HBO pierde el ritmo

La cadena por cable, que atraviesa malos momentos, cancela por sorpresa «Vinyl», su apuesta más fuerte para la temporada 2015-2016.

Imagen de «Vinyl», ficción sobre la historia del rock producida por Martin Scorsese y Mick Jager
Imagen de «Vinyl», ficción sobre la historia del rock producida por Martin Scorsese y Mick Jager

La cadena por cable, que atraviesa malos momentos, cancela por sorpresa «Vinyl», su apuesta más fuerte para la temporada 2015-2016.

Cuando las series comenzaban a labrarse el prestigio que tienen a comienzos de este siglo, el panorama televisivo estaba menos saturado que en la actualidad. Uno de los principales responsables de que ficciones serializadas comenzasen a ser objeto de sesudos estudios y restasen espacio al cine u otras formas de ocio era un único canal de cable, la HBO. Por aquel entonces, y hasta 2009, su eslogan era: «No es televisión. Es HBO». Toda una declaración de principios que, para aquellos que se enamoraron de «A dos metros bajo tierra», «Los Soprano» o «The Wire», era un mantra que aspiraban a entonar muchas producciones.

Temporada desastrosa

Hoy en día, mientras tratamos de despejar la manida duda de si vivimos o no una nueva «edad de oro de la televisión» y tratamos de asimilar la inabarcable oferta de ficción serializada, el lema de HBO es menos épico y, tristemente, sus creaciones también. Es indiscutible que «Tan original» no suena igual de rotundo como aquellas cinco palabras. Al igual que lo es que a la cadena le cueste encontrar el relevo a aquellas producciones que la convirtieron en lo que es hoy. El último ejemplo, esta misma semana, cuando HBO comunicó que, a pesar de haber anunciado su renovación cuatro días después del estreno de la serie «Vinyl», basada en la historia del rock, no tendrá segunda temporada. Un drama para los (pocos) seguidores que había cosechado que evidencia además el mal momento que atraviesa la compañía neoyorquina.

La fallida aventura comenzó en 2010, cuando Terence Winter comenzó a trabajar en el proyecto. La agenda de Martin Scorsese y Mick Jagger, productores, les impidió ponerse manos a la obra hasta el año pasado. Y cuando lo hicieron, la cadena les permitió que no reparasen en gastos, y el presupuesto de la primera temporada se disparó hasta los cien millones de dólares. Un dispendio que no es impropio de la cadena, y ahí está «Juego de Tronos» para demostrarlo. Pero sí lo fue la audiencia que obtuvo la serie en su estreno. Apenas ochocientas mil personas se interesaron por las dos horas con las que arrancó «Vinyl», y algunas menos decidieron ser fieles a ella. Un desastre que alcanzó su punto culminante cuando Terence Winter anunció que no seguiría en la serie a causa de «diferencias creativas».

Quizá Casey Bloys, que en mayo relevó a Michael Lombardo al frente del departamento de programación, también tuvo desavenencias a la hora de vislumbrar una nueva entrega de una serie que había supuesto un gran gasto y prácticamente ningún beneficio. O tal vez asumió que la temporada 2015-2016 no estaba destinada a entrar en la historia de la cadena y era necesario pasar página. Porque a la cancelación tardía de «Vinyl» hay que sumarle el fracaso de la segunda entrega de «True Detective», el final precipitado de «Togetherness» y la discreción con la que se estrenaron «Vice» y la producción de animación «Animals».

Las películas para la televisión «Confirmation» y «All The Way», y las veteranas comedias «Girls», «Veep» y «Silicon Valley», además de la todopoderosa «Juego de Tronos», parecen ser las únicas producciones que en la próxima temporada de premios lucharán por mantener el nombre de la compañía en todo lo alto. Porque, a pesar de los malos momentos que atraviesa la producción propia de HBO, durante la última entrega de los premios Emmy fue la cadena que más galardones se llevó a casa, 43.

Un fenómeno

Doce de esos galardones los logró gracias a su producción más conocida, «Juego de Tronos». La adaptación de los libros de George R. R. Martín, que esta noche despide su sexta temporada, ha servido a HBO para situarse en un escaparate mucho más multitudinario e internacional que con cualquiera de sus prestigiosas creaciones previas. Sin embargo, la cadena es consciente de que no puede vivir únicamente de una serie. Menos aún si se trata de una producción que está enfocada hacia a un público más joven, y tal vez menos exigente, que aquel al que realmente se dirige el conjunto de la ficción de HBO. Porque «Juego de Tronos» es un fenómeno televisivo, no una serie.

HBO necesita series con las que seducir a su audiencia potencial, adulta, exigente y preferiblemente con poder adquisitivo. Para que se conviertan en suscriptores a largo plazo y no en algo pasajero fruto de una moda. Porque la pelea por seguir siendo una de las empresas de ficción televisiva más relevantes de la industria no se libra únicamente sobre alfombras rojas o en la pequeña pantalla. Y en la red, ese lugar imprescindible para cada vez más gente, la batalla la gana holgadamente Netflix.