalidad en el paciente. “La relación con la depresión es particularmente clara, y es posible que también con el deterioro cognitivo. Lo que está claro es que genera una merma en la calidad de vida del que lo padece, en mayor o menor grado, dependiendo de su intensidad”, reafirma la geriatra.

Manejo de los trastornos del sueño

Por eso, desde la SEGG subrayan que mejorar la higiene del sueño constituye el primer objetivo a seguir y, en caso de precisar tratamiento, la melatonina, las benzodiacepinas de vida media corta, a la menor dosis posible, o los hipnóticos no benzodiazepínicos, serían los fármacos a utilizar durante períodos cortos de tiempo, según aconseja.

“La solución se basará, en la mayor parte de los casos, en medidas de higiene del sueño, combinadas o no, con tratamiento farmacológico, que siempre debe seguirse bajo supervisión médica”, agrega por su parte la doctora Nieves Fernández. Así con todo, enumera las principales medidas a seguir:

  1. Limitar la ingesta de líquidos por la tarde. Evitar bebidas con cafeína o teína después del mediodía, así como el alcohol y el tabaco desde varias horas antes de dormir.
  2. Horario fijo para acostarse y levantarse (incluidos fines de semana y vacaciones). 
  3. Evitar realizar en la cama determinadas actividades como ver la televisión, escuchar la radio, comer, o hablar por teléfono, por ejemplo. 
  4. Permanecer en la cama el tiempo suficiente. 
  5. Evitar la siesta, o que ésta sea inferior a 30 minutos. 
  6. Pasear durante al menos una hora al día, con luz solar, y siempre al menos 3 horas antes de ir a dormir. 
  7. Mantener condiciones ambientales adecuadas para dormir (temperatura, ventilación, ruidos, luz, por ejemplo). 
  8. Practicar ejercicios de respiración lenta y relajada antes de acostarse.
  9. Evitar acostarse con hambre, pero tampoco realizar cenas abundantes. 
  10. Evitar utilizar el ordenador en las dos horas previas al sueño nocturno.
  11. Si no consigue dormir en un tiempo prudencial (unos 30 minutos), levántese, haga alguna actividad relajante (leer, tomar un vaso de leche), y vuelva a la cama cuando empiece a notar sueño.