Entrenar para recuperar el olfato y el gusto

La pérdida de estos dos sentidos es uno de los primeros síntomas del Covid-19, que se da en el 75% de los infectados. Como enfermedad, afecta al 10% de la población y hasta ahora no existía un tratamiento efectivo.

Pese a que no suele causar consecuencias graves, la hipósmia o pérdida de olfato tiene una incidencia alta, ya que afecta aproximadamente al 10% de la población. Se llama así cuando es leve o moderada, y anosmia, cuando es grave y total. Esta enfermedad era bastante desconocida, hasta el punto de que no existían tratamientos específicos que fueran efectivos, hasta que se convirtió en uno de los primeros síntomas del Covid-19, referido por un 75% de los pacientes en las primeras fases de la infección. Junto con la pérdida del gusto, la hipósmia asociada al virus suele durar unos dos meses, y está permitiendo detectar a personas portadoras de un modo temprano.

La causa más frecuente de pérdida de olfato son las infecciones virales del sistema respiratorio superior: (entre las que se encuentra el Covid-19): resfriado común, gripe, entre otros, y le siguen la alergia (rinitis alérgica), las enfermedades neurodegenerativas (Parkinson, Alzheimer, Huntington, demencia, depresión, envejecimiento), los traumatismos craneoencefálicos (producen un importante daño al neuroepitelio y al bulbo olfatorio) y los tumores. Generalmente, estos pacientes son tratados con corticoides nasales y sistémicos, obteniendo una escasa respuesta.

Entrenamiento olfatorio

Ahora, el Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón de Sevilla ha puesto en marcha la primera Unidad de Entrenamiento Olfatorio de Andalucía para el tratamiento de pacientes con pérdida de olfato. Se trata de una terapia nueva, difundida en Europa pero que aún no está extendida en España. El co-director del Servicio de Otorrinolaringología de Quirónsalud Sagrado Corazón, el profesor Antonio Abrante, explica que “la pérdida de olfato no causa consecuencias graves sobre el ser humano, por ello, es el sentido menos estudiado pese a su alta incidencia y su efecto en la calidad de vida de las personas que la padecen -afecta al sentido del gusto-, por lo que los pacientes pueden tardar entre seis y doce meses en consultar con el especialista”. Frente a ello, el entrenamiento olfatorio “está obteniendo resultados muy positivos”, añade.

El epitelio olfatorio en el ser humano se distribuye en el techo de las fosas nasales y está formado por tres tipos de células: células basales, neuronas sensitivas olfatorias y células de soporte. Asimismo, en esta región se sitúan unos 25-30 nervios olfatorios encargados de dirigir el estímulo detectado hasta las regiones cerebrales correspondientes. Estos últimos, según indica el especialista, “poseen la capacidad de regenerarse a lo largo de la vida, las células basales son capaces de regenerar el epitelio dañado. Además, se sabe que esta neuro-regeneración puede ser estimulada mediante la exposición repetitiva a odorantes. Basándonos en estas propiedades, postulamos el entrenamiento olfatorio como una alternativa válida de tratamiento en pacientes con pérdida de olfato”.

Cómo un perfumista

Mediante una selección de olores, el paciente entrena su olfato y su memoria olfativa. El funcionamiento se basa en la capacidad cerebral para identificar los olores, almacenarlos y recordarlos. Por ejemplo, un perfumista o un enólogo, tienen una capacidad para reconocer y recordar olores muy superior a la de la media de la población, sobre todo, porque tienen el olfato muy entrenado. El entrenamiento olfatorio es una rutina diaria de dos sesiones (mañana y tarde), de dos minutos durante, al menos, tres meses. Consiste en oler distintos frascos de aceites esenciales tratando de identificar cada aroma. Pasados los tres meses, se realiza una nueva olfatometría, para ver qué grado de mejoría se ha conseguido con el entrenamiento. Según indica el doctor Juan Manuel Maza, reconocido rinólogo y director de la Unidad de Entrenamiento Olfativo, “en la experiencia que tenemos del tratamiento de la anosmia postviral, la más frecuente, el 50% de los pacientes recuperan el olfato tras un entrenamiento olfatorio de tres meses”.

Detección y diagnóstico

La detección y tratamiento de los trastornos del olfato requieren un estudio superespecializado. Así, partiendo de una exploración nasal mediante un nasofibrolaringoscopio, junto a otras pruebas complementarios de imagen como la tomografía axial computarizada (TAC), o la resonancia magnética nuclear funcional (RMf), permitirán localizar el área afectada y determinar la causa concreta. Posteriormente se realizará una olfatometría para valorar el grado de olfato perdido, que, además, permite estudiar la cantidad de olfato que ha perdido el paciente y la cualidad del olfato, detectando qué olores no reconoce o si existen interpretaciones anómalas: cacosmia (olores desagradables), disosmia (distorsión de un olor) o fantosmia (alucinación olfativa). Con el resultado de todas estas pruebas, y una vez descartadas las lesiones endonasales, se podrá iniciar el entrenamiento olfatorio.