Enología

A todo el mundo le gusta el vino

El vino se ha convertido en una de las grandes industrias que supera las fronteras de Europa. Su consumo refleja la calidad de vida mediterránea desde la Antigüedad.

El vino se ha convertido en una de las grandes industrias que supera las fronteras de Europa. Su consumo refleja la calidad de vida mediterránea desde la Antigüedad.

El vino es cultura..., pero también industria. Desde la antigüedad los caldos griegos, hebreos, tartésicos o etruscos formaban parte de eso que ahora se llama cultura mediterránea. Una manera de entender la vida –o mejor dicho, el vivir– que ha perdurado a través de los tiempos y ha convertido a Europa –especialmente a la cuenca mediterránea norte– en un lugar enviado por el resto del mundo. Una cultura del vino, el cereal y el aceite que es copiada por las élites de países como EEUU, China o Rusia. Ese mismo vino que es sinónimo de calidad de vida se ha convertido en una industria floreciente que además ha trascendido las fronteras europeas y se ha implantado en esa «nueva Europa» que para algunas cosas es América. El vino de EEUU, de Chile o Argentina es buen ejemplo de ello. Deberíamos también hacer la salvedad de que en América el vino es casi inexistente en algunas zonas, como Venezuela. Allí su consumo está mucho más cerca de los países musulmanes (con un consumo de un tercio de litro por persona al año). Lo cierto es que cuatro países producen la mitad de todo el vino del mundo y cinco países se beben la mayor parte. Italia, Francia, España y EE UU lideraron en 2017 la producción mundial, algo que no siempre se repite en el tiempo, ya que unos suelen superar a otros dependiendo de las cosechas... En la lista de los principales consumidores, además de Italia, Francia y EEUU se encuentran Alemania o China –aunque en este último caso más por la cantidad de lo consumido que por lo extendido del consumo entre la población–. Reseña aparte merece el caso de Portugal. La vecina nación ibérica ocupa el primer puesto mundial. Los lusitanos, con sus más de 51 litros por persona y año, doblan a los españoles, con unos escasos 21. De nuevo hemos de insistir en que en esto del vino las cantidades de producción e ingesta no son siempre las mismas. Elementos exógenos como la grave crisis económica que padeció el país heleno afectó al consumo de vino e implicó una bajada en el consumo, aunque éste se encuentre aún en una cifra muy superior a la española: casi 28 litros frente a los 21 españoles. Las crisis van y vienen, pero, como se ha visto, la herencia de Baco permanece.