Dos años sin Naiara, la pequeña torturada hasta la muerte

Hoy se cumplen dos años del asesinato de Naiara Briones, la niña de ocho años que murió tras ser torturada durante días por el hermano de su padrastro en Sabiñánigo (Huesca). Su padre biológico explica desde Chile qué pudo haber detrás de tanto odio: «son xenófobos».

La pequeña de 8 años había aprobado todas las asignaturas pero le imponían castigos con la excusa de mejorar
La pequeña de 8 años había aprobado todas las asignaturas pero le imponían castigos con la excusa de mejorar

Hoy se cumplen dos años del asesinato de Naiara Briones, la niña de ocho años que murió tras ser torturada durante días por el hermano de su padrastro en Sabiñánigo (Huesca). Su padre biológico explica desde Chile qué pudo haber detrás de tanto odio: «son xenófobos».

6 de julio de 2017, 12:00 del mediodía. Mientras en Pamplona se lanza el Chupinazo de los Sanfermines, a 130 kilómetros, en un primer piso de la avenida Yebra de Basa en Sabiñánigo (Huesca), una niña de ocho años lleva ya más de cuatro horas de tortura.

Por no haber cumplido el castigo impuesto por su tío (copiar 20 veces la lección), recibió la última paliza, que comenzó a las 8:15 horas de la mañana. «Yo voy a sudar pero tú lo vas a pasar mal: te voy a dar durante diez horas», le dijo. Y eso hizo: cogió un calcetín, amordazó a la niña colocándoselo en la boca y lo apretó con su cinturón alrededor de la cabeza de la menor. Con dos esposas, ató de pies y manos a la pequeña y unió ambas extremidades con una cuerda negra. Ya no podría moverse ni gritar, así que empezó.

Con una raqueta eléctrica para matar moscas (manipulada con un cable extra conectado con celo) comenzó a darle descargas por todo el cuerpo, puñetazos y patadas en boca y nariz, la obligó a morderse las mejillas a sí misma para hacerlas sangrar y luego la obligó a meterse alcohol y enjuague bucal para que rabiara de dolor.

La puso de rodillas sobre chinas colocadas en el suelo pero ella ya había perdido la consciencia y empezó a decir «hola, hola, hola» sin sentido. Después llegó lo que serían los golpes mortales. Arrastrándola por el pelo, la levantaba unos palmos del suelo para dejarla caer sobre su cabeza.

El mismo gesto en bucle. Hasta que la sangre terminó de asustar a sus primas, presentes y en momentos colaboradoras con su tío, que llamaron al 061. A eso de las 15:30 horas llegó la ambulancia pero acabó siendo trasladada en helicóptero al Hospital Miguel Servet de Zaragoza.

Su muerte cerebral fue a las 19:45 horas del 7 de julio y su madre autorizó la donación de riñones. Puede que el caso de Naiara Briones sea uno de los más brutales que han ocurrido en España. De hecho, fue el emblema de una campaña de Save The Children para denunciar el maltrato infantil. Las palizas y humillaciones a las que le sometió la familia política de su madre fueron algo habitual durante los últimos meses de vida de la pequeña. Naiara Abigail Valentina Briones nació el 1 de octubre de 2008 en Posadas, una ciudad argentina que linda con el río Paraná, justo en la frontera con Paraguay.

Cuando tenía tres años sus padres, Manuel Briones y Mariela Benítez, decidieron separarse y la mujer quiso emprender una nueva vida en España junto a su niña. «Vino a pedirme permiso para poder sacarla del país. Fue la última vez que la vi». Habla el padre de la menor asesinada, que ahora ejerce la acusación particular en el «caso Naiara» con el despacho de abogados de Marcos García Montes.

«Yo vivo en Chile pero ellos me mantienen informado de los avances del caso. Ahora me toca esperar pero confío en la Justicia española y espero que no me decepcione». La semana pasada, la titular del Juzgado de Instrucción nº 1 de Jaca acordó prorrogar la situación de prisión preventiva para el asesino de la niña, Iván Pardo, interno en la cárcel de Dueñas (Palencia). Él es el presunto autor de la paliza mortal de Naiara.

Ortigas para la tigresa

Cuando llegaron a España, Mariela y Naiara se instalaron en Sabiñánigo, en el Pirineo oscense, y la madre pronto comenzó una relación sentimental con Carlos Pardo. Aunque la niña parecía integrada en su nuevo núcleo familiar, la investigación de este crimen ha destapado que no era así.

Tenía unas primas algo mayores que ella (de 12 y 14 años) que reían las gracias y colaboraban en los castigos que el hermano de Carlos, Iván, decidía imponer a la niña por no estudiar lo que consideraban adecuado. Había terminado 3º de Primaria con todo aprobado y ya estaba de vacaciones.

Sin embargo, su tío le ponía deberes infinitos e inalcanzables y si no cumplía podía pasar la noche entera arrodillada sobre sal. La autopsia de la menor arrojó traumatismos y heridas muy anteriores a la data de la muerte: el maltrato a Naiara era algo continuado que se remonta a mucho tiempo atrás y que contaba con la connivencia de otros miembros de la familia, por lo que parece inaudito que no haya más imputados en la causa.

En la investigación de la Guardia Civil se rescataron mensajes en los móviles y fotos que lo prueban. El 28 de junio, una semana antes de la muerte de la niña, Iván le envía a su hermano Carlos (pareja de la madre de Naiara) una foto en al que Naiara aparece de rodillas y llorando sobre piedras o arroz y adjunta un audio: «Pues mañana guijarros del río». «No te lo pierdas, se apoyaba en la mesa para que no le hiciese efecto y yo la veo... mamá no se daba cuenta. Ahora se queja y llora de que le duele, de que tiene las rodillas (se ríe Iván) pero hasta cenar se va a quedar así». «Hasta se ha meado encima, no te lo pierdas, no pidió ni para ir al baño (ríe)».

Su prima Azahara (16 años hoy) también parece que disfrutaba de las humillaciones a Naiara. El 6 de junio le envió a su tío Iván un WhatsApp donde le dice: «Si puedes antes de venir a casa trae más piedras y ortigas para la tigresa, que las ha tirado todas por ahí».

El 2 de julio, cuatro días antes de la muerte de la niña, le remite una foto de la argentina con una orejas de burro y arrodillada en la cocina. Al fondo aparece la figura de Nieves Pena, madre del maltratador, quien tampoco pareció reparar el lo que le hacían a la menor, ni lamentar su fallecimiento. También tenían constancia del desamparo físico y psicológico de la menor en el colegio Monte Corona de Sabiñánigo, así como en el Concejalía de Asuntos Sociales del Ayuntamiento. Nadie miró para Naiara.

Pero según Manuel, su ex mujer es responsable de todo esto por ser conocedora de los hechos. «Pienso que es culpa de Mariela porque ella permitió que esto pasase. Una madre tiene que cuidar a sus hijos y luego a su marido y ella no lo hizo. Dejó que mataran a su hija para mantener a su marido» (en referencia a Carlos, hermano del asesino de Naiara).

Mientras espera el cierre de la instrucción y la apertura de juicio oral, se aferra a los buenos (y escasos) momentos vividos al lado de la pequeña. «Era una niña muy alegre, muy hermosa, feliz. Siempre con una sonrisa en la cara». Pero cuando llegaron a España dejó de tener contacto con ella. «Mariela siempre me ponía excusas de que no podía hablar porque ya estaba acostada o haciendo los deberes. Estuve dos años sin verla, solo por fotos de Facebook que me mandaba la gente que tenía agregada la madre». Los últimos meses retomaron un poco el contacto. Mariela quería mandar a Naiara a vivir con su padre a Chile. «Yo estaba encantado, pero luego volvió a cambiar de idea. La última vez, tres meses antes de que muriera, hicimos una videollamada, luego ya nada más». Cuando Manuel se enteró del asesinato de su hija y las dramáticas circunstancias que rodearon su muerte, se derrumbó. ¿Qué puede haber detrás de tanto ensañamiento hacia una niña de ocho años? «La verdad, pienso que fue por motivos xenófobos, por odio hacia nosotros. No sé, no lo puedo entender. ¿Qué pudo hacer mi hija para que él le tuviera tanto odio?». Son preguntas, desde luego, sin respuesta posible.

Iván: «se me juntaron un cúmulo de circunstancias»

Como parece increíble que un ser humano sea capaz de hacer semejantes barbaridades a una niña, tendemos a pensar que es un enfermo mental. Pero a pesar de tener una minusvalía del 34% por un trastorno de la personalidad, Iván Pardo, de 35 años, es «plenamente conocedor de sus actos y las consecuencias que de ellos se derivan», según los dos forenses que le evaluaron en enero. Recalcan que esa minusvalía no le impidió el acceso a una plaza de vigilante en una empresa de seguridad, donde trabajaba. En prisión no se le suministra medicación alguna.

Al poco de ingresar realizó una huelga de hambre de un par de días. Está en la prisión de Dueñas (Palencia) por su incompatibilidad con otro preso en la cárcel de Zuera (Zaragoza), donde ingresó en origen. Se encuentra en régimen FIES 5, en el módulo 10 de respeto, no ha participado en ningún taller y apenas tiene relación con los funcionarios de prisiones. Sobre el día de los hechos asegura que tenía pensado ir con su novia a los Sanfermines y que lo ocurrido se debió a que se le juntaron «un cúmulo de circunstancias».