El alcohol causa más del doble de muertes al año que la Covid-19 a nivel mundial

En España, sin embargo, se producen al año unas 20.000 muertes relacionadas con el consumo excesivo de alcohol, la mitad que las 40.461 defunciones oficiales por Covid-19

El domingo se celebra el Día Sin Alcohol, una jornada que tiene como objetivo concienciar acerca de un problema de salud que afecta a millones de personas en el mundo y al que en demasiadas ocasiones se le resta importante. Por este motivo, desde Socidrogoalcohol, recuerdan que el consumo de alcohol causa anualmente 3 millones de muertes al año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cifra lejana al 1.293.434 personas fallecidas oficialmente por la Covid-19, según los datos de la Universidad Johns Hopkins que va actualizando casi a cada momento. Es decir, prácticamente casi un año después de que se declarara la Pandemia en Wuhan (China).

Europa bebe de media un 50% más que el resto del mundo y el consumo nocivo es el responsable de 155 billones de euros en costes sociales y de salud. España tiene un consumo de alcohol ‘per capita’ mayor que el de la media europea. “En España se producen al año unas 20.000 muertes relacionadas con el consumo excesivo de alcohol. Y aproximadamente el 15% de las personas que acuden a una consulta en atención primaria presentan un consumo de alcohol considerado de riesgo”, asegura Francisco Pascual, presidente de Socidrogalcohol, quién divulgó estas cifras en un Ciclo de Conferencias organizadas por Confederación de Alcohólicos, Adictos en Rehabilitación y Familiares de España (Caarfe) hace dos semana; jornada en la que habló de ‘hígado y alcohol’ y de la importancia de la ayuda mutua y las asociaciones para la rehabilitación de las personas con problemas de adicción.

Es decir, aunque el dato a nivel mundial sea que mueren más personas al año por la ingesta de alcohol que por la Covid-19, en España lo cierto es que pese a que bebemos más, la pandemia del SARS-CoV-2 ha causado más muertos que el alcohol: 40.461 defunciones oficiales por Covid-19, dado que somos el octavo país del mundo con más fallecidos por este virus, y pese a contabilizarse únicamente los datos oficiales que publica el Ministerio de Sanidad.

Las consecuencias del consumo de alcohol son múltiples: violencia, lesiones, problemas de salud mental, accidentes cerebrovasculares y aparición de enfermedades como el cáncer. Además de problemas sociales y psicológicos: “El alcohol es la sustancia tóxica que más problemas genera en el entorno social cercano. Cuando en la familia hay una persona con trastorno por uso de alcohol, pueden aparecer problemas en las relaciones familiares, económicos etc. Además el alcoholismo se convierte en un ‘secreto’ que dificulta la búsqueda de ayuda. El estigma potencia que la persona que sufre esta adicción y su familia, no quieran acudir a tratamiento por el miedo a ser etiquetados y se escondan y silencien el alcoholismo que padecen en el hogar”, explica Hugo López, vicepresidente segundo de Socidrogalcohol.

Son necesarias las políticas públicas para poder hacer frente y limitar el consumo de alcohol, que suele ser la puerta de entrada al consumo de otras sustancias (policonsumo), además de la primera droga que consumen los menores de edad en nuestro país. “A pesar del momento delicado que se vive con la pandemia por COVID19, no podemos olvidar otros problemas de salud graves que afectan a la población, como es el caso del alcohol, no se debe dejar de destinar dinero a resolver estos problemas de salud pública y combatir el estigma es parte fundamental para poder enfrentar a este trastorno adictivo y a otros. No deberíamos permitir entrar en un “falso ahorro de la economía”, limitando los recursos asistenciales al tratamiento de alcoholismo en beneficio de otros tratamientos ya que el alcoholismo no tratado contribuye a mayor gasto sanitario y social. Cada euro que no gastamos en prevenir y tratar el alcoholismo lo vamos a gastar con creces en responder a sus consecuencias”, argumenta el doctor López.

Para esto es importante: implementar políticas basadas en evidencia científica para realizar una política de alcohol desde la prevención pasando por la detección temprana, el tratamiento y servicios adecuados; recompensar la innovación y financiar a la comunidad científica para continuar investigando y monitoreando los vínculos entre alcohol y enfermedades crónicas y adicción, el valor de la reducción, el ahorro de la prevención y las intervenciones, e incrementar la capacidad de los servicios de salud al proporcionar una formación adecuada a la comunidad sanitaria para participar en la prevención, intervenciones breves y tratamiento para prevenir enfermedades crónicas costosas relacionadas con el alcohol.