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Una nueva pieza en el puzle de la evolución

Este homínido, actualmente extinguido, vivió en el surte asiático y parte de su ADN está en los aborígenes pigmeos de las islas de Andamán

El análisis genético de un grupo de habitantes de las islas Andamán en el Índico, revela que su ADN tiene fragmentos que no corresponden a los humanos modernos que salieron de África hace 80.000 años.

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Una nueva, misteriosa y desconocida especie de hominino pudo hibridarse con los ancestros del género humano en Asia y dejar su huella genética en los actuales habitantes de la isla de Andamán, situada en el golfo de Bengala, en pleno océano Índico. Ésa es la conclusión principal de un estudio llevado a cabo por científicos del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona que ha secuenciado el genoma de diez habitantes de la isla y 60 indios para analizar sus trazas genéticas, además de otros materiales de habitantes de Papúa. En su cotejo, han encontrado secciones de ADN que no se corresponden con ninguna especie de hominio conocida: no se encuentran en los actuales europeos ni en los habitantes del este de Asia, por ejemplo. ¿De dónde procede, entonces, este resto de genes que corre aún hoy por los cromosomas de los andamaneses?

Futuras publicaciones vendrán a desvelar definitivamente el misterio, pero, de momento, parece claro que el hallazgo de estos científicos españoles, coordinados por los investigadores Jaume Bertranpetit, Mayukh Mondal y Ferrán Casals, arroja luz sobre el proceso de expansión de la especie humana desde su cuna original africana al resto del planeta.

Sabemos que los humanos modernos abandonaron África hace unos 80.000 años para iniciar un camino que los llevó a colonizar Europa, por una parte, y el este de Asia, por otra. De hecho, existen evidencias suficientes para demostrar que algunos de esos primeros viajeros desde África se encontraron y cruzaron con habitantes euroasiáticos como los denisovanos y los neandertales. Pero poder completar exactamente la crónica de aquel viaje es harto complicado. El registro fósil demuestra que el Homo erectus habitó Asia desde hace cerca de 1,8 millones de años hasta hace unos 33.000 años. De modo que aquel hominino procedente de las primeras migraciones globales pudo haber coincidido en espacio y tiempo con los sapiens que abandonaron África hace 80.000 años. No sería extraño que se encontrasen, aunque no tenemos datos genéticos suficientes para poder confirmar esta tesis. De hecho, el registro fósil de erectus carece de calidad genética suficiente como para cotejarlo con el ADN de las poblaciones asiáticas actuales.

Pero, a falta de fósiles, la ciencia cuenta con otra herramienta poderosa para estudiar nuestro pasado: los genes que aún hoy conservamos. Aplicando modernas técnicas de análisis se pueden estudiar regiones minúsculas del ADN humano y cotejarlas con las de otras especies. Eso es lo que se ha analizado en los hombres y mujeres de Andamán para descubrir que un 1,5 por ciento de sus genes no se parecen a nada conocido: no encuentran equivalente en los sapiens que salieron de África ni en denisovanos o neandertales que ya estaba en Europa antes.

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La especie que transfirió esos genes a los andamaneses pudo ser un hominino del que no tenemos referencia y que, obviamente, compartía antecesores con humanos, neandertales y denisovanos. El hallazgo demuestra, una vez más, que los humanos actuales mantenemos en nuestro ADN restos genéticos de ancestros extintos y que quizás a algunos de ellos aún no los hemos conocido.

¿Pudo ser ese hominino misterioso un Homo erectus o un primo cercano? ¿Se trata de una especie totalmente nueva? Aún no lo sabemos y el misterio permanecerá hasta que no se realicen estudios genéticos más completos, quizás a partir de restos fósiles. De momento, el hallazgo publicado en «Nature Genetics» por científicos del Instituto de Biología Evolutiva y la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, junto con científicos del Instituto Nacional de Genómica Biomédica de la India, permite aventurar otra hipótesis prometedora. Lejos de lo que algunos científicos han pensado desde el siglo XIX, los ancestros directos del humano moderno no salieron en varias oleadas de África y generaron diferentes familias sino que todos procedemos de una misma y única migración. Las peculiaridades de estatura y fisionomía de individuos como los andamaneses no responden a orígenes migratorios distintos sino a meras consecuencias de la presión de la evolución.