Las farmacias luchan frente al coronavirus desprotegidas e infravaloradas

No reciben equipos de protección frente al coronavirus porque las autoridades no las consideran grupo de riesgo, pero ya hay más de 25 boticas cerradas en Madrid por culpa del Covid-19

Las farmacias se ven obligadas a mantener la distancia de seguridad con los clientes para evitar contagios por coronavirus
Las farmacias se ven obligadas a mantener la distancia de seguridad con los clientes para evitar contagios por coronavirusConnie G. Santos (nombre del dueño)

Atienden en sus establecimientos a todos los ciudadanos que necesitan medicamentos, consejo e información. También a los que presentan síntomas de coronavirus (fiebre y tos sobre todo) y a los enfermos. Y lo hacen parapetados, en el mejor de los casos, tras una mampara casera e improvisada, sorteando la escasez de mascarillas, guantes, batas impermeables y protectores oculares, y marcando en el suelo con cinta adhesiva la distancia mínima de seguridad entre sus mostradores y los más de dos millones de personas que atienden cada día. Son la primera línea en esta crisis sanitaria y están desprotegidos. Los farmacéuticos trasladaron esta situación a las autoridades el pasado 13 de marzo junto a una batería de propuestas para arrimar todavía más el hombro y contribuir a que los centros hospitalarios no se colapsen.

Diez días después, el director del Centro de Coordinación de Emergencias y Alertas Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, realizó unas declaraciones en las que descartaba públicamente que sea necesario suministrar material de protección para los más de 90.000 profesionales sanitarios de las farmacias (de ellos, 54.000 farmacéuticos) que trabajan en las 22.071 boticas comunitarias que hay en España como profesionales sanitarios no incluidos en los grupos de riesgo. Es decir, son la primera trinchera asistencial contra el coronavirus para las personas infectadas, pero no necesitan material de protección, según Simón, a pesar de que sólo en Madrid ya hay más de 25 cerradas por culpa del Covid-19. Con «profunda indignación» y a la espera de una «rectificación», los farmacéuticos se sienten «menospreciados e infravalorados» por las autoridades y, como consecuencia, «desprotegidos ante el coronavirus».

Establecimientos sanitarios

Algunas de las propuestas que los farmacéuticos remitieron a Sanidad hace ya tres semanas se han puesto en marcha al ritmo con el que el coronavirus iba marcando lo imprescindible de su aplicación. Ha tenido que venir una crisis sanitaria para poner a los farmacéuticos donde reclaman estar: más allá del despacho de medicamentos y del recorte de cupones, donde su trabajo como los profesionales sanitarios más cercanos y accesibles a la población les sitúa para poner a disposición de los ciudadanos la red de farmacias, establecimientos sanitarios sin cita previa ni listas de espera.

El Gobierno dio luz verde a las Comunidades autónomas para que autorizaran la dispensación de medicamentos hospitalarios en las farmacias comunitarias a fin de facilitar el acceso a los colectivos más vulnerables, reducir el riesgo de contagios, favorecer la adherencia a los tratamientos y reducir la presión asistencial sobre los hospitales (todavía no se ha puesto en marcha el procedimiento en algunas autonomías). También para que permitieran a los boticarios entregar medicamentos a domicilio a las personas dependientes, con problemas de movilidad, personas con síntomas de infección de Covid-19, en cuarentena domiciliaria por infección de coronavirus, y pacientes crónicos complejos con enfermedades respiratorias, diabéticos y con patologías cardiovasculares mediante un protocolo de actuación con todas las garantías y seguridad en una situación de excepcionalidad como la que atravesamos. Así lo están haciendo, estirando su jornada laboral más allá de lo cotidiano.

Por último, el Gobierno autorizó a las autonomías a dar permiso a los farmacéuticos para elaborar una fórmula de solución hidroalcohólica (pueden hacerlo aquellos que ya tenían en su establecimiento un laboratorio de formulación). Pero los representantes de los farmacéuticos pidieron mucho más al Ejecutivo. En primer lugar, protección porque ya habían registrado profesionales contagiados, cierre de farmacias, incremento de las bajas laborales (su tramitación en las gestorías se ha triplicado) y, como consecuencia, solicitudes de reducción de horario para cerrar a las 20:00 horas en vez de a las 21:30 por la imposibilidad de cubrir todos los turnos ante la disminución de personal.

Varios gobiernos regionales y los colegios oficiales de farmacéuticos han gestionado el envío de mascarillas a las boticas, pero insuficientes (sólo para el personal y para unos pocos días) y del tipo quirúrgicas, no FFP2 ni FFP3. Los profesionales de farmacia tienen que auto protegerse y ya prolifera un mercado negro de mascarillas, guantes y geles, según han denunciado los propios boticarios. Fabrican sus mamparas con lo que tienen y fijan distancias mínimas con los pacientes que no todos respetan, pero para tomar la tensión –por ejemplo– no hay distancia que proteja sino equipos adecuados de los que carecen. Por eso, muchos están siguiendo la recomendación de atender a través de las ventanillas de guardia. También para evitar los atracos y robos que están creciendo en algunos barrios pese a la presencia policial.

Evitar el colapso

Además, los farmacéuticos solicitaron a las autoridades al inicio de la crisis sanitaria incluir a la Farmacia en los protocolos de emergencia de la Atención Primaria para contribuir a evitar el colapso de los centros hospitalarios y del propio sistema. Con el mismo objetivo de evitar el colapso, pero en esta ocasión de los centros de salud, propusieron permitir al farmacéutico comunitario la dispensación de los medicamentos autorizados por el tiempo que se determine y de acuerdo con las instrucciones que dicten las Autoridades Sanitarias autonómicas. En esta línea, algunas regiones como la madrileña han decidido renovar de forma automática todas las recetas prescritas a los pacientes con enfermedad crónica por un período de 90 días y levantar la prohibición de dispensar medicamentos sin la presentación física de la tarjeta sanitaria, sólo con el número.

Pero queda mucho por hacer. La rectificación de Simón no ha llegado a los farmacéuticos. Tampoco los equipos de protección que reclaman. Pero sí el reconocimiento social a la labor de estos profesionales que todos los días levantan la persiana para atender a los cientos de miles de personas que siguen consultando, antes que a nadie, a su farmacéutico. Porque la facturación ha caído por encima del 60%, pero el trabajo es mayor y más duro que nunca.