El boxeo sin contacto, un aliado contra el Parkinson

Menos fatiga, menos miedo a caerse y mejor estado de ánimo fueron las sensaciones de los participantes

Foto de archivo de las manos de la boxeadora Miriam Gutiérrez "La Reina". REUTERS/Susana Vera
Foto de archivo de las manos de la boxeadora Miriam Gutiérrez "La Reina". REUTERS/Susana VeraSUSANA VERAREUTERS

La enfermedad de Parkinson no tiene cura, pero al igual que hay medicamentos pueden ayudar a controlar los síntomas, realizar ejercicio moderado tiene un impacto positivo en muchos de los casos al retrasar la progresión de los síntomas. Con esta idea en mente, la neuróloga Danielle Larson, del Centro médico McGaw de la Universidad Northwestern en Chicago y miembro de la Academia estadounidense de Neurología, puso en marcha un estudio de boxeo sin contacto. En la investigación participaron 1.709 personas con esta enfermedad que tenían una edad promedio de 69 años. El 43% de ellos asistió a tres o más clases por semana, el 48% a dos y el 9% únicamente a una clase de promedio por semana. No eran clases de boxeo al uso, sino sin contacto: clases grupales de 90 minutos en las que los participantes trabajan con un entrenador una rutina de boxeo a medida para ganar fuerza, velocidad, agilidad, resistencia, coordinación de mano-ojo, trabajo de pies y precisión. Una vez finalizado el programa los investigadores les pidieron que completaran una encuesta que incluía preguntas sobre su calidad de vida. Y los resultados hablan por sí solos. Así, un 70% de ellos respondió que sentía que había mejorado su vida social, el 63% aseveró que sentía menos fatiga, el 62% que tenía menos miedo a caerse, el 60% manifestó que había experimentado un mejor estado de ánico y el 59%, que sentía menos ansiedad. El 99% de los participantes actuales y el 94% de los que habían boxeado antes recomendaba el programa empleado (Rock Steady Boxing) a otras personas con la enfermedad de Parkinson.

«El ejercicio moderado se ha asociado durante mucho tiempo con un impacto positivo en algunas personas con párkinson, pero el resultado de este programa específico parece particularmente favorable para la mayoría de las personas», manifestó la doctora Larson, autora del estudio preliminar que ha permitido concluir que estos pacientes pueden tener una mejor calidad de vida y tener más probabilidades de hacer ejercicio que de no seguir este programa de boxeo sin contacto. Ésta y otras conclusiones del estudio preliminar serán presentadas entre el 25 de abril y el 1 de mayo en la 72ª Reunión Anual de la Academia Americana de Neurología en Toronto (Canadá).

«Esto demuestra que los que practican Rock Steady Boxing tienen una mejoría en los síntomas no motores de la enfermedad y, en comparación con los no lo hacen, tienen una calidad de vida significativamente mejor y es más probable que se sientan seguros al realizar ejercicio de forma regular», añadió Larson.

Algo clave, ya que investigaciones previas habían concluido que las personas que hacen actividad física retrasan la progresión de los síntomas de Parkinson, mientras que los entrenamientos de intensidad moderada no tienen efecto para contrarrestar el avance de la enfermedad.

Rejuvenecimiento cerebral

Ahora bien, decir adiós al sedentarismo resulta esencial. Las personas mayores que regularmente caminan, nadan, bailan o cultivan productos hortofrutícolas retrasan el envejecimiento cerebral en cuatro años, según otro estudio preliminar que se presentará también en la cita de Toronto. Para llegar a esta conclusión, se midió el tamaño del cerebro de 1.557 participantes con una edad promedio de 78 años. Ninguno de ellos tenía demencia, pero 296 sufrían un deterioro cognitivo leve y el 28% tenía uno de los genes relacionados con tener un mayor riesgo de alzhéimer. Pues bien, los investigadores les dividieron en tres grupos: inactivos, algo activos y más activos (siete horas de actividad física de baja intensidad o cuatro horas de actividad física moderada o dos de alta intensidad) y detectaron, tras revisar los escáneres, que los que hacían más ejercicio tenían un volumen cerebral total más grande. «Esto demuestra la evidencia de que mover el cuerpo más a menudo nos protege frente a la pérdida de volumen cerebral», afirma el autor del estudio Yian gu, de la Universidad de Columbia en Nueva York.