Nutrición

¿Es mejor el ayuno intermitente que una dieta 'normal' para perder peso? Qué dice la mayor revisión científica de Cochrane

Una revisión de 22 ensayos clínicos con casi 2.000 personas desmonta el mito viral: el ayuno intermitente ayuda a adelgazar, pero no es más eficaz que la restricción calórica clásica

El ayuno intermitente puede favorecer la pérdida de peso
Ayuno intermitenteFreepik

Millones de personas han cambiado su forma de comer convencidas de que el ayuno intermitente acelera la quema de grasa. En redes sociales, se ha convertido casi en un estilo de vida. Ventanas de 16 horas sin comer, métodos 5:2, el llamado “ayuno del guerrero”... distintos nombres bautizan la misma promesa: pasar hambre durante unas horas hace que nuestro cuerpo entre en modo “ahorro de energía”, logrando supuestos beneficios metabólicos frente a una dieta tradicional.

Pero la mayor revisión científica realizada hasta la fecha acaba de lanzar un mensaje incómodo: ayunar de forma intermitente no adelgaza más que comer menos calorías de forma clásica. La mayor revisión sistemática de la organización Cochrane —referente mundial en medicina basada en la evidencia— acaba de concluir que el ayuno intermitente no ofrece mayores ventajas para perder peso en adultos con sobrepeso u obesidad en comparación con el asesoramiento dietético convencional o incluso con no realizar una intervención específica. Es decir: funciona, pero no es mejor.

Qué ha analizado exactamente la revisión

El trabajo, publicado en la Biblioteca Cochrane, ha revisado 22 ensayos clínicos aleatorizados con casi 2.000 participantes. Se compararon distintas modalidades de ayuno intermitente:

  • Restricción horaria (como el popular 16:8).
  • Ayuno 12:12.
  • El método 5:2 (cinco días normales y dos de restricción).
  • Ayuno en días alternos.

El resultado principal es claro: no se encontraron diferencias clínicamente significativas en la pérdida de peso a largo plazo frente a la clásica dieta hipocalórica.

«El ayuno intermitente simplemente no parece funcionar para los adultos con sobrepeso u obesidad que intentan perder peso», afirma de forma tajante Luis Garegnani, autor principal de la revisión y miembro del Centro Asociado Cochrane del Hospital Universitario Italiano de Buenos Aires.

La brecha entre la ciencia y las redes sociales

La frase contrasta con la narrativa dominante en internet. Y precisamente ahí está uno de los puntos clave del debate. «El ayuno intermitente puede ser una opción razonable para algunas personas, pero la evidencia actual no justifica el entusiasmo que vemos en las redes sociales», advierte Garegnani.

El mensaje principal no es que el ayuno no sirva. Es que no es superior. Y eso cambia el enfoque. Durante los últimos años se ha hablado de una supuesta “ventaja metabólica”: que ayunar activa mecanismos hormonales únicos, que acelera la quema de grasa o que “resetea” el organismo. Sin embargo, cuando se comparan resultados reales en ensayos clínicos controlados, la pérdida de peso es similar a la que se consigue comiendo menos calorías de forma tradicional.

Además, la revisión detecta lagunas importantes: pocos estudios evaluaron si los participantes cumplían realmente el protocolo, casi ninguno midió satisfacción o calidad de vida y tampoco se analizaron en profundidad efectos sobre diabetes u otras patologías asociadas.

Los expertos españoles piden matices

Desde España, la reacción ha sido prudente. Ana Belén Crujeiras, vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), considera en SMC España que se trata de «una revisión rigurosa que cumple con los estándares científicos», aunque añade que «la calidad de muchos estudios es limitada y el seguimiento es corto, así que no es la última palabra».

Crujeiras recuerda que, cuando está bien pautado, el ayuno puede inducir una cetosis nutricional que tiene efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Según explica, los cuerpos cetónicos pueden actuar como moléculas señalizadoras y modular mecanismos epigenéticos, lo que en algunos pacientes se asocia con mejor bienestar. Es decir, el debate no está cerrado.

En la misma línea se pronuncia Francisco J. Tinahones, presidente de la Fundación SEEDO y de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN): «El artículo no dice que el ayuno intermitente no sirva para perder peso, lo que afirma es que con los estudios que han incluido hasta el momento no hay evidencia de que sea superior en la pérdida de peso a la restricción hipocalórica clásica».

La diferencia es importante. No es lo mismo “no funciona” que “no es mejor”. Tinahones insiste además en que «es una alternativa para perder peso que, como mínimo, es de la misma eficacia que la restricción hipocalórica clásica», aunque reconoce que hacen falta más ensayos y de mayor duración.

El verdadero problema: buscar soluciones universales

La obesidad se ha triplicado en el mundo desde 1975. La presión por encontrar estrategias eficaces es enorme. En ese contexto, cada nuevo método tiende a convertirse en tendencia global. Pero la evidencia científica recuerda algo incómodo: no existen atajos mágicos.

Eva Madrid, de la Unidad de Síntesis de Evidencia Cochrane Iberoamérica, advierte que «los médicos deberán adoptar un enfoque caso por caso al asesorar a un adulto con sobrepeso». Y esa es probablemente la conclusión más sensata.

Crujeiras lo resume con claridad: «La obesidad es una enfermedad crónica que debe ser abordada de una forma holística y multidisciplinar. Los tratamientos deben ser personalizados, adecuarlos a cada persona; a unas personas les funcionan unas estrategias terapéuticas y a otras, otras, depende de su estilo de vida, sus gustos personales y su perfil molecular y fisiológico, y siempre bajo prescripción de un profesional de la nutrición o la endocrinología».

En otras palabras: el ayuno intermitente puede ser útil para algunas personas porque les resulta más fácil no comer durante ciertas horas que contar calorías todos los días, y la adherencia es clave. Pero no es una fórmula superior. Quizá el verdadero aprendizaje sea este: más que preguntarnos cuál es la dieta “más potente”, deberíamos preguntarnos cuál es la que podemos mantener a largo plazo, con supervisión profesional y sin dejarnos llevar por modas virales.

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