Kike Mateu: «Nunca podré explicar qué se siente al pensar que pueden morir por tu culpa»

Periodista y primer contagiado español oficial de Covid-19

-Ha escrito un libro sobre su experiencia con la Covid -19 que se llama “Paciente cero” (Alienta Editorial). Lo cierto es que usted asistió a los que podríamos decir el momento de la explosión de la epidemia, que fue el partido en Milán entre el Atalanta y el Atlético de Madrid... ¿sabe o tiene alguna sospecha de cómo se pudo contagiar?

-Tengo sospechas pero es imposible de saber. Debido a las cuestiones profesionales propias de un periodista en este tipo de eventos tuve contacto directo con mucha gente antes de entrar al estadio. Principalmente aficionados del Atalanta llegados desde Bérgamo que tenían montado una fiesta en los aledaños del estadio de San Siro. Pero, igual que pudo ser por estar en una zona de aglomeración de gente, pudo ser igualmente al recibir un cubierto que me dieron en la comida o tocar unas monedas al recibir el cambio de una compra. El Covid-19 es invisible e impredecible. El libro describe detenidamente algunas situaciones de riesgo evidente, pero el contagio pudo ser de cualquier manera. Le he dado un millón de vueltas a esa pregunta que nunca tendrá respuesta.

-Enseguida lo hizo público, algo que en ese momento no era muy popular. ¿Qué le movió a hacerlo?

-Reflexioné mucho al respecto de esa decisión. Los periodistas sabemos lo que significa la exposición pública y tiene un punto impredecible cuando se trata de un tema de semejante calado. Iba a ser el primer testimonio en España desde dentro de la enfermedad con la explosión mediática que eso iba a suponer. Anonimato o exposición; esa era la cuestión. Y la decisión la tomé después de preguntarme a mí mismo qué querría para mí si estuviera en casa asustado o con síntomas de ese virus desconocido y que mataba gente en otros lugares. Yo habría querido que un infectado me explicara qué me podía a pasar si me contagiaba. Y decidí ejercer esa parte de nuestra profesión que debe actuar también de servicio público a la sociedad. Exponer mi imagen a cambio del mensaje.

-¿Cuál fue la respuesta que recibió por ello? Ya que entonces apenas si se sabía nada del virus...

-De las cosas de las que más orgulloso estoy es de la reacción de la gente. El 99% entendió que solo trataba de aportar mi granito de arena a la incertidumbre de la gente. Las muestras de agradecimiento por hacerlo me llegaron por miles. Durante mi hospitalización a través de las redes, y directamente en la calle una vez salí del hospital. Resultó ser una información diaria que ayudó a muchas personas a entender mejor a qué nos estábamos enfrentando.

-¿Cuáles fueron los primeros síntomas que hicieron saltar la alarma?

-La disnea fue el primer síntoma. Extraña y nada habitual. Luego llegaron las molestias en el tórax, la tos, la fiebre... tuve casi todos los síntomas ahora ya conocidos como clásicos de Covid.

-¿Qué sitió cuando le dieron el diagnóstico, que estaba infectado de una enfermedad de a que casi no se sabía nada?

-Rabia. Mucha rabia. Primero me quedé en estado de shock durante algún tiempo y después pensé en lo desgraciado que era por haber sido el primer contagiado del virus y, por tanto, la mala suerte que tenía. Sentí preocupación pero no miedo. Quien iba a pensar en ese momento lo que estaba por venir.

-Estuvo 25 días en el hospital. ¿Qué destacaría de ese tiempo?

-Descubrí un mundo nuevo. No conocemos un hospital intramuros. Es una auténtica familia de gente valiente, cercana y con una vocación encomiable. Viví su caos, su miedo, su agotamiento psicológico... a ellos me los llevaré siempre. Son héroes de verdad. Y, por mi parte, es inimaginable lo que se siente cuando estás completamente aislado del mundo. El desgaste psicológico es brutal. Cada día te va consumiendo sin que te des cuenta hasta que, de pronto, el más mínimo roce se convierte en puñetazos que te noquean.

-¿Cree que se sabía más de lo que se decía oficialmente por entonces?

-No tengo la más mínima duda. Ya lo sentí estando en Italia y en España creo que se trató de minimizar -imagino que para evitar el caos en la población- hasta que la situación explotó y ya era incontrolable.

-En un momento dado en el libro habla de la “culpa”...

-No hay peor sentimiento. Yo, contrariamente a casi todo el mundo, supe exactamente a qué personas infecté y las consecuencias del virus en cada individuo. Desde el asintomático hasta el que se enfrenta a la muerte. Y, aunque en “Paciente Cero” se describe el insoportable sentimiento de culpa, creo que nunca podré explicar completamente lo que se siente cuando piensas que personas con nombres y apellidos, personas que conoces, pueden morir por tu “culpa”.

-¿Qué ha aprendido de toda esta “experiencia”?

-Que el optimismo es vital para superar esta enfermedad y que el miedo es el peor enemigo. El miedo a lo desconocido saca lo peor del ser humano. Y que las rutinas de nuestras vidas son muy importantes. No valoramos muchas cosas que parecen tontas hasta que las perdemos. Yo miraba cada mañana a la calle y echaba de menos escuchar el tráfico, mirar al cielo o pasear por la acera. El coronavirus, durante un tiempo, me robo casi todo. Y, por suerte, salí adelante. Muchos otros, por desgracia, no pueden contarlo como yo.