Soluciones para dejar de tocarte la cara

Las normas de higiene lo desaconsejan y más en el caso de pandemia de Covid-19 en el que nos encontramos: aumenta el riesgo de contagio

Cuando tocarse la cara es un problema
Cuando tocarse la cara es un problemaDreamstimeDreamstime

Desde hace más de una semana el uso de mascarillas es más que recomendado, pero incluso antes, ya podíamos ver a ciudadanos por la calle con ellas, ya fueran comerciales o de fabricación casera. Y acompañando a esta medida, personas que caminaban como robots, con las manos a los costados o incluso a la altura de la cara, pero siempre intentando evitar arreglarse el pelo, rascarse la nariz o quitarse los restos de las comisuras de los labios. Desde el principio, las advertencias sanitarias, OMS y Salvador Illa mediante, hablan de la importancia de mantener las normas higiénicas que incluyen intentar evitar tocarse la cara por riesgo de contaminarse, pero, ¿por qué nos cuesta tanto?

Hace varios años que estudios científicos intentan responder a esta pregunta de por qué somos tan propensos a llevarnos las manos a la cara, y que incluso somos de las pocas especies que lo hacen junto con algunos primates; el resto de especies lo hacen como forma de aseo o para ahuyentar a las plagas. En uno de 2008, 10 personas fueron observadas en un entorno de oficina para intentar dilucidar una pauta. Durante tres horas, los investigadores descubrieron que se tocaban la cara un promedio de 16 veces por hora. En el de 2015, en uno mucho más extenso, 26 estudiantes de medicina de la universidad de Australia, que estaban sobre aviso, descubrieron que usaron sus manos sobre sus caras unas 23 veces por hora. El informe detalló que, de todos los toques faciales, el 44% fueron hacia las mucosas (36% la boca, 31% la nariz y el 27% los ojos), mientras que el 56% fueron para el resto de la cara. Ni siquiera los especialistas médicos se libran de este ¿acto reflejo? (se tocaron la cara un promedio de 19 veces en 2 horas).

No existe distinción de la intencionalidad de tocarse la cara por edades ni sexos
No existe distinción de la intencionalidad de tocarse la cara por edades ni sexosDreamstimeDreamstime

Lo más impresionante es una campaña de ARS (Agence Regionale de Santé) de noviembre de 2017, que concluye que algunas personas se tocan inconscientemente la cara “hasta 3.000 veces al día”. Muy lejos de evitar hacerlo, ya que sabemos que llevarse las manos a la cara aumenta el riesgo de contraer infecciones respiratorias (2006) y que, aunque “no se cree que esta sea la principal forma de propagación del virus, aún estamos aprendiendo más sobre este virus”, según el CDC, sí que podemos trasladar virus y bacterias de las superficies contaminadas hasta nuestro organismo.

¿Por qué lo hacemos?

Según Dominique Picard, psicosociólogo, autor de “Cortesía, buenos modales y relaciones sociales (octubre de 2019) son gestos reflejos egocéntricos” de los que no siempre somos conscientes: “Necesitamos controlar lo que está sucediendo en nuestra cara, porque tenemos un mechón que no está bien colocado, nos brilla la nariz...”. Otra explicación pasa por que pertenezca a un sistema automático para liberar tensión, liberando la hormona oxitocina, que a la vez activa el sistema de recompensa del cerebro provocándonos placer, como indica el estudio de 2014 de la revista ”Brain Research". También en otras ocasiones tocarse la cara es sinónimo de cuidarse y de coquetería: ¿Tendré bien el pelo? ¿estoy sudando?

Según “Livescience”, aunque tocar la cara es un mal hábito para muchas personas, puede ser peor para las personas con ansiedad . Para controlar el estrés , las personas con altos niveles de neuroticismo pueden realizar comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo , como morderse las uñas o tirarse del pelo, que pueden interferir con la vida diaria de una persona, como distraer a una persona de las interacciones sociales y hacer que se sienta “impotente o avergonzado”.

Debemos tomar medidas y ser conscientes de nuestros hábitos
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El punto más interesante nos lo aporta pensar que, a menudo, ese toque de la cara se acompaña de un mayor flujo de aire hacia las fosas nasales: olfateo. Muchos investigadores, incluido un equipo dirigido por Noam Sobel en el Instituto de Ciencia Weizmann de Israel, argumentan que nos olfateamos las manos en gran parte porque estamos captando señales químicas (a veces denominadas feromonas) que nos hablan de las personas que nos rodean. “Aprendemos mucho sobre las personas cuando las olemos, incluso si no sabemos que lo hicimos”, dice Eva Mishor, investigadora de olfato humano en el Instituto Weizmann y coautora de un artículo reciente sobre el tema . “Aprendemos sobre su estado mental, sobre su estado físico, si están enfermos o sanos. Y necesitamos esto, es una gran parte de nuestra forma de aprender sobre el mundo. Es una gran parte de las decisiones que tomamos ”, matiza. Según esto, confiamos menos en las personas que huelen a sudor.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Ya avisamos de antemano que no es fácil, pero los especialistas nos ayudan con varios consejos. Lo primero es que el mismo uso de una mascarilla nos puede recordar que no debemos tocarnos la cara. Desde “The New York Times” también nos aportan y explican que cuando queramos “rascarnos, frotarnos la nariz o ajustarnos las gafas, todo lo hagamos con un pañuelo en vez de utilizar los dedos”. Por otro lado, nuestro conocimiento de nuestro cuerpo puede ser de utilidad si escuchamos su comportamiento y entendemos en qué momentos nos pasa, y averiguamos cómo se desencadena. También podemos utilizar la parte posterior del brazo, o si es un movimiento repetitivo hacia los ojos, ponernos gafas de sol.

Otros investigadores apuntan hacia el desvío de los impulsos, bien utilizando elementos anti estrés como los existentes en el mercado o aquellos caseros, como bolas o máquinas de botones y ruedas, que deberemos de limpiar con frecuencia, e incluso ante la tele intentar mantener las manos ocupadas con actividades como cocinar, planchar o limpiar. Otros son más radicales van más lejos: “O simplemente sentarse en sus manos cuando sienten que el contacto puede ocurrir”. Para aquellos que no pueden parar de colocarse el pelo largo, recuerde anudárselo con una cola de caballo y que ya no sea una tentación.

Ante necesidades físicas, respuestas físicas, según los especialistas Brian Labus, Kimberly Barchar y Stephen Benning, para “Market Watch": ”Cuando sienta la necesidad de tocarse la cara, puede apretar los puños , sentarse en las manos , presionar las palmas de las manos sobre la parte superior de los muslos o estirar los brazos hacia los costados . Esta respuesta competitiva debe ser discreta y utilizar una posición que pueda mantenerse durante al menos un minuto . Utiliza la respuesta competitiva mientras persista la necesidad de tocarte la cara".

El uso de guantes también ofrece poca protección, ya que aún pueden detectar el virus y propagar la contaminación, aunque sí puede servir de recordatorio. E incluso con la gente más diligente podría tener dificultades para evitar tocarse la cara por completo, por lo que el medio infalible es hacer un lavado habitual y explícito de las manos, para espaciar lo menos posible el tiempo sin que estén limpias. Ahí sí, Illa.