Marta Fernández Jara Europa Press

Desheredados por no cuidar a sus padres en la pandemia

Se disparan las consultas legales de ancianos que quieren sacar a sus hijos del testamento por no haberles atendido durante la Covid

La crisis originada por el coronavirus ha tensionado las costuras de la sociedad hasta el punto de que, en muchas familias, han acabado reventando. Es el caso de los ancianos, hombres y mujeres mayores que han sufrido el confinamiento en soledad y que se han sentido abandonados por sus hijos, que no han estado a la altura de lo que esperaban de ellos. El presidente de la Asociación Cultural de Mayores de Fuenlabrada (Acumafu), Marcelo Cornellá, confirma a LA RAZÓN que las solicitudes mensuales de información sobre el proceso de desheredar a los hijos han subido de 45 a 220 desde el comienzo de la pandemia.

Si el año pasado acudieron a su gabinete jurídico 258 padres, este 2020 ya superan el millar. Según Cornellá, “los números son bastante preocupantes, hay mucha gente que con esto de la Covid ha dicho hasta aquí hemos llegado”. En su opinión, son muchos los padres que no quieren dar más oportunidades a unos hijos con los que apenas han hablado durante el encierro provocado por el coronavirus. En ocasiones, lo que buscan estos padres es premiar a la única hija o hijo que ha estado al pie del cañón y castigar a los que han escurrido el bulto. “La pandemia ha aflorado la falta de cuidados”, asegura el presidente de Acumafu.

Es el caso de Rafael Saavedra, original de Lugo. A sus 70 años, ya tenía muy claro hace tiempo que no quería dejar nada a sus dos hijas y la pandemia no ha hecho más que reafirmar su voluntad. En cambio, sí quiere que sus dos hijos varones estén en su testamento. Cuando el matrimonio se divorció hace muchos años, el juez dividió la custodia de los niños entre los dos progenitores y, según Rafael, su ex mujer nunca favoreció que los cuatro tuvieran relación. Fueron pasando los años y las dos familias crecieron por separado.

Este jubilado con una discapacidad del 43 por ciento asegura a este periódico que las hijas “solo estaban interesadas en que les enviara dinero, nunca me han llamado y esta crisis sanitaria ha sido la gota que ha calmado el vaso”. Está decidido a iniciar el procedimiento, ha solicitado un abogado de oficio y ha puesto la pertinente denuncia en un cuartel de la Guardia Civil por “maltrato psicológico”. Ahora le queda esperar la respuesta del juzgado.

David Zorrakino Europa Press

El abogado Guillermo Mosquera Vicente también confirma que su despacho ha recibido más consultas de lo habitual sobre el procedimiento de desheredar a raíz de la pandemia. Sin embargo, advierte de que “en España es prácticamente imposible hacerlo, salvo en País Vasco y Navarra”. Es obligatorio dejar, al menos, lo que se denomina como “la legítima” a los herederos forzosos, que corresponde a un tercio del total del patrimonio. El director del despacho Mosquera & Vicente recuerda que “es muy complicado porque se tiene que dejar acreditado y con pruebas supuestos como que los hijos te han negado el pan, o que ha habido agresiones físicas” para que una vez se abra el testamento los hijos sepan los motivos de haber sido desheredados.

No es nada nuevo que algunos de los que quieren privar a sus descendientes de ese 33% se empadronan en las dos regiones en las que sí es legal hacerlo. Aunque existe jurisprudencia al respecto, este abogado duda de que los jueces se avengan a desheredar a un hijo “porque no llamó a sus padres durante el confinamiento”. En su opinión, siempre es más aconsejable gastar en vida lo que no se quiere legar o irlo repartiendo porque el proceso judicial es larguísimo y a medio camino muchos se echan atrás o se reconcilian.

El año pasado, el Tribunal Supremo refrendó el testamento de una mujer que había dejado a su hija sin la herencia por haberla condenado al ostracismo. Tras una fuerte pelea, la mujer impidió a la abuela ver a sus nietos y no volvió a hablar con ella ni a cogerle el teléfono. El Alto Tribunal dio por bueno que la herencia al completo pasara al otro hijo, que sí se había ocupado de atenderla. Este caso es muy similar al de Javier, bilbaíno de 79 años que lleva más de once sin hablar con el pequeño de sus dos hijos. Solo conoce a una de las dos nietas y no consigue explicarse el motivo del rechazo, tan solo que “en un momento dado no pude prestarle la ayuda económica que me pedía”.

Tras varios intentos por restablecer el contacto, acabó por rendirse, pero la pandemia, en la que no ha recibido ninguna llamada suya, le ha decidido a tratar de sacarlo totalmente del testamento que hizo hace un par de años y en el que le dejaba solo “la legítima”. “Me parece increíble que en una situación como la que hemos atravesado no se haya interesado en saber si estaba bien”, dice con tristeza. Lo cierto es que la pandemia ha sacado a flote conflictos como el de Javier o Rafael, enquistados hace años y a los que la crisis sanitaria ha dado la estocada final.