El joven avisó de que iba a matar a todos los profesores

En la plaza Ferrán Reyes, en el corazón del barrio de la Sagrera en Barcelona y donde se ubica el Instituto Joan Fuster, las llamadas y los mensajes por el móvil se repetían entre los alumnos que allí se congregaron tras la tragedia. Otros pedían el teléfono a sus compañeros para avisar a los padres de «que se encontraban bien y que ya todo estaba controlado».

«Ha sonado la alarma para que desalojáramos el instituto y aunque pensaba que era un simulacro, con las prisas no he podido recoger mis cosas. La mayoría nos hemos enterado de lo sucedido cuando hemos salido del centro», contó a este diario uno de los alumnos.

Estupor, nervios y lágrimas. Esa era la estampa que ayer, poco antes de las diez de la mañana, se podía contemplar en los aledaños del IES Joan Fuster, cuya entrada fue tapada con una lona azul por los Mossos d’Esquadra. Frente a él, se iban formando grupos de estudiantes contándose unos a otros los detalles de lo ocurrido mientras iban llegando padres en búsqueda de información. Algunos entrecortaban el relato, balbuceando entre lágrimas lo que habían vivido en primera persona: «He visto al profesor tumbado en el suelo, con una mancha de sangre en el costado y con temblores en la mano» explicaba una estudiante del centro a LA RAZÓN visiblemente afectada. Otros, fruto del pánico y del shock, estallaban en un ataque de ansiedad que los psicólogos del Servicio de Emergencia de la Generalitat intentaban calmar.

Entre tanto, el goteo de periodistas en búsqueda de un primer perfil del menor que pudiese explicar su acción inexplicable empezaba a ser tan incesante como molesto para aquellos cónyuges que no estaban dispuestos a que sus hijos fueran molestados. Los que se atrevían a hablar coincidían en que era un chico normal, quizás más callado de lo habitual aunque sin problemas para las relaciones sociales.

«Le conozco porque también estudiamos juntos en el colegio El Sagrer y nunca ha protagonizado ningún incidente», relataba un estudiante del Joan Fuster que se mostró indignado ante la cantidad de rumores que surgieron tras conocerse la identidad del chico causante de la primera muerte de un profesor en España: «Algunos se han inventado que era skin porque iba rapado y le gusta la estética militar, pero no es así. Incluso han dejado entrever que esa ideología venía del padre, un hombre sano, amante de la montaña. ¡Una barbaridad, porque son una familia normal, vecinos del barrio y buena gente».

En la plaza Ferrán Reyes también se pudo oír a los que decían que era «un poco raro», «muy callado», incluso «amante de las armas y de la violencia». Características que tratándose de un chico en plena adolescencia cuando la rebeldía es norma general, no preocuparon a sus padres, docentes y compañeros. Estos últimos recordaron ayer como «a veces hablaba de su intención de acabar con el instituto». «Decía que ingresaría en el Ejército y después volvería para asesinar a los maestros y estudiantes que le habían hecho la puñeta, pero siempre nos reíamos cuando hablaba de acabar con los que le molestaban», declaró un conocido del menor que ayer atentó en su propio instituto. En los corrillos también se hablaba de su hermana, una estudiante de bachiller del mismo centro: «Cuando se ha enterado de lo ocurrido le ha entrado un ataque de ansiedad y se la han llevado», relató una de sus amigas, quien aclaró que «ella no se parece en nada al hermano, es una bellísima persona y muy buena estudiante».

Tras algunos momentos de tensión con la prensa, con cadenas humanas espontáneas para impedir la captura de imágenes, los ánimos se calmaron con la declaración de la directora, que decretó la suspensión de las clases hasta mañana y la formación de grupos con psicólogos para atender a los alumnos afectados.