Trasplantes

Trasplante durante la pandemia: Renacido cuando morían 300 personas al día

Desde que se anunció el estado de alarma se han realizado 379 trasplantes según los datos de la ONT. Estas intervenciones se han reducido un 34% en los primeros cinco meses del año, pero no pararon. Antonio Guillén recibió un riñón en abril. «Cuando me llamaron no me lo creía, pensé que no se hacían dada la crisis sanitaria. Me ha cambiado la vida»

Antonio Guillén, de 58 años, recibió un riñón el pasado 26 de abril. Ni él ni su familia se lo creían cuando el médico les avisó
Antonio Guillén, de 58 años, recibió un riñón el pasado 26 de abril. Ni él ni su familia se lo creían cuando el médico les avisóEncarna Martínez FornielesLa Razón

El día que trasplantaron a Antonio Guillén, de 58 años, el Ministerio de Sanidad informaba de la muerte de 288 personas. Empezaban a «mejorar» los datos, pero todavía quedaba y queda un largo camino por recorrer. Por eso, cuando le llamaron del Hospital Puerta del Mar de Cádiz para decirle que acudiera urgentemente porque tenían un riñón potencialmente apto para él no se lo podía ni creer. «El jueves 23 de abril ingresé y pasé por quirófano porque me tenían que poner una fístula en la muñeca para la hemodiálisis. Salí el 25 y, nada más llegar a casa, recuerdo que me estaba preparando un descafeinado cuando me llamó el doctor para decirme que fuera al hospital. No nos lo creíamos. Llamamos a la familia y a amigos y tampoco daban crédito», relata. Rápidamente se fueron para el centro. «Pensaba que todo el tema de los trasplantes no se iba a retomar mínimo hasta 2021 por el Covid-19, la verdad, por eso tuve un cúmulo de emociones: alegría, incredulidad, si hasta pensé que era un sueño...», recuerda.

En su caso, el tiempo de espera fue breve porque, aunque a Antonio le detectaron que sus riñones fallaban a finales de 2012, lo cierto es que en 2017 le diagnosticaron y operaron de cáncer de próstata. «Antes, para poder entrar en lista de espera de trasplante tenían que pasar cinco años desde un cáncer, ahora dos», afirma este vigilante de seguridad privada. De modo que Antonio no pudo apuntarse hasta febrero de 2019. Urgía, aunque al principio empezó con la diálisis peritoneal en casa «porque no quería dejar de trabajar», en las Navidades de 2019 empeoró e ingresó con peritonitis. Fue entonces cuando empezó hemodiálisis en el centro. «Tenía que ir tres veces por semana al hospital. El médico me recomendó que cogiera la baja porque en caso de conseguir un órgano tenía que estar en óptimas condiciones físicas y seguí sus recomendaciones». Algo esencial, porque, como él reconoce, «no hay forma de comprobarlo, uno de los médicos me dijo que el problema de mis riñones podría deberse al químico que utilizan para fumigar las naves. Nadie puede acceder durante un mes, pero los vigilantes tenemos que hacer una ronda sin ningún tipo de protección año tras año».

Desde que recibió el riñón no tiene más que palabras de agradecimiento porque gracias al donante y a su familia puede volver a hacer las cosas sencillas que antes no. «Me ha cambiado la vida. Puede parecer una tontería, pero antes no me podía duchar normal porque tenía el catéter en el pecho que estaba comunicado por una arteria en el cuello. Me lavaba como un gato y solo me duchaba de cintura para abajo». También puede volver a comer frutos secos y chocolate, que antes «no podía por el riñón. Ahora como de todo, aunque con moderación. Y te diría que puedo beber alguna cervecita, pero para mí lo importante es que puedo beber agua. Era mi debilidad, porque solo podía tomar muy poca, la cantidad que orinaba y medio litro más». A Antonio también le ha vuelto la ilusión. Ha empezado a retomar ciertos hobbies que tenía abandonados, como hacer maquetas. Ha recibido un riñón y un «chute» –si me lo permiten– de alegría, porque si Antonio nos cuenta su historia es porque quiere agradecer «el regalo que el donante y su familia me han dado. Lo hablo muchas veces con mi familia. Siempre les tenemos en mente, aunque no sepamos quiénes son. Y una cosa tengo clara, este regalo tengo que devolverlo de algún modo», como en la película de «Cadena de favores». «Su generosidad me ha cambiado la vida». También tiene palabras de agradecimiento para los médicos, enfermeros, celadores... que le trataron. «Sabía que estaba en buenas manos. Desde hace 30 años que operaron a mi hija a los 17 días de vida solo tengo palabras de agradecimiento a los sanitarios». Por eso pide que el aplauso de las ocho de la tarde se traduzca en respeto a estos profesionales. «Me avergüenza ver carteles en los que se explica que insultar y agredir a un sanitario es delito, a dónde hemos llegado... espero que eso cambie».

Y, por cierto, que su trasplante no fue el único en este hospital gaditano. «Al día siguiente sé que llamaron a otros dos pacientes para lo mismo», asegura. Y es que, aunque la epidemia ha frenado los trasplantes, lo cierto es que no han dejado de hacerse en ningún momento. Así, según los datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), desde el 13 de marzo, fecha del anuncio del estado de alarma, y hasta el 31 de mayo se han realizado 379 a partir de 171 donantes. Unos trasplantes que se han hecho dentro de las directrices estipuladas por unos protocolos creados explícitamente para ello y que ahora han derivado en el Plan Post-Covid-19. «El 23 de enero empezamos a desarrollar un plan, pero pensando, la verdad, en la posibilidad de que un potencial donante hubiera viajado a China», reconoce Beatriz Domínguez-Gil, directora de la ONT.

«La epidemia –prosigue– nos ha afectado a la donación tanto cualitativa como cuantitativamente, porque ha alterado las pautas de evaluación del potencial donante y trasplantado. Desde el principio hemos hecho PCR, de modo que si el donante potencial o el receptor daban positivo no se seguía con el trasplante ni si tenían alguna sintomatología. Solo se hacía si, tras este cribado, salía negativo en Covid-19. La actividad también se ha reducido sustancialmente al aprobar solo los trasplantes en pacientes muy críticos o en aquellos casos donde es difícil encontrar un órgano para la persona que necesita ese trasplante. También hay que tener en cuenta que las UCIS estaban saturadas, que teníamos menos vuelos, mayores restricciones en el uso de aeropuertos... y que debíamos garantizar que los espacios estaban libres de Covid, algo que no era fácil en plena pandemia y que era esencial porque el caso de las personas que iban a ser trasplantadas, de contagiarse, podría ser particularmente graves». Esto justifica que se «haya reducido la actividad de trasplantes un 34% en estos primeros cinco meses del año respecto al mismo periodo de 2019, y es una pena, porque hasta el 13 de marzo los datos eran superiores. En países como Francia, Italia, Reino Unido o EE UU se han producido descensos tan importantes o más que en España, pero hay que esperar para poder hacer comparativas». Y un mensaje de optimismo, «en las últimas tres o cuatro semanas hemos notado ya un aumento de la actividad de trasplantes y la idea es seguir esta línea, porque nuestro plan es es la escalada, no de desescalada. En unas semanas nos acercaremos a los niveles que teníamos previamente a la crisis del Covid-19», asegura la directora de la ONT.

18 donantes altruistas han permitido hacer 55 trasplantes renales desde 2010

Con motivo del Día Nacional del Donante de Órganos, Tejidos y Células, que se celebró ayer, la ONT quiso rendir un homenaje a los donantes y sus familias por decir sí a la donación cuando pierden a uno de sus seres queridos. Y no lo hace una minoría, sino que el 86% de los hogares se muestran solidarios. A ellas se suman todas aquellas personas que donan médula ósea o un órgano en vida. La mayoría de los donantes de órgano en vida suelen hacerlo para sus familiares, pero también hay que destacar que desde 2010, 18 donantes altruistas han permitido realizar 55 trasplantes renales sin tener ningún lazo de consanguinidad. Es el caso de Manolo, nombre ficticio: «Tengo la sensación de haber dado muy poquito y que con ese poquito se ha hecho mucho bien. Cuando doné tenía 34 años, ya han pasado muchos desde entonces. Yo soy sacerdote y la vida de un sacerdote está para ayudar a los demás en lo que lo necesiten. Escuché lo del donante samaritano y decidí dar un riñón. Vi, tras pensarlo, que tenía muy poco riesgo en comparación con el bien que se podía hacer. Me dio mucha paz saber que los médicos velaban primero por mi salud. De hecho, creo que somos muy pocos de todos los que nos presentamos los que al final tenemos el privilegio de poder hacer la donación. No solo te examinan médicos, también un juez para ver que se trata de una decisión libre y altruista».

Este sacerdote donó un riñón cuando tenía 34 años. «Con lo poquito que he dado se ha hecho mucho bien», afirma
Este sacerdote donó un riñón cuando tenía 34 años. «Con lo poquito que he dado se ha hecho mucho bien», afirmaONT

Desde entonces, «mi calidad de vida no ha disminuido nada. Estoy completamente sano. El riñón que me queda funciona perfectamente. Es verdad que puede haber un riesgo de que el que tengo deje de funcionar o que alguien de mi familia necesite uno y no lo pueda donar, pero son riesgos proporcionalmente más pequeños del bien que puedo hacer. Que yo o alguien de mi familia lo necesite en un futuro no lo sé, pero tengo claro que he podido ayudar a otra persona que sí lo necesitaba». Y aunque cueste entender a los buenos samaritanos, porque una cosa es ser donante de sangre, de médula o haber pedido a tu familia que donen tus órganos cuando uno fallezca y otra ceder un órgano en vida en vida, no es cuestión de creencias. De hecho, «la mayoría de nuestros donantes no tienen una motivación religiosa», aseguran desde la ONT.