Cuando el verde llega al desierto

El cambio climático, la escasez de agua y los sobrecultivos alertan de lo que puede ocurrir en nuestro país en un futuro. La tecnología podría ser la respuesta

El Proyecto Bosque del Sáhara comenzó en 2009 con el objeto de producir alimentos en pleno desierto
El Proyecto Bosque del Sáhara comenzó en 2009 con el objeto de producir alimentos en pleno desierto

El cambio climático, la escasez de agua y los sobrecultivos alertan de lo que puede ocurrir en nuestro país en un futuro. La tecnología podría ser la respuesta

Aquí hace tanto calor que, cuando apago el aire acondicionado y abro las ventanas, todo se empaña. En esta región del planeta, el desierto de Arava, en el sur de Israel, una persona suda más en una hora que la cantidad de lluvia que cae en todo un año en 160 km2. Literalmente. El registro de precipitación anual no sobrepasa los tres centímetros. Las temperaturas llegan a los 40ºC y la sal del Mar Muerto se ha colado en todas las capas subterráneas. Todo se alía para que la fábula tenga un final triste y la vida no prospere. Y aún así... esta región produce el 60% de los vegetales frescos que exporta el país.

¿Por qué es importante esto para España? En 2050, nuestro país podría ser en gran parte un desierto, el norte tendría un clima mediterráneo y el sur sería como Marruecos, según el informe «Cambio climático en Europa 1950-2050: percepción e impactos». Al mismo tiempo, el Foro Mundial del Agua advierte de que la Península Ibérica es una de las regiones del mundo con el riesgo más alto de quedarse sin agua.

Además, un reciente estudio de la NASA y luego repetido por la Administración de Nacional Océanica y Atmosférica revela que llevamos 378 meses consecutivos en los cuales la temperatura global está por encima de lo normal. La respuesta es la tecnología. La del pasado, la del presente y la futura.

Tiempos pretéritos

Más de dos mil años atrás, las tribus nabateas que habitaban en esta región lograban no sólo sobrevivir, sino alimentarse de la tierra. Y lo hacían en base a un eficiente sistema de recolección de agua. Pedro Berliner se ha inspirado en estos pozos distribuidos estratégicamente para modificar el paisaje no sólo del desierto de Arava, sino también de Kenia, Turkmenistán, Uzbekistán, India y México. Básicamente, se trata de crear pequeños oasis artificiales que dan nutrientes a la tierra yerma y aumentan las cosechas un 25% según los resultados de Berliner. Lo mejor es que no requiere mantenimiento y lo sorprendente es que el conocimiento para implementar este tipo de cultivos se da de forma gratuita: españoles, chinos, rusos e indios han acudido al Instituto de Estudios Ambientales de Arava (AIES) para capacitarse sin tener que invertir dinero en ello.

Presente

Maayan Kitron se pasea por uno de los invernaderos mostrándome sus «hijos»: frutos que son mezclas de pepinos y melones y tienen el tamaño de una zanahoria pequeña, pimientos con diversa graduación de picor que aprovechan los inviernos para crecer y llegan en la temporada opuesta a Europa, cuando nadie los espera. También cuentan con enormes piscinas que recurren al agua salina para criar peces marinos. La tecnología tiene una extraordinaria forma de ser contraintuitiva: criar peces en el desierto.

Pero no puede usar sólo agua salada – le pregunto–, ¿ de dónde llega el resto? «Tenemos dos frentes abiertos – explica Kitron –. El primero es modificar ciertas plantas para hacerlas más resistentes a ciertos entornos. El otro es el reciclado de agua». El Foro Mundial del Agua, que depende de la Unesco, señala que en Israel la mitad del agua utilizada en agricultura proviene de reciclado. El segundo país en aprovechamiento de líquidos residuales es España: con un 20%.

«La agricultura ha atravesado tres revoluciones –comenta Kitron –: la industrial, la química y la biológica. Ahora llega la de la información. Debemos compartir lo que sabemos teniendo en cuenta los informes de cambio climático y sequías».

La tecnología que se emplea en esta región no busca sólo reverdecer el desierto, sino responder a preguntas que hasta ahora resultaban imposibles. Debido a la amplitud térmica entre la noche y el día, al tipo de tierra y a factores como la cantidad de luz diurna, los desiertos pueden constituirse en grandes viveros de flores. Pero hay un problema: desde hace años, las rosas ya no huelen como antes. Esto se debe a que el gen responsable de su aroma está involucrado en que se marchiten más rápido. Al anularlo garantizan su conservación, aunque el precio a pagar se llame bouquet. Kitron busca crear rosas con su perfume original que no se marchiten.

Los desiertos, debido a que son ámbitos extremos para la vida, ofrecen una gran amplitud de espacio a precios módicos. Y las empresas de investigación biotecnológica están al tanto. Una de las grandes innovaciones la está llevando a cabo Alga Technologies, una empresa que en Arava ha hecho despegar el campo de los nutracéuticos, alimentos con cualidades médicas como algas que se cultivan en depósitos y son suplementos para dietas pobres en proteínas... mientras limpian el agua de riego.

Futuro

Cultivar en el desierto es posible. Numerosos países, entre ellos España, han formado parte de los programas de investigación y desarrollo que se imparten en esta región de forma gratuita. Pero centrarse en cosechar alimentos es confiar en un solo recurso. Actualmente, el Proyecto Plantas Medicinales de Medio Oriente (MEMP, por sus siglas en inglés) investiga en las cualidades únicas que permiten que ciertos arbustos prosperen en el desierto. Estas propiedades hacen de ellas supervivientes que cuentan en su interior con moléculas que comienzan a investigarse por sus posibles propiedades para combatir los tumores cancerosos, la malaria o la artritis reumatoide. Medicina, alimentos y nuevos sistemas para reciclado del agua.

También habría que vigilar a Leonard Ornstein, de la Escuela de Medicina del Monte Sinaí, junto a David Rind e Igor Aleinov, del Instituto de Estudios Espaciales Goddard de la NASA. Su propuesta es desalinizar agua de los mares que rodean el desierto del Sáhara y construir acueductos para irrigar bosques de una variedad de eucaliptos (Eucalyptus Grandis) que soportan muy bien las altas temperaturas. Con esto logarían que la temperatura descienda 8ºC y capturar unas 8.000 millones de toneladas de CO2 cada año (20 veces las emisiones de España en el mismo periodo).