El gran desafío de estudiar enfermedades olvidadas

El centro de investigación DDW de GSK es uno de los pocos del mundo dedicado en exclusiva al descubrimiento de nuevos tratamientos para la malaria y la tuberculosis

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Cuando la palabra coronavirus copa todos los titulares en nuestro país, resulta complicado caer en la cuenta de que existen otras enfermedades infecciosas que también precisan de nuestra mirada, pues causan miles de muertes cada año en países en vías de desarrollo sin apenas repercusión mediática en occidente. Es el caso, por ejemplo, de patologías como la malaria, que provoca más de 435.000 fallecimientos anualmente, según estima la Organización Mundial de la Salud, OMS; la tuberculosis, que infecta cada año a más de diez millones de personas y mata a más de un millón y medio de ellas, u otras menos conocidas aún y causadas por kinetoplástidos, como leishmaniasis, chagas o la enfermedad del sueño, que causan la muerte de más de 50.000 pacientes cada temporada.

Son sólo números, pero lo suficientemente contundentes como para que estas enfermedades merezcan la búsqueda de un remedio. Al menos eso es lo que piensan en la farmacéutica GSK, que cuenta con un centro de investigación pionero en el mundo –ubicado en Tres Cantos, Madrid– dedicado en exclusiva a la investigación de estas enfermedades bajo el nombre de Diseases of the Developing World, DDW. «Se trata de un centro en el que trabajamos en el descubrimiento de nuevos medicamentos que puedan servir para tratar enfermedades que afectan a los países más desfavorecidos, pues GSK piensa que, como compañía, debe abordar todos los problemas de salud de forma global y no podemos ignorar el hecho de que estas patologías son un grave problema de salud universal», asegura José María Fiandor, responsable del DDW de GSK en España.

Pero poner en práctica este ambicioso reto no es tarea sencilla, de ahí que la filosofía del DDW sea la de «laboratorio abierto». «Somos conscientes de que no podemos enfrentarnos solos a estas enfermedades tan potentes que asolan a los países en vías de desarrollo, por eso en 2010 GSK estableció su estrategia de innovación abierta, que consiste en trabajar en colaboración con otras empresas y organismos de carácter académico con un propósito único: llegar a la meta y lograr algún medicamento eficaz», reconoce Fiandor.

¿Y eso en qué se traduce? Pues, tal y como detalla el experto, en la cooperación basada en cuatro pilares: «Con la focalización exclusiva en la investigación de esas enfermedades (malaria, tuberculosis y kinetoplástidos), lo que nos permite una gran especialización y, con ello, aumentar la posible tasa de éxito; en segundo caso, compartiendo la propiedad intelectual y las patentes obtenidas; en tercero, proveer de compuestos que han mostrado actividad frente a estos patógenos a otros grupos de investgación y, por último, a través de la iniciativa de ‘‘open lab’’, que consiste en abrir nuestros laboratorios para que vengan investigadores de todo el mundo a trabajar aquí con sus proyectos».

Un centro único en el mundo

La suma de esos pilares es lo que hace especial al DDW impulsado por GSK, hasta el punto de que se trata «de un centro único en el mundo, no sólo por dedicarse en exclusiva a estas enfermedades olvidadas, sino también por su insectario que nos permite ser capaces de estudiar todo el ciclo de la malaria, desde que el parásito se desarrolla dentro de los mosquitos hasta después, cuando infecta a otra persona, lo que nos obliga a tener un nivel de seguridad muy exigente», asegura Fiandor, quien relata con pasión la filosofía de todos estos proyectos y la tenacidad de los investigadores implicados, «pues aquí no se persigue ningún retorno económico, sino el desafío de llegar a dar con un medicamento eficaz que salve vidas».

Hitos logrados

Basta adentrarse una mañana en el DDW de GSK, en Tres Cantos, para empaparse del entusiasmo que trasmite cada uno de sus investigadores, a pesar de que aquí el trabajo no es sencillo, pues «empezamos desde la nada, estudiando patógenos casi a ciegas y sabemos que nuestro trabajo tiene una reducida tasa de éxito», confiesa Fiandor. A pesar de ello, en estos años GSK ha logrado algunos hitos que merece la pena recordar, «como la aprobación de un medicamento capaz de eliminar del hígado el parásito que causa el tipo más común de malaria fuera del África subsahariana. Además, la participación en un programa piloto de implementación de la vacuna contra la malaria es un gran avance, así como el hecho de que ya están en ensayos clínicos de fase dos fármacos muy avanzados para actuar frente a la tuberculosis», reconoce Fiandor.