Un avance revolucionario en reprogramación celular

Un estudio del CNIO da con un factor desconocido en este proceso: se desencadena por el daño en un tejido adulto

Una célula madre embrionaria, durante el proceso de conversión a neurona
Una célula madre embrionaria, durante el proceso de conversión a neurona

Un estudio del CNIO da con un factor desconocido en este proceso: se desencadena por el daño en un tejido adulto.

Las células madre embrionarias son uno de los mayores objetos de deseo de la investigación médica actual. Ellas son las únicas capaces de generar cualquier otro tipo de célula de las que componen el organismo adulto. Por eso, la ciencia quiere aprender cómo controlarlas. Son como materia prima moldeable que la naturaleza convierte en neuronas para el cerebro, células beta productoras de insulina para el páncreas, tejido cardíaco para el corazón, o conos y bastones para la retina, entre otros miles de tipos celulares. Si fuéramos capaces de dirigir nosotros esa transformación tendríamos a nuestra disposición la posibilidad de curar las enfermedades provocadas por la muerte de las células adultas (alzhéimer, diabetes, párkinson, degeneración macular y tantas otras). Pero estas células tienen un periodo de vida muy breve. Sólo están disponibles en los primeros días del desarrollo de un embrión y su uso es, éticamente, muy cuestionable.

Afortunadamente, desde el año 2006, la ciencia cuenta con otra alternativa. Ese año, el japonés Shinya Yamanaka descubrió un método para convertir células ya adultas en células tan moldeables como las embrionarias mediante un cóctel de 4 genes conocido como OSKM. Yamanaka recibió en 2012 el Nobel de Medicina por su descubrimiento que abría una ventana nueva a la medicina regenerativa. Si no tenemos suficientes células embrionarias para curar enfermedades, podemos extraer células adultas, reconvertirlas in vitro en embrionarias y provocar que se conviertan en esa neurona, ese tejido o esa célula beta que sustituyan a las que no funcionan o han muerto.

Pero el método de Yamanaka, conocido como IPSCs (células madre pluripontentes inducidas in vitro) se mostró muy limitado. No era muy eficaz con todas las células adultas y, además, sólo podía realizarse in vitro: extrayendo tejidos en el laboratorio, reprogramándolo fuera del cuerpo y volviéndolo a implantar.

En el año 2013, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de España (CNIO), dirigido por Manuel Serrano, dio un paso adelante al generar células madre pluripotentes desde tejido adulto en animales vivos (no in vitro). El hallazgo dio la vuelta al mundo y confirmó que la reprogramación celular es una estrategia terapéutica con mucho futuro.

Ahora, el mismo grupo del CNIO ha vuelto a dar la campanada al descubrir un factor hasta ahora desconocido que puede favorecer la reprogramación de las células, es decir, que puede ayudar a superar las limitaciones de eficacia de la mítica técnica de Yamanaka.

Manuel Serrano y su departamento dentro del Grupo de Supresión de Tumores del CNIO han descubierto que la reprogramación celular no ocurre como hasta ahora se pensaba. De hecho, han hallado que el daño producido en un tejido adulto es un factor desencadenante de esa reprogramación, una especie de señal para que las células quieran volver a su estado embrionario. La relación entre el daño tisular y la reprogramación se produce a través de una molécula: interleucina-6. Sin la presencia de esta molécula, el cóctel de genes OSKM inventado por Yamanaka no funciona igual de bien. Tras generar una línea de ratones transgénicos para inducirles senescencia y tratarles con métodos de reprogramación celular, los autores del estudio han descubierto que el cóctel OSKM genera daño en las células. Como consecuencia de ello, las células secretan la interleucina-6 y esta molécula sirve de señal para que otras células vecinas comiencen a reprogamarse... «Cuando las barbas de tu vecina veas pelar...».

Con este descubrimiento, el equipo de Manuel Serrano y Llun Mosteiro (que ha llevado a cabo la mayor parte del trabajo experimental) abre la puerta a nuevas formas de reprogramación celular que, incluso, no necesiten del cóctel de genes de Yamanaka. Conocer mejor el modo en el que se activa el proceso de vuelta al estado embrionario permite soñar con aplicaciones farmacológicas más eficaces que ayuden a curar enfermedades degenerativas o a combatir los síntomas del envejecimiento.