Miedo a la cámara en el aula

Malestar en el profesorado por el temor a un «Gran hermano» escolar. Los docentes aseguran que con la educación a distancia disminuye la concentración

Un modelo de curso semipresencial para algunos cursos de la ESO y Bachillerato en toda España exige distintas fórmulas de organización de las clases. El objetivo es que la formación esencial llegue a todos los alumnos y, ahora, herramientas como las cámaras y las grabaciones en streaming se han abierto paso como una solución para no perder clase a los que les toca quedarse en casa.

En la variedad de opciones posibles de organización, unos centros se están decantando porque los estudiantes acudan a diario: la mitad de la clase antes del recreo y, la otra mitad, después. Pero otros muchos lo han hecho por la fórmula de los días alternos, la más extendida: el 50% de la clase acude al centro lunes, miércoles y viernes y, la siguiente semana, martes y jueves. En los días posteriores, a la inversa.

Algunas comunidades autónomas, como la de Madrid, han comprado 6.000 cámaras para que los alumnos en cuarentena puedan seguir las clases en «streaming» desde su domicilio o para aquellos a los que ese día no les toca ir a clase. Otros centros, directamente, utilizarán Ipad sin esperar a los dispositivos de la administración.

Pero la opción de la cámara en el aula genera miedo y dudas. En algunos institutos de Madrid ya ha habido una negativa en bloque del profesorado al uso de estos dispositivos, pero son cada vez más las consultas a las asesorías jurídicas de los sindicatos después de que muchos docentes se hayan sentido obligados por parte del equipo directivo a su uso, a pesar de que en Madrid se ha mantenido en todo momento que es una opción voluntaria.

«Hay malestar entre el profesorado, no queremos que las clases se conviertan en un Gran Hermano y estamos teniendo muchas consultas», asegura Andrés Cebrián, del sindicato de profesores ANPE Madrid. «La gente tiene miedo porque en una clase se dan toda clase de situaciones y no se sabe el uso que se pueda hacer de esas imágenes. Hasta se pueden manipular... Todo el mundo cree que sabe cómo se debe impartir una clase, incluidos algunos padres, y si proporcionas imágenes...», añade.

Los docentes temen situaciones como las ocurridas el curso pasado en un centro de Toledo con un profesor, que se conectó por una de las plataformas más utilizadas y un alumno grabó la clase y la difundió por redes sociales mofándose.

«Hay muchos padres que se creen que lo saben todo y sólo nos faltaba aparecer en los comentarios de sus chat con valoraciones sobre cómo hemos dado la clases ese día», comenta un docente de Madrid que prefiere mantener el anonimato. «Lo de emitir una clase no me satisface nada, porque sólo ves una parte muy parcial aunque, en caso de emergencia, se podría hacer. No obstante, creo que se debería regular la utilización posterior de esos vídeos, su manipulación, por que lo que puede salir de ahí...», comenta Carmen Gutiérrez, profesora de la ESO en un instituto de Toledo.

Mientras, los profesores no logran despejar algunas incertidumbres. «En la web de Castilla-La Mancha se ve que hay un amplio abanico de herramientas, incluida la videoconferencia, pero detrás de la ventana no hay nada. Ahora mismo estamos más o menos como al final del trimestre pasado. Dicen que están preparando todo pero ¿para cuándo estarán si ya están empezando las clases?».

A esta circunstancia se añade que los docentes no están muy convencidos de la eficacia de la formación online. «Padres y profesores estamos constatando que los alumnos no aprenden ni la mitad que en las clases presenciales. Su concentración se esfuma en cinco minutos. Los profesores nos estamos olvidando ya de dar todo el temario, con lo que la brecha educativa va a ser muy grande», añade Ángel Rubio, profesor de 3º de la ESO.

En algunas materias, impartir una clase a través de una cámara reúne más dificultade: «para una asignatura como Dibujo Técnico, que es 90% práctica, tanto en la ESO como en Bachillerato, además de la plataforma y la cámara necesitaría una pizarra y materiales específicos para poder dar las clases». Por eso cree que «va a ser muy difícil darlo sin tener contacto con los alumnos y sus trabajos y, con la modalidad online, la cosa se complica aún más», añade Juan Carlos Sáez, profesor de Dibujo Técnico.

Mientras, desde la Comunidad de Madrid, se están adquiriendo 6.000 cámaras que no requieren instalación porque son móviles. «Permiten filmar documentos, presentaciones, también tienen uso normal de cámara, son bastante más potentes que una webcam».

La consejería asegura que no se obliga al profesor a filmarse, ni siquiera a que aparezcan las clases o los niños. «En la cámara aparecerá lo que decida el docente. Es un dispositivo con un brazo articulado que permite filmar lo que se considere oportuno. No es una instalación fija que esté en el techo, es un aparato orientable que transmite lo que filma a un ordenador. Se puede filmar, por ejemplo, lo que se dibuja en una pantalla».

¿Y si el profesor se niega en rotundo a utilizar la cámara? «Si uno no quiere utilizarla, debe dar una alternativa: que suba vídeos en su casa a la nube del colegio o a un blog... Porque los profesores también tienen la opción de elegir dar clase a alumnos de 1º y 2º de la ESO, que son clases presenciales», dice Miguel Ángel González, de Csif Madrid.

Pero, por ahora, no todos están convencidos de que la opción de la cámara vaya a funcionar. José María Ruiz, secretario de Enseñanza Pública del sindicato CC OO, cree que «va a ser un bluf porque no hay infraestructura para dar soporte a esto».