Historia

El primer encuentro entre indígenas y colonos

Las cuevas donde se han hallado están en una zona de difícil acceso en la Isla de Mona, al sur de Puerto Rico
Las cuevas donde se han hallado están en una zona de difícil acceso en la Isla de Mona, al sur de Puerto Rico

La historia, la literatura, el cine... han tratado de recrear cómo debió de ser el primer encuentro entre los conquistadores españoles y los habitantes de América. Por supuesto, conocemos bien partes de aquel momento fundamental de nuestra historia a través de las crónicas de algunos de sus protagonistas. Pero, ¿qué emociones despertó la reunión entre dos mundos tan distantes y extraños? ¿Qué miedos, esperanzas, dudas...? Quizá podríamos hacernos una mejor idea de ello si analizáramos las expresiones personales y artísticas que plasmaron en su momento los testigos. Eso es lo que pretenden hacer científicos del British Museum de Londres y de la Universidad de Leicester: estudiar las pinturas grabadas en cuevas caribeñas por individuos coetáneos al gran encuentro entre civilizaciones.

En concreto, han analizado obras de las cuevas de la Reserva Natural de la Isla de Mona, un pedazo de tierra hoy deshabitada al oeste de Puerto Rico. En sus oscuras cavidades subterráneas los arqueólogos han encontrado gravados realizados por indígenas hace aproximadamente 520 años, es decir, coincidentes con la llegada de Colón a La Española (el segundo asentamiento europeo en el nuevo mundo). Precisamente, la Isla de Mona está a medio camino entre La Española y Puerto Rico y se sabe que en ella vivieron seres humanos desde hace 5.000 años. De hecho, este asentamiento fue visitado por Colón durante su segundo viaje en 1494. En 30 de las 70 cuevas estudiadas, se ha hallado material precolombino abundante: cientos de pinturas rupestres indígenas que muestran figuras geométricas, criaturas con formas animales y simbología ancestral. La mayoría de los gráficos se realizó mediante la técnica del estriado consistente en arañar la capa blanda y húmeda de las paredes y techos de la cueva para generar patrones. Algunos de ellos han sido datados entre los siglos XIV y XV. Pero entre todas las representaciones ha llamado poderosamente la atención la de una cueva en concreto. En ella, junto a los dibujos de tipología indígena aparecen fechas y símbolos cristianos como cruces o cristogramas (combinaciones de letras que forman una abreviación del nombre de Cristo). Estas señales están datadas entre finales del XV y comienzos del XVI, es decir, pueden ser contemporáneas a las visitas de Colón. Incluso aparecen frases religiosas en latín y español como «Dios te perdone» o «verbum caro factum est» (Y el verbo se hizo carne).

Incluso se han encontrado restos de lo que podría haber sido la inscripción del nombre Francisco Alegre, colono que llegó a ser oficial del Rey en Puerto Rico.

La entrada a la cueva es de muy difícil acceso. En la actualidad sólo se puede llegar a ella escalando. Eso hace pensar a los historiadores que ningún visitante español habría sido capaz de encontrarla sin ayuda de los indígenas. Si es así, las inscripciones cristianas sólo pudieron ser realizadas por indígenas convertidos o por españoles que acudieron a la cueva junto a los nativos. Quizá se trate de un primer intento de transmisión de valores entre ambas culturas. Nativos y conquistadores se reunieron en un lugar de importancia simbólica para los primeros y compatieron parte de su iconografía. O quizá vaya aún más allá. Según los autores del estudio, una de las frases encontradas puede servir de clave. «Plura fecit deus» (Dios creó la diversidad). ¿Una referencia a la diversa condición del género al que se enfrentaba el mundo con el descubrimiento de América?