La delgada línea entre el sexting y la sextorsion

El confinamiento provocó un aumento del uso de las aplicaciones de citas, y, a mayor uso, mayor es el riesgo. Robar fotografías, extorsionar o conseguir algún tipo de beneficio económico son las conductas más habituales de los ciber delincuentes, según la empresa de ciberseguridad S2 Grupo.

Los expertos en ciberseguridad recomiendan no envíar fotos "subidas de tono" ni compartir información personal a través de apps de citas y/o redes sociales.
Los expertos en ciberseguridad recomiendan no envíar fotos "subidas de tono" ni compartir información personal a través de apps de citas y/o redes sociales.

Usan perfiles falsos, tanto en redes sociales cómo Instagram como en apps de citas (como Tinder, Happn, Meetic, entre otras) o bien “roban” perfiles a usuarios cuyas características físicas, trabajo o vida social o familiar puede resultar más atractiva. Afamados y heroicos médicos, reputados abogados, miembros del ejército de EE.UU., representantes de famosos, escritores, empresarios...; Estas son algunas de las profesiones que dicen tener estos ciber-delincuentes, que, habitualmente, se presentan como separados o divorciados y con hijos pequeños, con los que salen en las fotos. Inician conversaciones con las “victimas” para tantear el terreno y, a partir de ahí, van configurando la historia de su vida, aquella que pueda encajar más con lo que su interlocutora está buscando, así generar un cierto “enganche emocional”.

Pero el objetivo final es la extorsión. “Estas aplicaciones no sólo las usan las personas que quieren tener una cita. Son también utilizadas con otros fines como puede ser conseguir fotografías o, incluso, extorsionar a las víctimas. Otros llegan a conseguir una relación de confianza y de vínculo con una persona para que, cuando ésta baja la guardia, conseguir algún beneficio económico o directamente pedirle dinero”, alerta Miguel A. Juan, socio-director de S2 Grupo.

A más uso, más riesgo

El aumento del uso de aplicaciones de este tipo en los últimos meses, debido, principalmente, al confinamiento, ha provocado también una aumento de estas prácticas delictivas con las que se busca, principalmente: robar fotografías, extorsionar o conseguir algún tipo de beneficio económico. Desde la empresa de ciberseguridad S2, indican que debemos ser muy cuidadosos a la hora de compartir cualquier información privada o fotografías a través de estos entornos, porque perdemos el poder sobre ellas. “Si antes era raro ligar por Internet, ahora casi que es extraño no hacerlo. Y, por supuesto, no hay ningún problema en esto. Sólo tenemos que tener presente que, en cualquier ámbito donde se implanta la tecnología, hay posibilidad de que se cuele la ciberdelincuencia. Y esto requiere que utilicemos estas aplicaciones de citas con responsabilidad, sabiendo que todo aquello que compartamos o publiquemos en ellas podría convertirse en información de dominio público”, explica José Rosell, socio-director de S2 Grupo.

Prácticas peligrosas

Según la compañía, estos son algunos de los ciberriesgos más comunes en las aplicaciones de citas y en las redes sociales:

  1. Pasar del sexting a la sextorsión. Aunque el primer contacto suele ser a través de mensajes de texto en las propias apps, en seguida se suele pasar a la comunicación a través de otras plataformas como Whatsapp, Instagram o Snapchat. El objetivo suele ser enviar fotos subidas de tono, el conocido sexting o, como dicen los jóvenes, “hacer nudes”. Se trata de una práctica de elevado riesgo, tanto si se realiza con alguien de confianza (en el futuro no sabemos qué relación tendremos) y, aún más, si es un desconocido. “Muchos perfiles son falsos, y se han creado precisamente para obtener fotos de este tipo y, luego, chantajear de alguna forma. Así se pasa del sexting a la sextorsión”, señala Rosell.
  2. La cita con un desconocido. Sin duda, uno de los mayores peligros, más allá de poder ser víctimas de una estafa o chantaje económico, es que el supuesto agresor quiera quedar en persona con la víctima. Por ello, se recomienda no dar información personal, no enviar fotografías y, si hay cita, que sea en un lugar público.
  3. No verificar la “realidad” de la persona. Es muy importante utilizar aplicaciones como Tineye.com o Google Images para comprobar que las imágenes de la persona con la que hablamos son reales y verificar que no corresponden a un perfil falso.
  4. Ganarse la confianza para pedir dinero. Ésta práctica también es una de las más frecuentes. Consiste en crear una gran relación de intimidad y, cuando ya está lograda la confianza, aludir a una enfermedad, problema del pasado o similar, para lo que se requiere dinero y, entonces, se le pide a la víctima. Por supuesto, siempre se le argumenta que se le devolverá, pero esto no sucede y, además, el sujeto suele desaparecer.
  5. Distribución de malware. A veces, la intención no es la extorsión sino directamente el envío de malware que infecte los equipos de las víctimas o instale programas espía, por ejemplo, para conocer sus contraseñas, datos bancarios, conversaciones, etc.