Cortegana, el pueblo que tiembla al oír hablar de los «Montoya»

En Cortegana (HUELVA) viven estos días en tensión. El gemelo del asesino de Laura Luelmo ha salido de permiso penitenciario en contra del criterio unánime de la junta de tratamiento. Dentro, pasa las horas liando cigarrillos o escribiendo cartas.

Luciano Montoya ya sabe que cuando sale de prisión tiene a la Prensa esperándole y se prepara para ello. Fotos: Cipriano Pastrano
Luciano Montoya ya sabe que cuando sale de prisión tiene a la Prensa esperándole y se prepara para ello. Fotos: Cipriano Pastrano

En Cortegana (HUELVA) viven estos días en tensión. El gemelo del asesino de Laura Luelmo ha salido de permiso penitenciario en contra del criterio unánime de la junta de tratamiento. dentro. Pasa las horas liando cigarrillos o escribiendo cartas

Temblaban antes, cuando se cruzaban por la calle con alguno de los gemelos y lo hacen ahora, en cuanto saben que alguno está de permiso penitenciario y puede volver por allí. En Cortegana, el pequeño pueblo de la sierra de Aracena (Huelva), que vio llegar a los hermanos Montoya cuando apenas tenían diez años, reciben con temor la noticia de que Luciano Montoya vuelve a disfrutar de unos días en libertad. La última vez que lo hizo, el 17 de diciembre, acababan de encontrar en un paraje de El Campillo el cuerpo sin vida de Laura Luelmo. Él ya sabía que le habían relacionado con la desaparición de la joven profesora zamorana, pero que detrás del macabro crimen estaba la autoría de su hermano gemelo, Bernardo. Aunque Luciano tiene un piso en Las Eritas, la barrida gitana de Cortegana, durante aquellos días, la presión mediática le empujó a permanecer medio recluido en Calañas, a unos 60 kilómetros, donde vive su hija Ana.
«No le hemos visto aún, pero sabe que está repudiado, como el hermano, desde que mataron a dos vecinas de aquí», recordaba ayer una mujer de Cortegana a este diario. «A quien no se le ha vuelto a ver tampoco por la calle es al padre de las dos “joyas”, Manuel. El hombre apenas sale de casa de la vergüenza que le da, aunque luego vaya a la cárcel a ver a Bernardo y le dé dinero para que lo gaste en el economato». En Cortegana sospechan que Luciano «estará estos días en casa de su hija. Ahí es donde se juntaron la otra vez y le hicieron hasta una fiesta, aunque acabara de pasar aquello (el crimen de Laura) y estuviéramos todos congelados. Con ellos, como si no fuera la cosa». También estuvo en palos de la Frontera, donde su mujer Ana Aguilera tiene un piso y donde también viven la ex mujer de Bernardo, África. Cualquier sitio mejor que poner un pie en Cortegana, donde los hermanos Montoya sembraron el terror ya desde los años 90 y donde pronunciar el apellido provoca el cambio de semblante de cualquiera. «Lo que no entendemos mucho aquí es que salga si dicen que los que le vigilan no creen que esté para ello».

Y es que Luciano disfruta desde el viernes y hasta el próximo martes de un permiso de cuatro días a pesar de tener todos los informes en contra, al igual que ocurriera con sus otros dos permisos anteriores. El juez de Vigilancia Penitenciario ha estimado el recurso presentado por el abogado del interno y ha autorizado que Montoya disfrute de estos días libres fuera de prisión en contra del criterio de la Junta de Tratamiento, en la que votan juristas, educadores, trabajadores sociales, psicólogos... Ninguno ha dado su consentimiento para que Luciano haga uso de este beneficio penitenciario, en contra del criterio del juez, y todos los informes emitidos van en esa línea, indicando que aún no estaría preparado para ello. Para desaconsejar su salida, según han explicado fuentes penitenciarias a este diario, los expertos ha tenido en cuenta su trayectoria delictiva «consolidada por comisión de numerosos delitos, la lejanía de la fecha de cumplimiento de los tres cuartos de la condena, la ausencia de vinculación significativa a efectos de permiso, la no asunción de la responsabilidad civil con la víctima, la ausencia de hábitos laborales –haciendo del delito un modo de vida– y la falta objetiva de suficientes garantías de hacer bien uso del permiso».

Este permiso, eso sí, ha de disfrutarlo en lo que se conoce como «régimen de acompañamiento», de ahí que fuera recogido el viernes por su familia, que también deberá acompañarle a su regreso.

Dicen desde Prisiones que Luciano tiene una fuerte personalidad. «Es frío, callado y no tiene mucha relación con los funcionarios ni con el resto de internos», sostienen. En una ocasión un recluso de etnia gitana que goza del respeto de todos se acercó a Luciano «medio de cachondeo» mientras éste hablaba con un funcionario. Montoya le mandó callar de forma muy seca y el tipo se fue por donde vino sin rechistar. «El resto le tienen respeto o miedo, llámalo como quieras, pero no es uno más allí en su módulo», advierten las mismas fuentes. De hecho, cuando regresó de su anterior permiso se le preguntó si creía que podría tener problemas en el módulo y contestó, hasta molesto, que él no era responsable de los actos de su hermano y que no iba atener problema ninguno. Y así parece que ha sido. «Nadie se atreve a toserle», dice una fuente cercana.

Sin apenas relacionarse con nadie, Luciano suele pasar las horas sentado en la mesa del escritorio de su celda, liándose un cigarro o escribiendo cartas, ya que recibe y envía correspondencia casi a diario. También realiza llamadas telefónicas cada tarde y hace un año también tuvo autorizadas «intercentro» con su mujer y con alguno de sus hermanos, probablemente Bernardo, aunque son nueve y varios de ellos han tenido problemas con la Justicia.

Luciano trabaja en la lavandería de Ocaña desde octubre de 2017. Su rutina consiste en recoger la ropa de los distintos módulos del centro, poner lavadoras, secarla y devolverla posteriormente.

Ha aprovechado su paso por prisión para hacer cursos de soldadura, talleres en manipulados de fresas y ha conseguido el curso de Gestión de Residuos en 2014 mientras estaba aún en la prisión de Huelva. También se apuntó en la escuela a nivel 1 de alfabetización y a talleres ocupacionales como video fórum, animación a la lectura e incluso manualidades.

Luciano cuida mucho más su imagen que su hermano Bernardo, con quien cada vez guarda menos parecido. Nacieron el 13 de octubre del 68, pero Luciano parece más joven porque se conserva más delgado y se preocupa por tapar sus canas. En tinte, tabaco, Pepsi y productos de aseo personal suele gastar su dinero en el economato. Con el bigote bien arreglado y sus gafas de sol salió el viernes de Ocaña II, como si de un famoso de tratara. En su último permiso gastó cientos de euros en ropa y quienes le conocen dicen que es muy presumido.

«¿Quieren que no salgamos de casa?»

Pero ni la buena apariencia de Luciano ni la mala pinta de Bernardo quieren ver en Cortegana, donde este fin de semana estaban en alerta por su posible visita a familiares y donde se mostraban bastante enfadados con la decisión del juez de vigilancia penitenciaria que ha autorizado la salida de Montoya. «Lo que no entiendo es que le dejen salir de la cárcel si ven que no está para eso. ¿Qué quiere decir? ¿Quien le trata dice que puede ser peligroso pero un juez lo autoriza? Entonces, ¿se supone que es mejor que no salgamos de casa o qué nos aconsejan?», decía ayer irónica una vecina del barrio de Chanza. Allí no pueden ni verles. «Es que ya eran famosos antes de que pasara todo esto», recuerdan. «Les temíamos desde que eran menores, siempre amenazando a la gente, siempre de peleas. Lo malo es que ellos no se quedaban en un puñetazo. Si veían que ibas a denunciar, iban a matar». Antes del crimen de Luelmo, Bernardo cumplió condena por haber matado a Cecilia, una mujer de 82 años tras haber robado en su casa. Durante un permiso por esta condena, había intentado violar a una joven en El Campillo. Luciano no le anda muy a la zaga. No tiene delitos sexuales pero sí de sangre. Cumple condena por matar a cuchilladas a Mari Carmen, una joven de 35 años que dejó dos niñas pequeñas huérfanas y una madre que no logró superar su pérdida y acabó quitándose la vida mientas estaba ingresada por depresión en el Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva. El viernes, a su salida de la cárcel, pidió perdón a la familia.