«Expediente X», regreso al pasado

Tras catorce años, lo más destacable de su regreso ayer en FOX fue el buen aspecto de sus protagonistas

Gillian Andersen y David Duchovny
Gillian Andersen y David Duchovny

Tras catorce años, lo más destacable de su regreso ayer en FOX fue el buen aspecto de sus protagonistas

Vivimos en un momento de la historia de la televisión complejo y competitivo, en el que ya no hace falta una cadena de televisión para hacer una serie, ni un televisor para verla. Unos hechos que, probablemente, sean difíciles de manejar para aquellos que durante toda su vida han estado viviendo de la pequeña pantalla. Así que a falta de proyectos interesantes, que terminan en los canales no tradicionales, gracias a su libertad creativa o su presupuesto, la nostalgia se ha convertido en un poderoso elemento al que las tradicionales recurren cuando faltan las ideas. El problema es que no será la añoranza de otros tiempos la que salvará la televisión tradicional. E incluso es posible que juegue en su contra. Porque si hay algo que resulte difícil de asumir para el espectador-fan, ese que se ha pasado años defendiendo, viendo y revisitando una producción, es la posibilidad de que todas esas horas de dedicación se vayan por la borda por el antojo de una cadena.

El último capricho es el de FOX, que ha resucitado la exitosa serie de los noventa «Expediente X». Y a primera vista queda claro que si no lo hubiese hecho, la satisfacción sería mayor. Han pasado 14 años y lo más encomiable del regreso de la producción sobre fenómenos paranormales es que sus protagonistas presentan mejor aspecto que entonces. Nada más.

Exactamente igual

La décima temporada de «Expediente X», de la que todavía quedan por emitir cuatro episodios, no es mejor ni peor que cuando llegó a nuestras vidas. Es prácticamente igual. Y esto no es bueno, porque si algo tiene que hacer una serie es evolucionar. Si además insiste en regresar del baúl de los recuerdos, debe ser por una buena razón. Pero tampoco es éste el caso. Los nuevos episodios de la serie son los mismos, pero adaptados a las circunstancias del siglo XXI. Con sus teléfonos móviles, el 11-S como motivo de controversia y la red como medio desde el que alimentar la conspiranoia de unos cuantos.

Por no cambiar, «Expediente X» no ha alterado un ápice el desarrollo de sus episodios, y si redujésemos la luminosidad y claridad que aportan los nuevos métodos de filmación, el regreso de la serie bien podría pasar por cualquiera de sus temporadas anteriores. Han recuperado la mítica cabecera, y su inolvidable sintonía, Scully sigue disculpándose por el comportamiento de Mulder y ella continúa poniendo por bandera que es una mujer de ciencia y por tanto, escéptica. Algo que se agradece en esos momentos en los que la nostalgia no alcanza para justificar determinados planteamientos sobre los que, supuestamente, va a sostenerse la nueva entrega.

Inicio de lo paranormal

El éxito inicial de la serie le permitió a Chris Carter vivir de las rentas, y desde 2002 apenas ha trabajado en algunos cortos documentales, también de temática paranormal. Tampoco parece haberse asomado demasiado a las producciones televisivas de la última década y media, porque lejos de adaptar la serie a las nuevas posibilidades narrativas y creativas de la ficción televisiva moderna ha recuperado aquellas que ya utilizaba en los noventa. La música, la edición y la tensión llega a la nueva «Expediente X» tal y como lo hacía en la «antigua», como si el tiempo se hubiese congelado no sólo por el aspecto físico de los protagonistas.

En cualquier caso, este desencanto inicial no me impedirá seguir interesándome por los siguientes episodios. No sé muy bien si por comprobar si son tan buenos como el propio Carter alardea, o por simple y enfermiza curiosidad. Quizá sólo sea un problema de lingüística, y nunca se trató de que la serie volviese para adaptarse a esta nueva televisión, que insiste en presumir de vivir una época gloriosa. Tal vez sólo querían que el espectador regresase a los 90 en pleno 2016. Si se trataba de esto último, y de paso organizar una de las mediáticamente agradecidas reuniones de reparto, entonces el objetivo está cumplido.