La obesidad infantil, una pandemia que crece a la sombra del Covid-19

La situación que hemos vivido ha provocado un empeoramiento de los factores relacionados con la obesidad en menores: alimentación, actividad física, horas de sueño y bienestar emocional. Mientras, la publicidad de productos insanos sigue aumentando: hasta un 66 % en los últimos cinco años en España.

Es un círculo vicioso. La pandemia del Covid-19 ha empeorado dramáticamente los factores de estilo de vida que se sabe que están relacionados directamente con la obesidad infantil: alimentación, actividad física, horas de sueño y bienestar emocional. Además, tanto una como la otra, muestran un patrón de transmisión similar en los países con ingresos altos: más elevada y acelerada en las comunidades que sufren mayores desigualdades sociales. Dicho de otro modo: la pandemia ha sido la “tormenta perfecta” para empeorar la salud de los menores, especialmente aquellos en situaciones familiares y sociales de riesgo.

Consecuencias del confinamiento

“La coexistencia de las dos pandemias produce una paradoja que puede afectar negativamente a la prevalencia de la obesidad infantil. El confinamiento, que ha ayudado a controlar la transmisión de la Covid-19, ha deteriorado los hábitos de salud y el bienestar de los niños y niñas”, señalan desde la Gasol Foundation, uno de los agentes principales a nivel internacional en la lucha contra la obesidad infantil. “Los estudios relacionados con las consecuencias del confinamiento muestran incrementos del nivel de sedentarismo y de tiempo de uso de pantallas, dificultades para acceder a alimentos saludables y para dormir las horas de sueño recomendadas, y un mayor nivel de estrés en los adultos/as, que habitualmente se transmite a los niños. Se sabe, además, que la comunidad y el entorno social donde crecen estos menores normalmente no les ofrece estímulos que les ayuden a llevar una vida sana. Por tanto, con escuelas y centros deportivos cerrados durante este periodo (por causas obvias y necesarias), los menores han perdido la única buena influencia de un estilo de vida activo y saludable”, añaden.

Entorno obesogénico

A todo esto, hay que sumarle un importante factor en juego: la publicidad de productos insanos, que ha aumentado un 66% en los últimos cinco años en España. Así lo muestra un estudio liderado por Mireia Montaña, profesora de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), que ha investigado la relación entre los valores nutricionales de los refrescos y bebidas azucaradas, y las estrategias publicitarias para captar consumidores. Según la investigación, “la publicidad es uno de los factores que favorece en gran medida el entorno obesogénico” porque “los niños españoles están expuestos a un promedio de 9.000 campañas publicitarias de televisión por año, y muchos de estos anuncios tienen como protagonistas productos de poco o ningún valor nutricional”.

Los investigadores analizaron qué dicen los anuncios alimentarios o de bebidas azucaradas, especialmente aquellos dirigidos a niños, por ser más vulnerables. “La conclusión es que cuanto más insano es el producto anunciado, más se asocia a cualidades extrínsecas del producto: ser divertido, aportar felicidad, ser valiente o ser único.”, señalan. También estudiaron cómo lo dicen, concluyendo que la semántica más utilizada se refiere a cualidades de las bebidas anunciadas (sabor, burbujas, sin azúcar o light, auténtico, ecológico...), mientras que la segunda categoría más usada es el estado de ánimo derivado de su consumo (disfruta, sé único, sentirte bien, felicidad, entre otras). “Uno de los principales aspectos psicológicos que influye en la obesidad es que los sujetos atribuyen emociones o sensaciones a los alimentos, sobre todo a los más calóricos y de menor calidad nutricional, creando un vínculo”, explica la experta.

Regulación más estricta

Se estima que un 81% de los niños y niñas españoles consumen refrescos y bebidas azucaradas cada semana, uno de los consumos más altos de Europa. De ellos, aproximadamente un 7% de los menores de nueve años los consume a diario, un 16% entre cuatro y seis días a la semana, un 56% entre uno y tres días semanales y solo un 19% menos de una vez por semana. La solución, en opinión de los expertos, pasa por una regulación más estricta de la publicidad, especialmente en el lenguaje utilizado para presentar productos. “Creemos que se debería revisar el Código PAOS, que pretende proteger a los menores, porque se vulnera continuamente. También se debería ampliar, ya que no se tiene en cuenta, el discurso y lenguaje de los anuncios, que puede confundir a los niños atribuyendo cualidades a los productos que no son ciertas”, afirma Montaña.