Coronavirus todo el año

¿Tendremos que añadir una nueva enfermedad y su batería de síntomas a la agenda? ¿Será en otoño?

Hasta ahora las cosas estaban más o menos claras. Llegaba el otoño y comenzábamos a enfrentarnos a los rigores del tiempo. Los primeros catarros, los estornudos, las febrículas. Primero los constipados víricos de los niños en el colegio, luego la gripe invernal como preludio de las primeras alergias de la siguiente temporada. Nuestro calendario de enfermedades comunes suele tener una marcada pauta estacional.

Con la llegada del coronavirus SARS-Cov2 las cosas pueden complicarse. ¿Tendremos que añadir una nueva enfermedad y su batería de síntomas a la agenda? ¿Será en otoño? ¿O es ésta una patología que no tiene horario ni hoja del calendario, que nos visitará libremente en cualquier momento del año?

La respuesta a esta pregunta es vital para entender cómo podemos enfrentarnos al futuro epidemiológico de la Covid-19, cómo funcionará la inmunidad y cuándo habrá que calendarizar la vacunación (si es que la vacuna llega).

Un equipo de científicos liderado por Hassan Zaraket, investigador de la Universidad Americana de Beirut, ha publicado una revisión de lo que hasta ahora sabemos del nuevo coronavirus para tratar de contestar.

Según su criterio, el SARS-CoV2 será un virus que terminará comportándose de manera estacional al menos en los países templados, pero no lo hará en el futuro más próximo: solo cuando se haya alcanzado una cierta inmunidad de grupo en la población.

Los investigadores han tratado de averiguar si este patógeno se comporta de manera similar a otros virus como el de la gripe. En ese caso, las patologías asociadas al microorganismo (como ocurre con otros similares) tienen su pico de actividad en las proximidades del invierno en el hemisferio norte y circulan más o menos durante todo el año en las regiones tropicales.

Al comparar el ciclo de vida de estos virus con lo poco que sabemos del SARS-CoV2 se pueden establecer algunas conclusiones.

Conocemos algunos factores que afectan al desarrollo viral y que podrían estar condicionados por la estacionalidad. Por ejemplo, la capacidad de supervivencia del virus en contacto con las superficies. Se supone que un virus como el que ahora nos preocupa, recubierto de una membrana lipídica, es más vulnerable al calor y la luz del sol. Ese es el motivo por el que al principio de la pandemia se pensó que durante el verano la incidencia del mal descendería. Por desgracia, no ha sido así.

Existen otros factores externos que afectan a la evolución de estos microorganismos. Uno muy evidente, y común a otros virus, es el comportamiento humano. La tendencia a practicar actividades grupales es un acicate para la expansión del patógeno. Cuando vivimos en sociedad, esta costumbre también es estacional. Por ejemplo, solemos encerrarnos en casa o en lugares poco ventilados con otras personas más asiduamente en invierno (hace frío en la calle) que en verano (cuando practicamos más actividades al aire libre). Por eso el constipado común, que presenta su propio ciclo, se ve además beneficiado por nuestros gustos hogareños invernales.

Todos estos factores son similares en la Covid y en otras enfermedades respiratorias. Pero parece evidente que en el caso del coronavirus actual algo se está comportando de manera diferente; el verano no ha supuesto un cambio estacional aparente en su modo de expansión. ¿Por qué?

Un factor diferencial que el trabajo publicado ayer en Frontiers in Public Health parece haber encontrado es el número de reproducción del SARS- CoV2, el famoso número (Ro), el número medio de personas contagiadas por cada individuo portador del virus. Nuestro coronavirus actual presenta un Ro mucho mayor que el de la gripe o el catarro común. Esta es una peculiaridad propia de las pandemias en sus primeras fases de evolución, cuando afectan a una población todavía poco inmunizada.

En opinión de los autores de este informe, todos los factores que pueden debilitar al virus en verano son compensados por la facilidad con la que este se está transmitiendo entre personas. Por mucho que le afecte el calor y el sol, su capacidad de replicarse sigue permitiéndole estar más vivo que nunca. Solo cuando se haya alcanzado una inmunidad de grupo y el número de reproducción baje (porque el virus no encuentre víctimas sin inmunizar) entrarán en juego los factores estacionales mencionados.

En otras palabras, como ha declarado el doctor Zaraket «el virus de la Covid ha venido para permanecer entre nosotros y circular libremente durante todo el año hasta que la mayor parte de la población esté vacunada».

Puede que en los próximos años sigamos sufriendo brotes en cualquier estación, sin poder predecir cuándo. A medio plazo, con la vacuna distribuida globalmente, la Covid se convertirá en una enfermedad de otoño-invierno, como la gripe.