Todos somos neandertales (hasta cumplir 2 años)

Un estudio halla similitudes inesperadas a esa edad entre el cerebro de los humanos y los neandertales

Un cráneo de bebé neandertal
Un cráneo de bebé neandertal

Las diferencias entre los humanos y los neandertales, y en concreto de la reconstrucción que de ellos se ha hecho a partir de los restos encontrados, saltan a la vista. Basta echar un vistazo al cerebro de unos y otros para comprobar todo lo que les separa.

Pero, ¿qué ocurre cuando el individuo es pequeño? ¿Cuándo empiezan a separarse los caminos? ¿Salen de “puntos” distintos o comparten un mismo patrón?

Un novedoso estudio científico ha puesto en cuestión una teoría hasta ahora aceptada sin mucha discusión, la de que el cerebro de los bebés neandertales era ya muy parecido al de los chimpancés, y ha puesto sobre la mesa evidencias de que estaba más cerca de lo que pensaba del cráneo del humano actual.

Un estudio publicado en la revista científica Current Biology desvela un estudio realizado con 15 cráneos de bebés neandertales que estaban en el primer año de vida y los compararon con los de los humanos de la actualidad en ese mismo período de vida.

Como señala el estudio, los bebés humanos modernos pasan por una etapa de crecimiento que se desarrolla en varias zonas del cerebro: el cerebelo, los lóbulos parietales y los lóbulos temporales, clave para el desarrollo del lenguaje y la interacción social. Hasta ahora se pensaba que en los neandertales no había semejante desarrollo, pero, después de estudiar estos 15 cráneos de diferentes edades (incluido un bebé y un niño de dos años), se ha comprobado que los lóbulos temporales y frontales y el cerebelo crecen con más rapidez que el resto del cerebro en esa época del crecimiento. Es decir, como ocurre con los humanos.

El estudio, firmado por los científicos Marcia S. Ponce de León, Thibaut Bienvenu, Takeru Akazawa y Christoph P.E. Zollikofe, documenta el desarrollo endocraneal durante los decisivos primeros dos años de vida. Los nuevos datos indican que los neandertales han seguido en gran medida los modos similares de desarrollo endocraneal a los humanos modernos, aunque a partir de ese momento las diferencias se ensanchan.