Así nos cambió el alunizaje: del GPS al microondas

La necesidad de explorar un entorno desconocido propició el desarrollo de nuevos dispositivos imprescindibles para una misión en la Luna. Hoy, la mayoría de ellos son de uso cotidiano.

Aldrin, junto a la bandera de EE UU. Al no haber atmósfera, está «recta» gracias a un soporte en la parte superior. Foto: NASA
Aldrin, junto a la bandera de EE UU. Al no haber atmósfera, está «recta» gracias a un soporte en la parte superior. Foto: NASA

La necesidad de explorar un entorno desconocido propició el desarrollo de nuevos dispositivos imprescindibles para una misión en la Luna. Hoy, la mayoría de ellos son de uso cotidiano.

Cuando más de 10 siglos atrás comenzaron las exploraciones a otros continentes, los pioneros debieron desarrollar nuevas formas de orientarse, protegerse del clima, conservar alimentos y asegurar una travesía segura. Con las misiones del Apolo a la Luna ocurrió lo mismo: las agencias espaciales se enfrentaban a un territorio desconocido y debían crear nuevas formas de preservar alimentos, luchar contra el «clima» (frío, vacío, radiación, etc.)... Casi lo mismo que aquellos pioneros de siglos atrás.

Muchas de las innovaciones surgieron aun antes de que se lanzara la primera misión: Apolo. Una de ellas es el escáner TAC (Tomografía Axial Computarizada). Esta técnica se ideó para encontrar imperfecciones en los componentes de las naves. Hoy se utiliza en miles de hospitales para detectar, entre otras cosas, tumores en el cuerpo. Básicamente, un TAC es como si contáramos con una máquina de rayos X, pero no es estática, sino que toma imágenes alrededor del objeto y luego las une para crear una imagen volumétrica.

Otro dispositivo concebido como respuesta al entorno fue la aspiradora de polvo sin cable. Las naves que fueron a la Luna tenían un espacio reducido y perfectamente controlado. Colocar enchufes en diferentes sitios precisaba de una reconfiguración de los circuitos eléctricos de la misma. Así que muchas herramientas sin cable se concibieron como respuesta a esta necesidad.

También hay mucho que agradecer en cuanto a sistemas de navegación y comunicación confiables. Debido a la distancia entre las misiones del Apolo y la Tierra –unos 380.000 km de distancia–, se concibió la tecnología utilizada para corregir errores en las señales de las naves espaciales... la misma en la que se basa la actual televisión satelital. Y hablando de satélites, aunque la semilla del GPS naciera de los soviéticos durante el lanzamiento del Sputnik, quienes la perfeccionaron con el objetivo de rastrear submarinos rusos fueron los responsables de la NASA. En un inicio se utilizaron seis satélites para determinar la posición, luego se descubrió que con apenas tres era suficiente para lograr una triangulación precisa.

Sistema de infrarrojos

Los desarrollos de la NASA permitieron el avances en campos tan dispares como el deporte. ¿Quién no recuerda aquel bañador de «piel de tiburón» que permitió batir numerosos récords en los JJ OO de 2008? Se creó basándose en los mismos principios que uso la agencia espacial para reducir la resistencia de sus naves. Las suelas de calzado deportivo también dieron un salto de calidad gracias a utilizar los materiales de amortiguación y ventilación que usaban las botas espaciales. En óptica (gafas 10 veces más resistentes a los arañazos) y en salud: la NASA usaba un sistema de infrarrojos para medir la temperatura de las estrellas, una idea que culminó, años después, en los termómetros de oído. Los fanáticos de los videojuegos tienen una deuda con la Nasa, que fue la responsable de desarrollar el joystick, concebido inicialmente para conducir el Rover lunar.

Finalmente, otro elemento habitual de nuestros hogares se lo debemos a aquella hazaña: el microondas, basado en el sistema usado para calentar la comida congelada.