Las madres toman el mando de los fogones

Los concursantes de «Top Chef», que se emite hoy a las 22:40 horas, se enfrentan a la prueba más emotiva

De izda., a dcha., Alberto Chicote, la madre de Víctor y el concursante
De izda., a dcha., Alberto Chicote, la madre de Víctor y el concursante

Los concursantes de «Top Chef», que se emite hoy a las 22:40 horas, se enfrentan a la prueba más emotiva.

Si hay una frase recurrente en la gastronomía que ni las tendencias ni las décadas han podido con ella, esa no es otra que «como la tortilla de patatas de mi madre, ninguna». Lo único que cambia es el plato. Para algunos son las croquetas, otros optan por el gazpacho, el cocido o la merluza a la vasca. Hay paladares para todos los gustos. Pero, ¿y si quien lo dice es un cocinero profesional acostumbrado a pronunciar nitrógeno líquido y esferificación? Hoy lo podremos comprobar en «Top Chef», ya que, como es tradicional en el «talent», se produce el encuentro entre los concursantes –en esta ocasión, Melissa, Montoro, Rakel y Víctor– y sus progenitoras. «Cocinar con ellas les da un subidón. Además, esta edición tiene un componente emocional, ya que uno de los participantes, Víctor, solo ve a su familia una vez al año, y hemos traído a su madre desde Perú. También está el caso de Rakel, que se quedó huérfana cuando era una adolescente y llega para acompañarla su tía», comenta Rubén Oliva, el director del programa.

Para esta entrega, el espacio se ha trasladado a Asturias, que destaca por su ser una tierra en que las prisas están reñidas con la cocina a fuego lento y que mima los productos de la zona. «Al participar junto a sus ascendientes se parte de la tradición pero no se pasa por alto ni la creatividad ni la innovación. Por un día, ellas tienen el mando, ya que eligirán el plato que preparan, en el que tienen que estar presente las castañas. Después, empezarán a cocinar juntos. «Es curioso ver cómo lo hacen ambas generaciones, porque incluso tienen sus discrepancias ante cómo afrontar la prueba», dice Oliva, no sin añadir que «tampoco entienden el por qué de los piques que hay entre algunos concursantes, como sucede con Rakel, Víctor y Melissa. Tienen una visión más lúdica del concurso». El director de «talent» comenta que hasta el aparentemente duro Alberto Chicote –«que no es que sea severo, pero sí exigente», confiesa Oliva– se enternece: «Las acompaña las cocinas, les dice dónde están los ingredientes... Entendemos que salir en televisión y manejarse en un entorno que no es el suyo cuesta. De ahí que se las cuide mucho. Lo más importante es que se lo pasen bien, aunque a veces se disgusten por el destino de sus vástagos y se muestren naturales».

un dulce de la infancia

Mientras el propietario de Yakitoro está entre los fogones, los otros dos miembros del jurado, Paco Roncero y Susi Díaz, se sientan en la mesa con cinco familiares de los concursantes. Éstos eligen cuál es la mejor propuesta. El que gane se librará de ir a la última oportunidad. Y les esperará un peso pesado de la gastronomía española: Joan Roca, el chef responsable de la partida dulce de El Celler de Can Roca, con tres estrellas Michelin y que fue nombrado el mejor restaurante del mundo en 2013 y 2015. Él les propondrá recrear su postre favorito de la infancia.

Oliva insiste en que ganar un concurso tan intenso como «Top Chef» es una carrera de fondo, en el que una «pájara» les puede dejar fuera de juego a pesar de que sean cocineros profesionales y que incluso tengan su negocio. «Aparecer en televisión les da visibilidad y aprenden nuevas técnicas. Para la mayoría es como estar en un parque temático de la restauración». Y pone como ejemplo a Manuel Cobo, uno de los finalistas de la primera entrega, que en noviembre de 2016 logró para su restaurante, Cobo Vintage, en Burgos, su primera estrella.