El agujero negro «imposible»

Descubren un cuásar, el objeto cósmico más luminoso que existe, cuyo tamaño y brillo no pueden ser explicados con los modelos cosmológicos actuales

Los astrónomos siguen frotándose a estas horas los ojos y no son capaces de explicar bien lo que están viendo. Pero la imagen que procede de los telescopios parece clara: un agujero negro con una masa 12.000 millones de veces mayor que la del Sol que vive en el centro de un cuásar que emite trillones de veces más energía que nuestra estrella. Es, hasta ahora, el agujero negro más grande jamás detectado, tanto que resulta imposible que exista.

Los cuásares (que reciben su nombre por ser objetos cuasi estelares) son los objetos cósmicos más luminosos que existen. Suelen habitar en el centro de las galaxias y se cree que están alimentados por la energía de gigantescos agujeros negros. Estos agujeros absorben con su inmensa fuerza gravitacional todo el material que los rodea y emiten mucha energía mientras lo hacen. Esa radiación los convierte en una especie de faro enorme que se puede observar con nuestros telescopios.

El cuásar ahora descubierto, según aparece en el último número de la revista «Nature», está a 12.800 años luz de la Tierra y es muy antiguo: se formó sólo 900 millones de años después del Big Bang. Su nombre es SDSS J0100+2802 y ha sido detectado con un desplazamiento al rojo z=6,39. Cuando la radiación de un objeto se aleja o aproxima de nosotros sufre una suerte de estrechamiento o ensanchamiento, como si estiráramos una goma. A ese fenómeno, provocado por el mismo efecto físico por el que la sirena de una ambulancia cambia de tono según se aleja, se lo conoce como desplazamiento al rojo. Cuanto mayor es ese número, se sabe que más lejano está el objeto que emite la radiación. 6,39 está en el límite máximo de mayores valores detectados hasta la fecha.

Sólo hay 40 cuásares conocidos con valores de desplazamiento mayores de 6, y es que el 6 es el punto que marca la cercanía a los orígenes del universo.

Este objeto ahora detectado es único. Es siete veces más brillante que el cuásar más antiguo detectado hasta ahora y en compañía de su agujero negro compone la pareja de objetos cósmicos más poderosos que hayan visto jamás los telescopios humanos.

Tanto, que su tamaño y su brillo no pueden ser explicados con los modelos cosmológicos actuales. ¿Por qué?

Cuando la materia cae en el corazón de un agujero negro comienza a acelerarse, como una bola lanzada por una rampa en espiral. Al acelerarse, se calienta y emite una extraordinaria cantidad de energía que, a su vez, empuja hacia fuera la materia que viene detrás de ella. Este proceso se conoce como presión de radiación. Metafóricamente es como si llenamos una bolsa de esponjas cuantas más esponjas hay dentro, más difícil es meter la siguiente.

Esa presión de radiación limita el crecimiento de los agujeros negros. Pero este cuásar ahora descubierto es tan grande que debe haber sido alimentado por un agujero que ha crecido por encima de cualquier límite conocido en un periodo de tiempo muy corto. El único modo de explicar este crecimiento es que en el universo muy temprano los agujeros negros pudieron expandirse más deprisa que las propias galaxias que los albergan. Una paradoja que de momento repugna a las teorías sobre la formación del cosmos pero que requerirá de nuevas investigaciones.