Crimen de Naiara: «Tenían una escala de tortura, solo aguantó hasta el 6»

La Audiencia de Huesca juzga el crimen de la niña que en verano de 2017 fue torturada cinco horas hasta la muerte. Después de la paliza, su tío pidió una bolsa de guisantes congelados para bajar la hinchazón de Naiara, pero la niña ya había fallecido

Si puede haber algo de positivo en el hecho de que Iván Pardo grabara sus torturas y humillaciones a Naiara Briones, una niña de 8 años y la «hijastra» de su hermano, es que ahora el tribunal que juzga los hechos en la Audiencia Provincial de Huesca puede valorar sin interpretaciones posibles. Además, gustaba de compartirlos vía WhatsApp con su hermano Carlos, el «padrastro» de la niña, también imputado en la causa, al igual que la madre de ambos, Nieves Pena, que colaboraba en las salvajadas de su hijo.

Uno de los vídeos que los investigadores descubrieron en su teléfono móvil da una pista de lo que pasaba en aquel primer piso de la calle Yebra de Sabiñánigo. En las imágenes aparece Naiara arrodillada encima de un cuaderno fino sobre el que habían esparcido una especie de arenilla blanca (puede ser arroz o sal gorda, según la investigación). La niña llora. Se queja de que «esto pica y duele mucho» y una voz masculina (de Iván), le contesta que si está así es porque se lo ha buscado.

Iván envió el terrible vídeo por WhatsApp a su hermano Carlos. Y luego un audio explicativo: «Anda que no te lo pierdas. Se apoyaba en la mesa para que no le hiciese efecto y yo la veo y mamá no se daba cuenta. Y la puse recta la digo no no, así no te tienes que poner. Y ahora se queja y ahora llora de que la duele de que tiene las rodillas ... (se ríe Iván) que le duelen». Otra nota de voz: «Pues de momento hasta cenar se va a quedar así». Carlos, el padrastro de la niña, le contesta: «Ya se lo dije a mamá (Nieves Pena)». «Que es masoca» (por Naiara). Iván contesta a su hermano por escrito: jajaja. Y le envía otro audio: «Pues mañana, guijarros del río». Esta conversación entre los hermanos Pardo se produce a las 18:48 minutos del 28 de junio de 2017. Nueve días más tarde, Naiara salía de aquella casa en ambulancia al hospital de Huesca pero las lesiones eran de tal calado que los médicos decidieron trasladarla en helicóptero al Hospital Clínico de Zaragoza, de donde ya no salió.

La madre no cree en las pruebas

A pesar de la existencia de estos vídeos y de que Iván los compartiera con su hermano, la madre de la niña, acudió el pasado jueves a declarar agarrada de la mano de Carlos, ya que todavía son pareja. Él ha declarado que pensó que solo se trataba de una «broma pesada». A ella le ha debido parecer bien esa explicación. Durante su declaración dijo no saber nada de que su familia política tratara mal a Naiara y relató el único incidente que dijo tener con Iván hace unos años. Fue un día que le dio «un cachete» a Naiara por ensuciarle la alfombrilla del coche.

Sin embargo, lo consideró un hecho aislado y aseguró en sede judicial que ella tenía mucha confianza con la niña y que si la hubieran hecho algo se lo habría contado. Pero el informe de autopsia de Naiara revela que la niña tenía lesiones provocadas antes de la última paliza, lo que podría llevar a su madre a deducir que no le contaban lo que sucedía en esa casa.

Adicta al pegamento

Pero uno de los testimonios más impactantes en esta semana de juicio ha sido el de la prima de Naiara. Recordemos que en el momento de los hechos, además de Iván y Naiara, se encontraban en el domicilio de Sabiñánigo dos primas menores (Mariam y Azahara) que presenciaron los hechos. Mariam tiene ahora solo 15 años y, después de lo que pasó, entró en un bucle de destrucción: empezó con los porros, siguió con la cocaína y hasta llegó a colocarse con pegamento. Estuvo en un psiquiátrico y ahora ha iniciado un cambio de sexo por lo que es un hombre. Fue ella quien declaró contra su abuela y su tío. Aquel día colaboraron de alguna manera con la tortura porque lo pedía su tío a quien debían tener pavor ya que, según explicó en sede judicial, tanto él como su abuela las maltrataban.

Concretamente detalló que tenían unos grados de tortura que iban del 1 al 10 y que Naiara estaría solo por el 5 o el 6, mientras que ella y su hermana llegaron a niveles más altos de dolor. Aquella mañana de verano de 2017, sin embargo, a Iván se le fue de las manos. No es que subiera el grado de la tortura, es que la mató. Fue al llegar de trabajar, a eso de las 8 de la mañana. Dice que todo empezó porque Naiara no se sabía la lección. Y entonces pasó a la acción: lo primero, encerró a Naiara en una habitación.

Amoniaco para reanimarla

Eran las 8:15 horas de la mañana. «Yo voy a sudar pero tú lo vas a pasar mal: te voy a dar durante diez horas», le dijo. Y eso hizo: cogió un calcetín, amordazó a la niña colocándoselo en la boca y lo apretó con su cinturón alrededor de la cabeza de la menor. Con dos esposas, ató de pies y manos a la pequeña y unió ambas extremidades con una cuerda negra. Bajó persianas y cerró ventanas (era julio) para que los vecinos no oyeran los gritos. Y empezaron los golpes. Con una raqueta eléctrica para matar moscas (manipulada con un cable extra conectado con celo) comenzó a darle descargas por todo el cuerpo, puñetazos y patadas en boca y nariz, la obligó a morderse las mejillas a sí misma para hacerlas sangrar y luego la obligó a meterse alcohol y enjuague bucal para que rabiara de dolor.

También la arrastró por el pelo, la levantaba unos palmos del suelo para dejarla caer sobre su cabeza. El mismo gesto en bucle. Naiara empezó a decir «hola, hola, hola» sin sentido. Tras ver que la niña tenía un enorme hematoma en la cara, Iván pidió que le trajeran una bolsa guisantes del congelador para bajarle la hinchazón. Iván declaró el miércoles que «quiere achacar» la salvajada que le hizo a Naiara al «estrés» y a «un cúmulo de cosas». Además, asegura que él estuvo controlando el pulso y que se asustó cuando ya vio que no respiraba. Entonces, incluso le hizo la RCP e intentó reanimarla con «amoniaco». Aun así, llamaron a la ambulancia dos horas después.

La primera PPR de Aragón

La fiscalía pide para este salvaje la prisión permanente revisable (PPR) y para Carlos y Nieves tres años. La acusación ejercida por Marcos García Montes en representación del padre biológico de la víctima pide para Iván la PPR (sería la primera condena de este tipo en Aragón) y 18 años para los otros dos acusados por asesinato por omisión y maltrato familiar.

Y es que, según ha quedado acreditado a lo largo de las sesiones que se están celebrando estos días en la Audiencia de Huesca, no solo Carlos recibía por WhatsApp el parte de las «bromas» que le hacían a Naiara, sino que la abuelastra, Nieves, declaró ante la Policía (según declaró el agente en el juicio) que la niña llevaba unos dos días sin dormir y que era conocedora de que la castigaban de rodillas.